sábado, 19 de mayo de 2018

LADY MACBETH de William Oldroyd


REFLEXIÓN SOBRE EL PODER

Basada en el cuento Lady Macbeth en Misensk del autor ruso Nicolái Leskov, adaptada para el cine por Alice Birch y el propio director William Oldroyd, ambos debutan tanto en la adaptación como en la dirección con este largometraje trayendo como antecedentes una muy buena experiencia realizada en el teatro y la televisión, y alguna experiencia cinematográfica realizada en el campo del cortometraje.

Su debut no puede haber sido más auspicioso. Su Lady Macbeth es un film contundente, filmado con una gran austeridad y sobriedad narrativa, que se inspira en el personaje shakesperiano en su proceder pero no en la situación que retrata.

Esta Lady Macbeth es Katherine, magníficamente interpretada por la joven actriz inglesa Florence Pugh, una muchacha de pueblo que en 1865 en Inglaterra es comprada por un terrateniente para casarla con su hijo. A éste no le interesa la mujer, y ante unas dificultades que aparecen en otras propiedades, se marcha abandonándola. Al poco tiempo ella queda sola en la casa con la sola compañía de las criadas. Mientras tanto, se cruza en su camino un peón de la estancia, que será crucial en su destino.

A Oldroyd, como buen hombre de teatro, le interesan los comportamientos. La sutileza de su dirección le permite concentrase en ellos. La trama sigue el desarrollo de una mujer que comparada y sacada de su pobre medio, es conducida a una comarca donde se la obliga a casarse al mismo tiempo que es rechazada por su marido. Más tarde abandonada, se siente sola y atraída por un peón de la estancia con el cual comienza a tener una relación clandestina. La situación que vive la coloca como como dueña de la casa. Ello la lleva a apoderarse del medio dado que no tiene más remedio que vivir su vida y tomar las decisiones necesarias para que la granja siga produciendo mínimamente el sustento diario.

Todo lo que no mata, fortifica dice un refrán. Katherine se ira volviendo cada vez más dura, se irá apropiando del poder de la granja, y prontamente sustituirá a sus dueños, manejada por la pasión y los deseos. El drama de Katherine es el de un crecimiento forzado, casi obligado. En conflicto estallará irremediablemente.  Katherine no tendrá otra alternativa que hacer ejercicio del poder. Ese ejercicio no parece generarle culpa alguna.

Qué es el poder sino hacer lo que se debe hacer. Y en ese conflicto del hacer nace la similitud de Katherine con Lady Macbeth. Porque como aquélla, Katherine se sentirá traicionada. El poder y la moral suelen no coincidir. La situación la obligará a tomar decisiones. Hará ejercicio del poder. Ello la llevará al crimen. Establecerá su propia ley que no será otra que la ley del poderoso. Ese ejercicio le dará el control, pero también la conducirá a la soledad. Porque el poder aísla.

El cine de Oldroyd avanza sin dificultad a partir de un guión de notable justeza que él adapta al cine con imágenes de tonalidades frías, austeras, un ritmo pausado pero sostenido. Su cine es cine en estado puro. Una sucesión de imágenes pegadas con una coherencia absoluta, mantienen durante todo el metraje un ritmo adecuado a lo narrado. Con una impecable actuación de sus actores principales, Oldroy logra un film de época que evoca algunos grandes films ingleses como “The Go Between” de Joseph Losey o “Tess” de Roman Polanski.

En síntesis, el film es una aguda reflexión sobre el poder que lleva a recordar aquel aforismo de Lord Acton que dice “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

TULLY de Jason Reitman


ADIVINA QUIÉN VINO A AYUDAR

Con 8 largometrajes en su haber, Jason Reitman está construyendo una filmografía solida e interesante que por lo general tiene que ver con los problemas familiares y la forma que esos problemas de la familia repercuten en el espacio particular de cada uno de sus componentes en medio de cambios sociales carácter insoslayable.

Tully tal vez no sea su película más destacada. De hecho La Vida de Juno (2009) y Amor en el Aire (2011) me parecen sus films más interesantes y logrados. No obstante ello, su nuevo film es lo suficientemente interesante para ser analizado.

Protagonizada por Charlize Theron en el papel de Marlo, una madre de dos niños pequeños, embarazada a punto de tener su tercer hijo, el film comienza poco días antes del parto esperado, y se focaliza en el stress de esa madre agobiada por la dedicación full time que le demandan sus dos niños mayores, uno de los cuales tiene problemas de adaptabilidad escolar.

Reitman retrata la vida de una típica familia de clase media americana, que vive en los suburbios de Nueva York, y que tienen los problemas de los matrimonios jóvenes que rondan los 30 años, absorbidos por la crianza de los niños y las necesidades económicas que de ello derivan.

El cuestionamiento comienza la noche antes de nacer el nuevo niño. El matrimonio cena en la casa de Craig, hermano de Marlo. Craig, viendo el cansancio de su hermana, le sugiera disminuir su carga y contrate a una niñera nocturna, de la cual, el mismo estaría dispuesto a asumir el costo. El nacimiento del niño, el aumento del trabajo de Marlo, la situación estresante hacen que Marlo acepte la ayuda de su hermano. Entonces hará su aparición Tully, la niñera nocturna.

El film que había comenzado como una comedia costumbrista describiendo una típica madre de clase media americana al borde de un ataque de nervios, cambia radicalmente su registro y comienza a transitar el film de misterio. De fisonomía adolescente, con una sabiduría y una capacidad para manejar las cuestiones de la maternidad sorprendentes, Tully comienza a cambiar el orden de la casa, y empieza a generar una influencia notable sobre la vida de Marlo. El espectador comienza a sospechar y se pregunta: ¿Quién es Tully? ¿De dónde viene? ¿Cómo ha hecho su experiencia?

Emparentada con films diversos e incluso de diferentes épocas, Tully nos lleva a recordar la presencia del misterioso visitante de la familia que retrataba Pier Paolo Passolini en Teorema, y en otro extremo, a la enfermera Annie Wilkes que interpretaba Kathy Bates en Misery. En ambas se planteaba una situación de sojuzgamiento, la del extraño que entra a la casa para subvertir un orden establecido y terminar cambiándolo.

En este cambio de registro, el film se le va de las manos a Reitman. Porque pasa de una clave realista en tiempo de comedia que había elegido para el planteo de la situación, a un registro diferente como es el de un film de misterio tratando de hacer parecer que la presencia de Tully es una extraña con propósitos desconocidos, tal vez siniestros. El film comienza a perder interés aunque mantiene su condición de entretenimiento. Cuando entra en su recta final, vuelve a cambiar de registro para transformar al film en una película de aventuras al estilo Thelma y Louise, asumiendo Tully un papel liberador para Marlo.

Al film no le sientan bien estos cambios porque lo que pierde es ese clima de realismo y de crítica social que plantea al principio a la vez que describe la metamorfosis de una pareja de clase media que a medida que se convierte en familia con el nacimiento de los hijos, con todas las necesidades de tiempo y dinero que eso requiere, aparecen riesgos que no solo significan la necesidad de ganar más dinero, sino también la necesidad de la de disponer más tiempo para ellos mismos.

No obstante, no hay duda que Reitman se deja ganar por la comedia. Al fin y al cabo ese es su fuerte. Pero pareciera que acabado el film estamos ante una obra muy interesante en su planteamiento, que pierde interés en su desarrollo. Por otra parte, es destacable el riesgo que toma Charlize Theron, en un papel donde transita por el drama y la comedia, con unos cuantos kilos demás que la sacan de su habitual papel de sex simbol y le permite un notable crecimiento actoral.

miércoles, 16 de mayo de 2018

LA AMANTE DOBLE de Francois Ozon


UN JUEGO DE ESPEJOS

Francois Ozon es un director ecléctico. Va de un tema hacia otro de la misma facilidad que transita los géneros. No cabe duda que tiene una habilidad especial para hacer cine, y si bien La amante Doble tal vez no sea su mejor película, deja en claro su capacidad de realizador todo terreno.

En esta nueva obra desarrolla una trama de alto voltaje erótico. Marine Vacht es Cloe, una mujer joven que padece dolores abdominales psicosomáticos, razón por la cual, su ginecóloga le recomienda una consulta con un psicoanalista. La ginecóloga no está equivocada. Cloe arrastra problemas profundos que atentan contra su estabilidad emocional desde el momento mismo de su gestación en el vientre materno. Ello la ha sumergido en una gran soledad, la ha llenado de temores y dolores que van más allá del dolor físico. Su trabajo de vigilancia en el Museo de Arte Moderno la pinta como una solitaria cuyo deber es mantener el orden y el silencio imperante en la sala, dos cualidades que parece haberse impuesto también a sí misma. En su casa, solo cohabita con un gato.
En la primera visita que Cloe realiza al Dr. Paul Mayer, este se enamora de ella. 

Rápidamente se van a vivir juntos. Todo indica que la felicidad ha llegado a su vida. No obstante, hay algo que la incómoda. Un día, volviendo de su trabajo, cree ver una persona que confunde con Paul. ¿Quién es esa persona que parece un gemelo de su novio?https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gif
En este punto Ozon nos introducirá en un complejo mundo de espejos donde la figura del doble se repite una y otra vez. ¿Qué relación hay entre Paul y esa nueva figura que tanto se le parece? ¿Son acaso hermanos mellizos? ¿Por qué Paul nunca le ha hablado de ese otro? En una escena observamos una conversación entre dos personas, pero la escena refiere a alguien hablando con una imagen que refleja un espejo: nunca los personajes aparecen hablando directamente entre sí.

En La Amante Doble, el personaje principal Cloe se enamora de dos hermanos gemelos. Al menos, eso es lo que parece. Pero también los gemelos pueden ser una representación de los lados opuestos de una misma personalidad. El lado bueno y el lado malo de cada uno. François Ozon propone el misterio de los hermanos gemelos en un juego de espejos que mantiene hasta el final. Cuando de repente parece estar todo aclarado, y creemos que el film es un homenaje a David Cronenberg, y en particular a Dead Ringers, entonces una enorme vuelta de tuerca del relato nos deja en soledad.

La película es absorbente y te obliga a participar. Su visión implica prestar atención, pensar y resolver las cuestiones que plantea el director. Las respuestas pueden estar allí (o no), pero lo cierto es que La Amante Doble es un film visual, que obliga a mirar con atención, que puede ser tildado de tramposo porque parece llevarte hacia una dirección y te das cuenta que te encontrás yendo hacia el lado opuesto, pero en todo momento es un film interesante y absolutamente deslumbrante en su cuidado formal.

La utilización del género en Ozón es tan solo un vehículo que le permite concentrarse en la psicología de los personajes haciendo hincapié en la dualidad, en el juego de los opuestos. Pero no debemos olvidar que desde el mismo comienzo de la película el personaje central, el protagónico es Cloe. Es ella la que conduce el relato a través de un camino que transita lo psicológico.

Ozon logra atarte a la butaca desde el principio y no te suelta hasta el final. Y ese es un gran mérito del director. Si bien citamos a Cronenberg porque su film tiene enormes parecidos, estilísticamente siempre está presente la sombra de ese gran maestro que es Alfred Hitchcock.

Esta es la última película del director francés de “Bajo la Arena”, “In The House", y "Frantz", entre otras. "La Amante Doble" es un thriller psicológico de alto voltaje erótico que se estrenó en el Festival de Cannes del año pasado. Es una de sus películas más interesantes y es un film visualmente deslumbrante porque tanto su fotografía como la escenografía elegida donde predominan las tonalidades claras y frías son de una calidad excepcional. La estética del film acuerda totalmente con el tono misterioso del juego propuesto. Si bien la apreciación artística es una cuestión muy subjetiva, esta es una obra que se destaca en lo visual y además, nos deja una experiencia que hace pensar y seguir discutiendo a la salida del cine.

Contribuyen con el director en los principales papeles actorales la actriz francesa Marine Vacth (Joven y Bonita) como Cloe, Jérémie Renier (Escondidos en Brujas) en el doble papel de los hermanos gemelos, y Jacqueline Bisset como la madre de Cloe. Por otro lado, el belga Manuel Dacosse se luce como director de la gran fotografía que muestra el film.

sábado, 12 de mayo de 2018

CUSTODIA COMPARTIDA de Xavier Legrand


UNA DURA CRISIS FAMILIAR

Actor, guionista y director de cine francés, debuta en el largometraje con este film estrenado esta semana en Argentina, ya galardonado en el último Festival de Venecia como Mejor Ópera Prima y también mencionado en los de San Sebastian y Glasgow.

Partiendo de la base de un sólido guión propio, muy bien estructurado, con personajes y situaciones creíbles, realiza un film impecable por su rigurosidad y claridad narrativa yendo de frente hacia un conflicto que hace mella en el centro mismo de nuestra sociedad occidental, es decir, la violencia familiar.

El film comienza con una audiencia judicial en la que una jueza de familia escucha las declaraciones de las partes (marido y esposa debidamente acompañados por sus abogados), para después poder dar una sentencia en relación a un programa de visitas que deberá respetar el padre para con su hijo menor. No obstante estar contenidos por el ámbito judicial, la distancia y la agresividad de las partes se observan en forma latente.
El tema de discusión en la audiencia se concentra en la figura del padre. La insinuación permanente de que se trata de una persona violenta y las declaraciones de la madre respecto del temor de su hijo hacia su padre, hacen prever que la intención de la jueza de solucionar el conflicto por una vía de equilibrio que implica la tenencia del hijo por parte de la madre y un régimen de visitas de fin de semana por parte del padre tendrá como consecuencia la negación del hijo menor a participar del régimen.

Lo que sigue es la exposición de una sucesión de hechos posteriores a la audiencia donde claramente el espectador tomará la posición de la jueza del caso. Como espectadores, asistiremos al lamentable y esperable proceso de denigración, violencia y desintegración familiar que se insinuaba en la audiencia.

Legrand desarrolla su film como un thriller de suspenso, generando un progresivo desarrollo de la violencia que altera la tranquilidad familiar para terminar en un gran estallido donde suspenso y violencia se aúnan en términos superlativos donde el director muestra una notable capacidad narrativa que va más allá de la descripción de un grave conflicto familiar para situarse en los bordes mismos del policial violento. Esta escena final hace recordar a un muy buen film de Terence Young de 1967 con Audrey Hepburn que se llamó Espera la Oscuridad.

Con una muy buena actuación de Lea Drucker como la Madre, Dennis Ménochet como el Padre y Thomas Gioria como el pequeño Julien, estamos ante una gran y notable película que da crédito a un director debutante y que, transitando por el lado del género, asume un problema actual y lo desarrolla con extraordinaria claridad conceptual. Lo interesante del caso es que la película deja librada las conclusiones al espectador, y estas conclusiones sobre las que Legrand evita concluir son las relativas a la crisis que afronta la institución familiar en todo el mundo, lo cual posiblemente sea el origen de una falta de contención social, un aumento de la violencia familiar, la complicación de los presupuestos familiares, la necesidad de mantener más de una familia, es decir, aquellos problemas que podríamos llamar de “los tuyos, los míos y los nuestros”.

viernes, 11 de mayo de 2018

EN EL INTENSO AHORA de Joao Moreira Salles



SOBRE EL FIN DE LOS SUEÑOS

Realizado casi como un collage de fotos, noticieros de la época y algunas home movies realizadas durante viajes de su madre, Moreira Salles realiza un film donde a través de su propio comentario rememora hechos que han marcado a un par de generaciones generando una interesante confrontación entre la objetividad de las imágenes filmadas y sus propias ideas y palabras que acompañan en forma de relato todo el film.

Así la película resulta una obra muy personal, profundamente sentida que constituye una gran reflexión sobre el intento de cambios políticos durante los 60 y los 70, una época marcada por la esperanza de construir un mundo mejor e incluso alcanzar el sueño socialista.

El aburguesamiento provocado por el fin de la segunda guerra y la prosperidad derivada por los planes de fomento para reconstrucción de Europa y Japón, terminaría derramando hacia el resto del mundo. No obstante ello, el sueño de una mejor distribución de la riqueza dió lugar a un desconformismo social muy grande en todo el mundo, que en Europa, particularmente en Francia, comenzó a estallar a fines de la década del 60 a través de los movimientos estudiantiles, haciéndose fuerte en París y particularmente en la Universidad. Allí nace la epopeya del cambio de la mano de Daniel Cohn-Bendit, un estudiante anarquista. Dicho movimiento se expandirá y dará lugar a otros movimientos como la denominada Primavera de Praga, donde el pueblo checo se levantó contra los aspectos totalitarios y burocráticos del socialismo soviético, como así también en el resto del mundo, particularmente en Latinoamérica, inspirado y apoyado en la revolución cubana del 59.

Posiblemente aquéllos momento de cambio fueron anulados por la divergencia de la dirección de esos mismos movimientos. Mientras Dani, el Rojo lideraba hacia la izquierda, en Praga se trataba de girar hacia la derecha. No obstante ello, yendo en diferentes direcciones tiene en común el descontento de los pueblos frente a los estilos de vida que generaban los regímenes imperantes.

Al film de Moreira Salles no le interesan tanto la dirección de esos movimientos sino los movimientos en sí mismos, y si miramos un poco más profundamente, el fracaso de esos movimientos que en forma imperceptible fueron siendo fagocitados por la misma sociedad que los hizo posibles.  Sus propios líderes fueron asimilados por el statu quo de las formas de vida que criticaban. Dany el rojo, líder indiscutido del Mayo Francés del 68, fue perdiendo su perfil anarquista para convertirse en ecologista reformista, asumiendo luego la cómoda posición de diputado verde en el Parlamento Europeo. Las ideas de Milos Jakes de “un socialismo con rostro humano” fueron arrasadas por las fuerzas soviéticas unidas a las del Pacto de Varsovia, y tuvieron que esperar hasta la caída del Muro de Berlín en 1989.

De la misma manera, en las películas caseras de la madre de Moreira Salles tomadas a fines de la década del 60 durante su viaje a la China y Japón, aparecen los contrastes y las contradicciones entre las ideas proclamadas y la práctica de esas ideas llevadas a la realidad. La aparente fortaleza de la revolución cultural China y las costumbres milenarias japonesas se evaporaron ante la aparición de un materialismo y consumismo desenfrenado.

El Intenso Ahora, título del film, alude a aquel espíritu de camaradería, de involucración en los sucesos, en la comprensión que surge de la lucha común, donde la prevalencia de las ideas estaba sobre cualquier forma de consumismo, donde todo se vivía con total intensidad. Era una necesidad de expresión. El ir de adentro hacia afuera. Es entonces cuando no podemos dejar de preguntarnos si aquel momento puede repetirse aun cuando se desvaneció en sí mismo y los tiempos hayan cambiado de tal forma que el consumismo ha arrasado con el mundo de las ideas y ha instalado el tiempo de lo fugaz. Es decir, se ha invertido la dirección de la fuerza: ahora se va de afuera hacia dentro. Consumismo Puro.

Film austero que ha demandado mucho tiempo de investigación y visionado de material fílmico, no solo se eleva por el valor de la documentación mostrada, sino por la sinceridad del discurso de su director y guionista. Es un ensayo político que deriva en una aguda reflexión que parece hecha con el corazón aunque se manifiesta con la lucidez de la mente.
Pero también es un film melancólico y nostálgico, no ganado por ese consumismo tan criticado sino por la prevalencia de ideas que contrastan con aquellas sobre la fugacidad de la realización personal en nuestros días. La película brilla en la búsqueda de un mundo de ideas en procura de un mundo mejor y en esa cadencia melancólica de la voz del director, que hace parecer aún latente aquella idea motriz de la posibilidad de cambio. Sin embargo, la exacerbación del consumo, la satisfacción inmediata del deseo, solo promueve la incapacidad de soñar.

lunes, 7 de mayo de 2018

BASADO EN HECHOS REALES de Roman Polanski



EL TERRROR DE LA PAGINA EN BLANCO

Estamos ante uno de los grandes films de Roman Polanski, una película muy personal que tangencialmente nos habla de los problemas que el propio director está sufriendo como consecuencia de la orden de detención librada por la Justicia Americana en relación a un viejo juicio por corrupción de menores que obligo al director a exiliarse en Suiza. Vayamos a la trama.

Delphine Dayrieux (Emmanuelle Seigner) acaba de publicar su nuevo libro que, a pocos días de su presentación, va camino a convertirse en un éxito de ventas. Ha pasado toda la tarde firmando ejemplares en una librería en pleno centro de París. Se siente cansada, casi agotada cuando de repente se le acerca una mujer que dice llamarse Elle (Eva Green), una fan que la llena de elogios expresándole admiración por su obra, y pidiéndole, obviamente, su firma en un ejemplar.

Quién es esta mujer que se presenta sorpresivamente, dice conocer en detalle la vida de la escritora e incluso vive frente a su propia casa. En la aparición de esa misteriosa fan esta la primera llave de un misterio que Polanski desentrañará pacientemente en un magnifico film de suspenso en el mejor estilo del maestro Alfred Hitchcock.

El suspenso planteado por el realizador va más allá del habitual encierro de la protagonista. Estamos ante una obra donde los personajes se encuentran y rápidamente entablan una relación parecida a la amistad. ¿Pero acaso esa amistad podrá permitir desentrañar el yo más íntimo de cada personaje? Hay en ellos un deseo de penetración de carácter intelectual que los mueve. Pero sus intenciones van en direcciones opuestas lo que transforma al film en un gran duelo, una especie de western moderno en la que se debaten dos mujeres maduras. Elle, como fan de una escritora, en la superficie desea saber cuál será el tema de la próxima novela. Pero más allá, Elle esconde el íntimo deseo de controlar a Delphine, imponerle qué escribir, y llegado el caso, tomar su pluma, es decir, convertirse en una escritora fantasma. 

La escritora, por su parte, no se acerca a Elle con una pura intención de amistad. Quiere indagar en los deseos más íntimos de su fan porque entiende que en ellos está el material que le servirá para desarrollar su próxima novela. A esos hechos reales se refiere el título original de la película.

En esos deseos cruzados existe un conflicto básico de intereses. La lucha que se plantea entre los personajes es la búsqueda de una supremacía que determina el control de un personaje sobre el otro. Esta lucha es un de las claves de la película y cambia en forma permanente dando lugar a un intento de usurpación de una personalidad por otra. También podría pensarse que Elle es el otro yo de Delphine que busca salir pero no puede para inspirar a la escritora, radicando allí un conflicto de carácter permanente.

En otro nivel de lectura, el film permite una reflexión sobre el éxito del escritor, planteando el stress que provoca la creación artística cuando la misma está sujeta al éxito económico. Ante el éxito, las editoriales obligan al escritor a seguir escribiendo, aún sin tema o inspiración.  Ni bien termina una obra le exijan comenzar otra. Es decir, tratar que  el éxito comercial se perpetúe, estresando al escritor, e incluso prostituyendo la actividad intelectual y dando lugar a la aparición de los mencionados escritores fantasma, aquéllos que escriben por cuenta de otro o con un alias especialmente creado para poder dar volumen a una serie o una biblioteca que a partir de una idea de marketing garanticen el éxito de ventas.

Adaptada por el propio Polanski y Oliver Assayas sobre el libro original de Delphine de Vigan, Polanski vuelve subrepticiamente a la idea del escritor fantasma porque él mismo se ha transformado en el “director fantasma”, dado que acorralado por sus problemas legales, debe recurrir a ellos para poder terminar de filmar escenas cuya libertad restringida le impide realizar. Unos años atrás, Polanski ya había realizado un thriller con Pierre Brosnan con este tema, que parece convertirse ahora en otra de sus obsesiones. Debemos recordar que existe una orden de captura internacional por parte de la Justicia Americana que pesa sobre su persona. Salir de Suiza implica su inmediata detención policial.

En Basado en Hechos Reales aparece toda la prolijidad narrativa, la elegancia del cine de Polanski, su delicadeza, la majestuosidad de su puesta en escena, la cadencia de su ritmo narrativo, sus atmósferas siempre tensionadas, los personajes llenos de misterios. Ello ubica a su último trabajo entre sus películas importantes, aun cuando los problemas mencionados, han debido encerrar necesariamente las escenas de la película más allá de la necesidad estética.

Los notable trabajos de su dos grandes actrices protagónicas, la maravillosa fotografía apastelada de Pawel Edelman que retrata una Paris invernal siempre nublado que contribuye al encierro del relato, como así también el trabajo minucioso de Montaje de Margot Meynier y la excelencia de ese músico irremplazable que es Alexander Displat, último ganador del Oscar por su trabajo en La Forma del Agua, que sabe cómo nadie crear climas cinematográficamente puros, da lugar a que recomiende la visión de este film.

viernes, 4 de mayo de 2018

LA DESAPARCION de Constantín Popescu


EL PESO DE LA CULPA

Con tres largometrajes realizados entre 2009 y 2010 y una dilatada carrera en la televisión de su país, llega por primera vez una película de este interesante director rumano a las pantallas de nuestro país.

Nadie puede negar la importancia del actual cine rumano. Su rigor formal, el interés que despiertan los temas que se tocan, los dilemas morales que suelen presentar, la profundidad de su tratamiento, la libertad de criterios, y sobre todo, la amplitud de sus propuestas siempre vistas desde un lugar particular en el mundo, la Rumania actual, la que salió de una fuerte dictadura socialista pero que nunca consiguió meterse de lleno en el mundo de la libertad que proponía la caída del muro.

Tudor (magníficamente interpretado por Bogdan Dumitrache) tiene una familia modelo, esposa y dos hijos pequeños, un niño y una niña, a los que suele llevar a jugar a un parque vecino a su casa. Un domingo, misteriosamente, su pequeña niña desaparece.

El film se concentra primero en el proceso búsqueda, y luego en el de culpa que comienza a sentir Tudor. Su hija ha desaparecido frente a sus propios ojos. No ha podido hacer nada para impedirlo. Denuncia el hecho inmediatamente ante la policía e inicia un seguimiento de lo ocurrido.

Frente a esta situación, ante la absoluta falta de respuestas, unos días después, sin tener noticias de la niña, su mujer Cristina, se marcha a la casa de sus padres con su otro hijo. Tudor queda solo y comienza a desarrollar un proceso de culpa.

La película se concentra en este proceso. Las actitudes individuales de la pareja han dado respuestas diferentes. La mujer parte y toma distancia. El marido se queda y comienza a asumir la culpa. El desmembramiento familiar se torna una realidad. La falta de contención, particularmente de Tudor, se hace realidad. El hombre esta solo frente al problema y carece de todo apoyo. Su mujer, prácticamente lo ha abandonado, la policía del barrio no le da respuestas de ningún tipo y la desaparición se transforma en un simple expediente más que sigue su curso.

Tudor comienza a investigar por su cuenta. Consigue fotos de los vecinos, merodea el parque con insistencia, trata de reconstruir los hechos con perseverancia hasta que la insoportabilidad del dolor comienza a sacarlo del equilibrio necesario para aceptar y soportar la perdida.

Lo interesante del planteamiento de Popescu es la forma en que describe como un ser perfectamente ubicado dentro de un determinado orden social, un hombre educado, decente, que tiene un trabajo, ve alterada su vida. De pronto, necesita tiempo y tranquilidad para encontrar a su hija. Pero comienza a perder el equilibrio. Se desespera y ante la falta de respuesta policial pierde contención y se encierra en sí mismo. Esto lo desconecta de lo social, lo deja a la intemperie a la par de percibir que, el Estado a través del ente policial, se muestra incapaz de resolver la desaparición de su hija. Es la perfecta metamorfosis de un ciudadano común que afectado por su suceso que no comprende, y carente de toda contención, reacciona y se transforma en una bestia.

La película parece preguntarse cuál es el rol, el papel del Estado dentro de esta nueva sociedad generada pos caída del muro. Hace sentir que una barrera burócrata e infranqueable separa la policía del resto de la sociedad. El accionar policial se circunscribe a una serie de protocolos que nunca alcanzan a generar una verdadera contención del damnificado. Entre el drama particular del protagonista y el drama social que representa una sociedad desprotegida el film parece preguntarse dónde está la diferencia ente la vieja dictadura y esta nueva sociedad que embandera la libertad de mercado. La diferencia parece no existir, como si los vicios de la vieja burocracia no hubieran sido superados por los cambios

Película visceral de Popescu que profundiza hasta las últimas consecuencias del drama. Su rigor formal es extraordinario. Contado siempre en primera persona, con notable utilización de largos planos secuenciales en los cuales el espectador no solamente ve a través de los ojos de Tudor, sino que también siente lo que su protagonista vive. En ese aspecto, Popescu se acerca mucho con La Desaparición a aquel extraordinario film de 2005 de Cristi Puiu que se llamó La Noche del Sr. Lazarescu. Tanto en una como en la otra, el hombre, siempre protagonista de la historia, queda en manos del destino que le depara la intervención del Estado, esa fría y alejada entidad de la cual todo esperamos y muy pocas veces recibimos.

lunes, 23 de abril de 2018

MADAME de Amanda Sthers


LAS DIFERENCIAS DE CLASE

Madame recupera parcialmente la comedia de enredos y equívocos que caracterizó al cine francés, cuyos exponentes más exitosos en los últimos años fueron El Placard (2001) de Francis Veber, 8 Mujeres (2002) y Potiche (2010), ambas de Francois Ozon, Los Infieles (2012) de Michel Hanavinacious, y Amigos Intocables (2012) de Oliver Nakache, que mereció una remake aquí en Argentina.

El infaltable enredo de comedia tiene lugar mientras se prepara una fiesta de alta sociedad. La señora de la casa observa que los invitados a su cena son 13. Para eludir el número de la mala suerte, decide hacer participar a una de sus mucamas de la cena, dando lugar a una serie de enredos bastante graciosos, especialmente matizados por la gran actuación de la española, asidua intérprete de las películas de Pedro Almodóvar, Rosy De Palma.

El film levanta vuelo rápidamente pero así de rápido también pierde su interés al caer en la mayoría de los lugares comunes que transita una comedia de este estilo. Lo que al principio pareciera ser una caustica comedia sobre la lucha de clases que tiende a convertirse en aguda sátira social, rápidamente se diluye cayendo en convencionalismos típicos de esa clase de films que intentan hacer una crítica costumbrista sin dejar de atravesar todos los lugares comunes de la comedia social. Lejos está de la comedia a la italiana, en la cual la crítica social era su aspecto mas importante.

No obstante ello, hay en el film un intento de aggiornamiento en lo que respecta a la descripción de las clases sociales. Los nuevos ricos ya no arrastran elementos de alcurnia. Aquí nadie posee apellidos ilustres ni son dueños de grandes porciones de tierra, y obviamente, carecen de todo tipo de tipo de nobleza. Los nuevos ricos son fundamentalmente gente que ha hecho dinero, mayoritariamente de la especulación, y de otras maneras no necesariamente legales como la corrupción.

Los cuatro personajes principales están magníficamente interpretados. Harvey Keitel, un gran actor americano es Bob Frederiks, el dueño de la casa y quien ofrece la fiesta. Él es un extranjero enamorado de París enriquecido en las actividades financieras que, así como lo han catapultado hacia éxito monetario, ahora lo están hundiendo en la bancarrota. Su mujer, Anne (Toni Collette), es una agente de relaciones públicas más ocupada en la diversión propia que en su trabajo. La almodovariana Rosy De Palma es la mucama de la casa que romperá la mala suerte del invitado número 13. Ella será una enigmática condesa española (literalmente se roba la película), y Michael Smiley, un inglés, merchant de arte que ha venido a valuar un cuadro de la casa cuyo destino es el de salvar la finanzas de su dueño. El amor rondará por la mesa. Nadie tiene dudas respecto de la falta de alcurnia de los patrones de la casa ni de sus invitados, como tampoco nadie confía en que la pintura a revisar sea genuina. ¡Señores, la comedia está servida!

Amanda Sthers, también responsable del guión, dirige la acción con sostenido ritmo basándose en dos aspectos: 1) estirar los equívocos hasta el final para poder mantener cierto suspenso sin que caigan las expectativas de lo que ha planteado. 2) Realizar una pintura social creíble dentro de los cánones de la comedia clásica en el marco de esta nueva sociedad liquida. Ninguno de los dos aspectos es logrado plenamente, no obstante ello, logra una comedia amable y pasatista que rápidamente pierde todo intento de transformarse en una pintura social pero que a su vez deja verse logrando que el espectador mantenga una sonrisa en los labios durante todo el relato.

sábado, 21 de abril de 2018

LA LIBRERÍA de Isabel Coixet


SOBRE LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO

La nueva película de la directora catalana Isabel Coixet (Mi vida Sin Mí, 2003; La Vida Secreta de las Palabra, 2005) es una hermosa parábola sobre la libertad del individuo. La acción transcurre a fines de los años ´50, en un pueblito de Inglaterra llamado Hardborough, donde una mujer de mediana edad, Florence Green ha decidido montar una librería, años después de haber quedado viuda durante la segunda guerra mundial.

Florence concentra sus esfuerzos en poner en marcha su negocio de venta de libros, pero sobretodo, su problema principal es su lucha contra los estamentos de poder del pequeño pueblo: El banquero que no quiere correr ningún tipo de riesgo, la aristócrata que pretende hacer de la casa de Florence un museo, los problemas que acarrea la contratación de trabajo infantil, la necesidad de contar con el apoyo de los proveedores. En la medida que el film avanza se van desnudando los resortes de poder de un pequeño pueblo, en el que todos los estamentos están debidamente representados, a la vez que van apareciendo las limitaciones que tiene una simple mujer trabajadora para llevar a cabo su pequeña empresa.

De esta manera, contada con mucho tacto, fineza y sentido del ritmo cinematográfico, Coixet elabora una profunda reflexión sobre la dificultad del individuo para lograr sus objetivos, llegar a ser alguien, y construir una vida en función de su trabajo. La directora elabora el relato mostrando el esfuerzo de una mujer que busca superar la soledad de su viudez, valerse por sí misma, al mismo tiempo que intenta alcanzar un sueño. Pero no es solo una aventura individual. Es también la del choque del pueblo frente al poder, aquel que cuando funciona mal o está en las manos incorrectas, abusa atropellando las libertades individuales. Es el dilema de la libertad del individuo frente al poder del Estado.

Basado en el libro del mismo nombre escrito por Penélope Fitzgerald en 1978, y con guión de la propia directora, la película no solo logra una excelente pintura costumbrista construida a partir del ritmo de una comedia típicamente inglesa sino también al describir las dificultades diarias de una mujer sola que simplemente desea armar el negocio que siempre ha soñado para poder ganarse la vida y vivir de lo que le gusta hacer. En ese aspecto, el film se alza como una canto a la vida y al esfuerzo de una mujer culta, que ama los libros, que conoce de autores, que busca identificar el gusto de sus clientes tratando de satisfacerlos literariamente. Una mujer respetada en el pueblo cuya moralidad esta fuera de toda sospecha que choca contra los poderosos del pueblo al traer a su negocio aquellos nuevos libros (Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Lolita de Nabokov, etc) que obligan a abrir la mente del lector, provocando un despertar cultural que altera el statu quo del poder hegemónico de la clase gobernante.

Con una notable actuación de Emily Mortimer en el papel de Florence, una actriz de larga trayectoria en la televisión inglesa cuyo antecedente más importante en el cine es un personaje secundario (Cloe) que interpretó en Match Point de Woody Allen. En cambio, su papel en La Librería es hegemónico toda vez que su papel es central, su presencia en la trama es permanente y todo el argumento gira en su torno. Está muy bien acompañado por el siempre eficiente Bill Nighy, el recordado rockero de Realmente Amor (2003), y por Patricia Clarkson (Lejos del Cielo, 2003) en el papel de su contrincante, la aristócrata Violet Gamart.

Isabel Coixet logra con La Librería una de sus mejores películas. Un film lleno de buen tacto y fineza narrativa que describe con suma delicadeza y pasión un momento en la vida de una solitaria mujer que simplemente quiere concretar un sueño: una librería en un pueblo que se convertirá en el eje de una disputa que parece molestar los intereses de los más poderosos, desnudando la mediocridad y los intereses espurios en que se mueve una sociedad en la que las diferencias de clase aún no han desaparecido.

lunes, 16 de abril de 2018

EL REENCUENTRO de Richard Linklater



UNA AMISTAD, UN DUELO, UNA REALIDAD

La nueva película de Richard Linklater, con guión del director y de Darryl Policsan, es una historia sobre la amistad, que se desarrolla como una “road movie” que abarca un largo viaje desde Virginia a Boston y un regreso pasando por Nueva York. Pero es también una aguda reflexión sobre el sentido de la vida, la inutilidad de las guerras, y las consecuencias sobre los soldados que han participado en ellas.

Todo comienza cuando Larry (Steve Carell) recibe una noticia. Su hijo, un infante de marina, ha muerto en Iraq. Larry está solo en la vida. Por un lado, su esposa ha fallecido. Por otro, ha perdido su licencia de médico militar por comerciar drogas durante la guerra de Vietnam. Ahora sobrevive como dependiente de un almacén. Consecuencia de ello, decide buscar  la compañía de sus viejos camaradas Sal (Brian Cranston) y Muller (Lawrence Fishburne), a quienes no ve desde que les dieron su baja del ejército, hace casi 40 años atrás.

Está claro que por sobre todas las cosas que trata, Reencuentro es una película sobre la amistad, ese vínculo capaz de mantenerse intacto a pesar de la distancia física y los años pasados, aun cuando hayan transcurrido sin verse el uno al otro. Y es también una reflexión sobre el paso del tiempo, sobre las frustraciones y alegrías de la vida, y sobre el aprovechamiento de las segundas oportunidades. El film adquiere la forma de una road movie donde tres amigos se reencuentran en un viaje que se transformará en iniciático. Marcará un antes y un después al estar signado por la vejez, por la necesidad de apoyarse uno al otro, por acompañarse en el dolor y sobre todo por compartir el duelo del amigo ante la pérdida de un hijo. El film es una indagación en las historias individuales de cada uno.

Ese reencuentro significa un volver a vivir. Cada uno ha desandado caminos diferentes por 40 años y ahora se han vuelto a encontrar en un momento de la vida en que se hayan perdidos, donde van camino a ser otros no necesariamente mejor de lo que fueron de jóvenes.  En ese rencuentro existe un volver a empezar que alude a la esperanza.

No obstante ello, El Reencuentro es también poner sobre la mesa el rol de Estados Unidos en estas guerras donde no se aclara bien el porqué de su participación. La visión acida de la película es absolutamente cuestionadora de las intervenciones americanas. Primero, porque sus propios personajes han estado en ellas y no tienen muy en claro porque fueron y mucho menos, porqué pelearon. Segundo, porque volvieron sin saber si habían ganado o habían perdido. La propaganda bélica era la que daba la respuesta correcta, y estaba ligada con la corrección política.

Por eso es una película sobre la pérdida de identidad, no la identidad personal sino la identidad nacional. Esa es la identidad que se perdió en Vietnam, más tarde en Afganistán, en este siglo en Iraq. Lugares a los que se fue a guerrear sin otros motivos más que los económicos, los derivados del control del gas y del petróleo. El territorio continental de los Estados Unidos nunca había sido atacado, nunca invadido sino hasta después del 11 de setiembre del 2001. Ello ocurrió con el ataque y destrucción de las Torres Gemelas. Sus consecuencias fueron desbastadoras. El país comenzó una caída aún más grande y perdió la seguridad interior. Más tarde, con la caída de la Bolsa de Nueva York en 2008 y el crack bancario internacional, se afectaría hasta el mismo orden mundial. Lo que Estados Unidos ha sufrido es en realidad la pérdida de un ideal, aquel que en los ´50 se dio en llamar “el sueño americano”.

Los personajes de la película se han quedado solos. Tres viejos guerreros que nunca encontraron respuestas. Cuarenta años después, vuelven a hacerse las mismas preguntas. No han hecho casi nada de sus vidas más que sobrevivir. Un médico expulsado del ejército. Un sargento que ha devenido en barman de una taberna solitaria en alguna ruta de Virginia. Un soldado negro envejecido que se ha refugiado en Dios y su familia convirtiéndose en pastor evangélico. Los tres se asemejan a fantasmas de una época ida que solo parecen escuchar: “Sálvate como puedas. El Tío Sam ya no puede hacer nada más por ti”.

Basada en la novela del mismo nombre de Policsan, cuyos antecedentes registran el excelente guión, entre otros, de Permiso de Amor hasta Medianoche (1973) de Mark Rydell, el film está narrado con mucha agilidad y un humor muy corrosivo, donde Richard Linklater vuelve a mostrar su capacidad narrativa y conceptual. El Reencuentro no pretende ser una comedia ácida ni transformarse en un profundo drama generacional. Por eso, deja abierta una puerta de esperanza: la amistad. Esa constituida por un vínculo indisoluble que mantiene unidos a los amigos a lo largo del tiempo y la distancia. Han estado perdidos durante 40 años sin verse, pero ahora han vuelto a estar juntos, se han acompañado y han encontrado algo de perdón y paz en sus vidas. Tal vez la vida les esté dando una segunda oportunidad. Linklater los abandona allí, en medio de la América más profunda.

Nosotros, los espectadores, agradecidos. Acabamos de ver un film visceral, profundo y entretenido. Tres grandes actuaciones para el recuerdo de Carell, Cranston y Fishburne. En síntesis, un film para disfrutar y reflexionar. El cine de Linklater, un texano muy independiente, es así, sorprendente. No olvidemos que es el director de esa joya del cine americano llamada Boyhood. Ésta, como aquella, son para tener en cuenta.

sábado, 14 de abril de 2018

EL ATELIER de Laurent Cantet


LEJOS DE LA TRANQUILIDAD

Laurent Cantet es un escritor y director cinematográfico francés cuyas películas se concentran en los problemas de la sociedad de su país y particularmente, a través de sus personajes, casi siempre hombres jóvenes que se enfrentan por primera vez con el mundo laboral. Ganador de los festivales de Mar del Plata y de Cannes con Recursos Humanos y La Clase, respectivamente, Cantet es un director que hace un cine de características intelectuales donde suele desarrollar películas que transcurren en un ámbito de cambio donde prevalece un misterio que se trasforma en una amenaza solapada para toda la sociedad.

Su cine se enrola en la línea de denuncia social muy parecida a la de los Hermanos Dardenne, que habitualmente se basa en un personaje que concentra la mayor parte de la atención para luego incluirlo dentro de un marco más amplio donde el director encuentra la problemática que afecta a su personaje y a su entorno.

En El Atelier aísla a sus personajes en una villa costera. Allí vive una escritora que se dedica a atender un grupo de escritura donde concurren jóvenes a los cuales les plantea desarrollar una novela en forma colectiva, en la que se decide utilizar una trama policial. Cada uno propone ideas, se las discute, se las aprueba y entre todos empujan el progreso de la obra en común.

Pero en un grupo heterogéneo siempre existe alguien diferente. En este caso es un muchacho, Antonio (Marco Lucci), de una condición muy humilde que vive en el pueblo. Allí, el trabajo se ha concentrado en los astilleros que durante muchos años ha generado trabajo para casi todo el pueblo. Ahora la actividad ha mermado, han comenzado los despidos, el pueblo ha visto mermar sus ingresos, y ya no queda otra actividad que no sea el turismo o la emigración hacia otras ciudades.

En ese estado de insatisfacción que deriva de la falta de trabajo, la idea del progreso mediante el estudio parece ser lo razonable. Por eso, el trabajo colectivo de carácter intelectual en un atelier para escribir una novela con una trama policial resulta atractiva para los alumnos. El resultado es una apasionada confrontación de ideas que deriva en discusiones que Cantet aprovecha para generar un paralelismo entre la presunta violencia que se genera en la novela y el ambiente de trabajo que se tensa como consecuencia de las diversas propuestas.

De esta manera, el Atelier se transforma en un reflejo de una sociedad que, muy prospera en otra época, ahora comienza a tener problemas de desocupación a los que se le agregan los derivados de una sociedad que ha hecho de la libertad uno de los pilares fundamentales de la convivencia, por lo cual ahora, se siente amenazada por la entrada indiscriminada de corrientes inmigratorias que incluso arrastran elementos terroristas que amenazan la preciada paz social que Francia había logrado concretar en la posguerra.

Cantet maneja estos elementos con suma sutileza. Adopta la forma de un film de suspenso que encierra un misterio, pero lo fundamental en la trama es el conjunto de relaciones que establece entre los miembros del grupo de estudio. Dicho grupo replica el orden social imperante. Marina (Olivia Dejazet) es la profesora que dirige el grupo de estudio, la autoridad. Es una escritora de clase media acomodada que vive de la venta de sus libros. Tiene una vida tranquila, aislada y confortable sin necesidades aparentes. Por otro lado, el grupo de estudio (el pueblo). Ellos son los encargados de realizar el trabajo. Viven escribiendo e ignorando los problemas sociales que se están produciendo, pero no reaccionan porque viven concentrados en realizar las consignas diarias. Finalmente aparece Antonio, el joven díscolo, la célula rebelde del cuerpo capaz de ver el problema y rebelarse.

Producto de ello Cantet construye un notable film de suspenso marcado por las relaciones entre los personajes principales que deriva en un análisis de la situación social actual en Francia. Estamos nuevamente ante un trabajo muy inteligente del director francés, espléndidamente desarrollado y actuado en un marco de encierro paradójicamente muy cerca del mar, casi con alguna característica de tipo teatral, que logra interesar por su sutileza narrativa y sobretodo, por la situación que propone analizar. Altamente recomendable.

viernes, 13 de abril de 2018

LOS BUSCADORES de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori


ENTRETENIMIENTO EN ESTADO PURO

Conocí a la dupla Maneglia / Schembori en 2014 cuando se estrenó comercialmente en Argentina 7 Cajas. En aquel momento afirmé que tal vez había visto el mayor descubrimiento cinematográfico de aquel año. Asimismo, consideré que se trataba de un muy buen thriller de acción y suspenso que abrevaba en el cine americano.

Con la visión de Los Buscadores, esas premisas se confirman, no quedando ninguna duda que las destrezas de la dupla tanto en la construcción del guión como en el desarrollo cinematográfico, tienen la habilidad suficiente para entretener con recursos genuinos. Su nueva película abreva una vez más en las fuentes del cine de súper acción americano. Si en 7 Cajas, había claras influencias del cine de los 70 tales como Bullit de Peter Yates (1968), Harry, El sucio de Donald Siegel (1971) y más tardíamente de la serie Arma Mortal de Richard Donner (1987), en esta nueva entrega, se remiten al cine de los 80: El Richard Donner de Los Goonies (1985), el Steven Spielberg de Los Cazadores del Arca Perdida (1981), y el Robert Zemeckis de Tras la Esmeralda Perdida (1984).

En esta oportunidad el dúo parte de hechos históricos. La acción se desarrolla en Asunción en nuestros días y remite a los tiempos de la guerra de la Triple Alianza. En aquel entonces, la población de Paraguay se redujo a 180 mil personas, de los cuales, 160 mil eran mujeres. Se dice que las mujeres de mayor fortuna, por miedo a ser saqueadas, enterraban sus joyas y monedas en los jardines y los fondos de las casas. O sea, hay miles de tesoros escondidos en tierra paraguaya y especialmente en los alrededores de Asunción. Las correrías de nuestros héroes se concentrarán en torno a ello.

A diferencia de 7 Cajas, donde la acción se concentraba en el hecho policial y sobretodo en la formas narrativas (la estética), en Los Buscadores, además, se profundiza en el estado social y las enormes diferencias económicas existentes, tornando al film en una pieza muy interesante, convirtiendo al relato en un verdadero fresco de la realidad social de aquel país bajo la forma de una comedia policial.

La capacidad de la dupla Maneglia / Schembori es notable. Es como si asumieran hacer cine sin complejos ni preconceptos y lo hacen de la manera que más les gusta, tomando las formas y los conceptos del cine americano. De esa manera desarrollan un film pleno de acción e incluso suspenso, logrando despertar el interés del espectador en historias pequeñas que cobran vida a medida que la trama se va desarrollando.
Sus dos primeros films, son piezas notables donde realizan un explícito homenaje al tipo de cine que aman a la vez que le dan una impronta absolutamente localista y reconocible. Es como hacer un tipo de cine inspirado en un lugar y realizarlo en otro muy distinto, conformando un hecho contracultural de una calidad superior.

Lo cierto es que Los Buscadores termina retratando una realidad inconfundiblemente latinoamericana con la estética formal y el ritmo del clasicismo americano. Una joyita que entretiene y deja pensando.

viernes, 6 de abril de 2018

LA CIAMBRA de Jonás Carpignano


¿DÓNDE ESTÁN LOS GITANOS FELICES?

No conocía el cine de Carpignano, un joven director neoyorkino de origen italiano, cuyo segundo film, La Ciambra, se estrenó en Buenos aires. Su primera película, Mediterránea, permanece aún sin estrenar.

El film es una historia sobre una familia de gitanos que trascurre en La Ciambra, un villa miseria en Sicilia, en el sur de Italia, en medio de un lugar que no solo es reconocible por sus hermosos paisajes, y la mafia sino también porque es puerta de entrada de las corrientes inmigratorias provenientes de Medio Oriente y el norte de África dando lugar al asentamiento clandestino de miles de personas en estado de precariedad económica y habitacional.

No obstante ello, no estamos ante un film coral sino ante una historia de crecimiento personal, la de Pío, un adolescente que debe crecer, hacerse un hombre como consecuencia que tanto su padre como su hermano son llevados presos por la policía, dado que son agarrados infraganti en un robo de autos. Cabe agregar que la mayoría de los gitanos pobres que viven en la zona se dedica al robo de autos para revender las autopartes.

El film es también una historia de encierro, la de un joven que no puede escapar a su destino. La de alguien que sabe que tiene que ayudar a su familia y dada su juventud, es incapaz de salir de su encierro familiar.

Y es también una historia sobre la amistad y la traición, de la incapacidad de sostener una amistad, de recibir ayuda y principios de vida que nunca podrá llevar a la práctica porque vive encerrado en una familia en la cual se deben respetar costumbres ancestrales. Es también la descripción de un pequeño mundo donde las mujeres solo existen para atender la casa y al hombre, y los hombres para ganar el pan nuestro de cada día, cualquiera sea su forma.

Carpignano recrea esta pequeña historia y la hace grande siguiendo el devenir de Pío, a quien sigue con su cámara con disciplina y la rigidez necesaria como para describir a un adolescente que no solo vive las cuestiones propias de su edad sino también se ve necesitado a crecer de golpe.

Contada con cámara en mano con un registro de tipo documental, Carpignano va sumando anécdota tras anécdota personal y familiar para poder armar un momento en la vida, la adolescencia, de un personaje real víctima de los mandamientos familiares.

Los resultados son más que positivos. Si bien La Ciambra es un film lento en su principio, se va afianzando en la medida que su personaje principal va cobrando cuerpo y entidad dramática, a la vez que va concentrando sobre si la mayor parte de la anécdota que se desarrolla . Si bien el objetivo inicial de Carpignano pareciera ser la pintura de toda una comunidad, con dedicada paciencia narrativa va quedando delineado su personaje principal, el cual va asumiendo un protagonismo absoluto  a partir del cual su película se transforma en un documento notable sobre la inmigración descontrolada, la falta de oportunidades, la falta de adaptación a las nuevas costumbres y la inevitable marginalidad a la que son condenados millones de refugiados que solo aspiran a tener una vida mejor.

jueves, 5 de abril de 2018

READY PLAYER ONE de Steven Spielberg



LA REALIDAD ES LO ÚNICO REAL

El cine de Stephen Spielberg está regido por la mirada del asombro, ello hace que cada vez que estamos ante una de sus películas, de una forma u otra, volvemos a sentirnos niños frente a su propuesta. Esa mirada recorre casi todo su cine, incluso su cine más serio, aquel que ha narrado desde acontecimientos históricos como La Lista de Schindler o Lincoln o las fantasías más increíbles como las de ET o Jurasic Park. Siempre en él hay un elemento que conduce a nuestro asombro.

En Ready Player One esa mirada también está presente desde la primera hasta la última escena. Al principio, recreando un mundo absolutamente decadente en la ciudad de Columbus, Ohio en 2045, y luego, durante el desarrollo de la trama, mostrando un mundo virtual al que nos sumerge desde el juego que da título a su película, lleno de personajes míticos y fascinantes a la vez poblado de referencias a la historia y al mundo del cine. 

La trama es simple aunque a la vez, compleja. Se trata de encontrar al creador del juego, que ya muerto en la vida real, vive en forma virtual dentro del juego donde esconde un secreto que develará una fortuna para el ganador del mismo. Quien encuentre las tres llaves perdidas en el laberinto virtual, encontrará al creador, y con él, su fortuna personal. El juego se llama Oasis y su creador, James Hallyday. El ganador se transformará en nuevo el dueño de Oasis y en el hombre más rico de ese mundo decadente y real.

Los personajes eligen su avatar dentro de un juego donde buenos y malos compiten por un premio expresando todo aquello que cada uno hubiera querido ser. Así Wade Watts se transforma en Percival, un personaje que alude a los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo en busca del Santo Grial. En el nombre hay una búsqueda de la luz.
Spielberg maneja este material con su maestría y habilidad habitual. No deja de asombrar su capacidad para pasar del mundo real al mundo virtual y viceversa sin que se noten caídas en el ritmo narrativo ni confusiones conceptuales respecto de las dos realidades que simultáneamente está manejando.

También es impresionante su viaje por el tiempo y su estadía en los años 80, con un explícito homenaje a Stephen King y a su obra El Resplandor, como así también a Stanley Kubrick y la recreación cinematográfica de algunas escenas de la película como la ola de sangre saliendo de los ascensores, el terror de la madre en la bañadera y el final en el laberinto, al a vez que pasa revista a los mayores iconos de esa década, incluyendo temas musicales de Duran, Duran, Prince o Van Halen.

No obstante la calidad formal y conceptual de la obra que indudablemente marcará un hito, cabe preguntarse en que categoría calificaremos ese hito. Porque claramente, y aunque lo parezca, no es un film de ciencia ficción sino un cine sobre la futura realidad de una época y la posibilidad de meternos en una realidad paralela como la realidad virtual que es todo un hecho (ciertas estadísticas y predicciones no alumbran un mundo mejor sino decadente y empobrecido).


Hacia el final, Spielberg, casi como un abuelo que acaba de mostrar su maestría cinematográfica realizando una obra trascendente, coloca en pantalla una especie de aviso en el cual advierte sobre los peligros de sumergirnos en la realidad virtual e ignorar la realidad real. Es que el film presenta una cruel paradoja en la cual la realidad que describe es absolutamente desechable y por el contrario, la realidad virtual no solo nos deparará alegría sino que nos transformará en héroes y nos llenará de felicidad, incluso nos permitirá ser millonarios.  Es como poder tener una doble vida en la cual por un lado podemos ser unos pobres desgraciados, y por el otro, ser capaces de vivir una vida absolutamente excitante como héroes de una novela, triunfar en un juego y ganar dinero. Dos mundos que se oponen tal como ocurre con el consumo de drogas. Esto nos lleva a preguntarnos qué tan dependientes nos volvemos de esa realidad virtual como dependientes nos volvemos de sustancias toxicas ignorando la realidad de cada día a la vez que dejamos de ser nosotros mismos. Sin lugar a dudas, el viejo maestro, además de entretener durante más de dos horas, me dejó pensando.