sábado, 17 de febrero de 2018

LAS HORAS MÁS OSCURAS de Joe Wright

SANGRE, ESFUERZO, LÁGRIMAS, Y SUDOR

Winston Churchill, (1874 – 1965), fue un político y estadista británico, perteneciente al Partido Conservador que, durante 50 años, ocupó numerosos cargos políticos. Durante la Primera Guerra Mundial fue Primer Lord del Almirantazgo hasta la derrota en la batalla de Galípoli, un error militar bajo su responsabilidad cuyas consecuencias asumió generando su salida del gobierno. No obstante ello, años más tarde, y ante un marcado vacío de poder, fue llamado nuevamente para dirigir el gobierno siendo nombrado Primer Ministro de Gran Bretaña, cargo que desempeñaría en dos oportunidades, primero en de 1940 a 1945, y más tarde de 1951 a 1955. En su primer mandato se convirtió en el líder político indiscutido de su país.

Las Horas Más Oscuras evoca la vida de Churchill en aquellos momentos cruciales en que se decide la entrada de Inglaterra a lo que luego sería La Segunda Guerra Mundial. La película comienza los primeros días de mayo de 1940 cuando Hitler decide invadir a dos países: Dinamarca y Noruega, ambas neutrales en la contienda bélica, pero con puertos claves para facilitar el suministro de armas a Alemania. El fracaso de estas defensas, pone en tela de juicio la labor del Primer Ministro Neville Chamberlain, quien decide renunciar. Es entonces, cuando Winston Churchill es nombrado Primer Ministro de Inglaterra.

Joe Wright, el notable director de Orgullo y Prejuicio, Expiación, y la última versión vista de Anna Karenina filma aquí la que tal vez sea su mejor película. Logra envolvernos en la pesadilla que se avecina. La situación políticamente inestable de Inglaterra, la invasión antes comentada y el estado de precariedad de las tropas movilizadas en Europa. Todo un dilema difícil de resolver. Las tropas inglesas acorraladas en Dunquerque, una playa en los confines de Francia casi en la frontera con España sobre el Mar del Norte, deben ser evacuadas. La flota británica esta sitiada e imposibilitadas de hacer una operación honorable.

El gran mérito de Wright es no hacer una película de guerra sino una película sobre la guerra. Para ello toma distancia del frente bélico y concentra siempre la situación desde el punto de vista político y cómo repercute ello en el Parlamento inglés. Encierra las acciones entre la casa de Churchill y Westminster emulando las complicaciones de la realidad. La actividad transcurre solo entre paredes y túneles. Mucho aire viciado por el humo de los cigarros, un encierro que va más allá de las paredes del Palacio de Buckingham.

Conoceremos a un Churchill incansable que va y viene del Parlamento mil veces tratando de lograr consenso partiendo de una posición de extrema debilidad política en la que sus apoyos son externos a la política y de índole moral. Ellos son su mujer y su secretaria. Sus bases parlamentarias son los pocos incondicionales de su partido. Ha asumido una posición política de no negociación con la dictadura nazi cuando su oposición busca a toda costa evitar la guerra pactando con el Diablo. Necesita una convalidación de su pensamiento. Es entonces donde, en una escena eminentemente cinematográfica y salida de la cabeza de un guionista muy creativo, se lo ve entrando en un subte. Será un viaje de una sola estación. Pero en ese simple momento, mezclado entre los pasajeros del tren, tendrá contacto con el pueblo. Será la voz del pueblo quien le dará la respuesta necesaria.

En ese ir y venir, en esa discusión permanente se definirá un destino, el de todo un país y tal vez el de Europa y por qué no del Mundo. De esta manera, Wright encuentra su película. Y lo hace de la mejor manera posible, dando una notable lección de cine. Pero no lo hace solo. Cuenta para ello con un actor excepcional que se lleva todos los laureles y un excelente guión firmado por Anthony Mc Carten.

El actor es Gary Oldman, un inglés que hemos visto muchas veces en el cine americano. Él fue el Comisionado Gordon de El Caballero de la Noche (2012) de Christopher Nolan, el George Smiley de El Topo (2011) de Tomás Alfredson basado en la novela de John Le Carré, y sobre todo fue el Joe Orton de Prick Your Ears (1986) de un joven Stephen Frears, uno de sus grandes papeles que le aseguró una carrera importante en el cine.

El guionista Mc Carten es el autor de esa maravilla que es La Teoria del Todo, 2014, sobre la vida del científico inglés Stephen Hawkings, un hombre lisiado por una enfermedad cerebral que le impide manejar el movimiento de sus músculos pero no le bloquea la lucidez de su mente.


Apoyado en el gran guión de Mc Carten, y sobre todo en la actuación de Gary Oldman, Wright logra recrear no solo la época y la palabra de Churchill, sino lo más difícil, rescatar el espíritu de una época en la que Inglaterra se hundía por primera vez en el desasosiego de enfrentarse con un poder desconocido capaz de ponerla de rodillas.  Allí es donde aparece la fibra inglesa de un hombre común, un hombre que sabe escuchar la calle, y que confía en que antes que darse por vencidos preferirán morir luchando.

martes, 13 de febrero de 2018

TODO EL DINERO DEL MUNDO de Ridley Scott

EL CAPITALISMO SALVAJE

John Paul Getty fue el hombre más rico del mundo durante el siglo XX. Su fortuna superaba los 1000 millones de dólares y básicamente se encontraba invertida en acciones de empresas, arte y antigüedades que ahora pueden apreciarse en el Museo J.P. Getty de la ciudad de Los Angeles, California, Estados Unidos.

El 10 de julio de 1973, una banda de delincuentes secuestró a su nieto de 17 años, John Paul Getty III, en la Plaza Farnese de la ciudad de Roma. El muchacho capturado fue llevado a Calabria, en el sur de Italia, donde permaneció privado de su libertad hasta el 15 de diciembre de 1973, cuando fue liberado previo pago de un rescate de 2,2 millones de dólares, exactamente la cantidad máxima que el Sr. Getty podía deducir de impuestos. Un mes antes de su liberación, los secuestradores habían cortado una oreja del muchacho y la enviaron por correo a su madre.

El veterano Ridley Scott, autor de películas de culto como la saga de Alíen y la famosa Blade Runner, toma el prolijo guión de David Scarpa sobre el hecho policial y lo transforma en imágenes, dándole un ritmo sostenido que narra paralelamente las frías relaciones familiares de los Getty, en particular la confrontación entre la nuera y su famoso suegro, en medio de los pormenores del secuestro. En esos casi 6 meses, no solo se discutió el precio de un rescate sino también un entramado de relaciones basadas en el más puro materialismo.

Scott, navegando entre la descripción costumbrista y el policial, agregando un fuerte sentido de humor inglés tendiente al absurdo, da vida a esta obra que parece confrontar racionalismo contra sentimiento. Es que el Sr. Getty se niega a pagar el rescate, sintetizando su pensamiento en una frase que se volvería famosa: “Tengo 14 nietos. Si pago sólo un centavo por un nieto, entonces tendré 14 nietos secuestrados.”

Hechos reales convenientemente dramatizados, dan lugar a dos grandes actuaciones de Christopher Plummer como el Sr. Getty y Michelle Williams como su nuera, 
desaprovechando a Mark Wahlberg como jefe de Seguridad del multimillonario que está absolutamente demás en la trama. El enfrentamiento entre madre del secuestrado y el abuelo del mismo marca una relación que constituye un enfrentamiento entre el sentimiento y la materialidad, el mundo de los afectos, las emociones contra el universo del dinero y la codicia. El anciano es un hombre que no vive rodeado de sus 14 nietos sino que lo hace solitariamente en un castillo rodeado de sirvientes en el que acumula objetos y obras de arte, todo aquello que no puede ser cambiado por amor sino por dinero.

Está claro que la vida no tiene precio. Pero la situación planteada permite preguntarse, por ejemplo, ¿Es el personaje principal un avaro o tan solo un capitalista? ¿Para qué sirve el dinero? ¿Cómo se distribuye el ingreso? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Es necesario pasar toda una vida acumulando capital? Algunas de estas preguntas las responde las propia ciencia económica, otras la religión, alguna otra, el sentido común. La película las deja planteadas para que cada espectador saque sus propias conclusiones.

Por otro lado, visto de esta manera el film parece poner sobre el tapete cuestiones cada vez más actuales. Caído el muro de Berlín hace ya casi 29 años, cabe preguntarse si el triunfo del mundo capitalista sobre el mundo comunista ha conducido realmente a millones de personas a un mejor estándar de vida. Y si es así, ese bienestar refiere a lo puramente económico o es una mejoría que ha llegado vía una mayor libertad personal para las personas, entendiendo como libertad la de moverse libremente a través del mundo y decidir absolutamente sobre la propia vida. O en su defecto, acaso ha sido un retroceso.


No estamos ante lo mejor de Ridley Scott, pero la película deja verse, es entretenida y plantea cuestiones interesantes y actuales. El film carece de equilibrio entre la dramaticidad de los hechos narrados y la particular visión, la frialdad de un hombre de negocios que parcializa y empuja la simpatía del espectador hacia la parte más débil del conflicto. Este enfrentamiento desigual obviamente desnivela la objetividad, caricaturiza y deshumaniza al personaje principal. ¿Acaso los ricos, no son también humanos?

lunes, 12 de febrero de 2018

DETROIT de Kathryn Bigelow

ABUSO DE AUTORIDAD

La capacidad narrativa de esta directora americana ya ha sido puesta a prueba desde hace muchos años y diversas películas. Llamó la atención por primera vez en 1987 con Acero Azul, su tercera y estupenda película, dirigiendo a Jamie Lee Curtis. En 1991, con Point Break se convirtió en una directora de culto, llegando a desentrañar los complejos códigos de la lealtad masculina.  En 2008, con The Hurt Locker, gana el Oscar transformándose en la primera mujer en recibirlo, y vuelve a brillar en 2012 con La Noche Más Oscura, para mí, su mejor película, donde contaba la cacería de que fue objeto Osama Bin Laden por parte de los servicios de la CIA.

Ahora estamos ante su nueva película, basada en la llamada Rebelión de la Calle 12, un hecho fundamental  en el movimiento por los Derechos Civiles, que comenzó la noche del 23 de Julio de 1967 en Detroit, Michigan, USA, dejando un saldo de 43 muertos y 1200 personas heridas como consecuencia de los disturbios que se provocaron a raíz de una redada que la policía local realizó en un bar donde se vendía alcohol ilegal donde veteranos de Vietnam, mayormente de raza negra, festejaban su regreso a casa. El nivel de la violencia desatada fue un hecho inesperado dado que no concordaba con la ciudad de Detroit, considerada en aquella época, una de las ciudades de mayor índice de ocupación y tolerancia racial en los Estados Unidos.

El film de Bigelow se divide en tres actos. El primero recrea, con una visión de carácter documentalista, los comienzos de los disturbios de la calle 12. El segundo, genera una ficción que se concentra en un episodio particular donde resultan muertas dos personas de raza negra producto de un exceso de violencia policial, y el tercero, a modo de epílogo, describe a grandes rasgos los dictámenes del juicio al que dan origen los sucesos comentados, arribando a la penosa conclusión de que se ha vuelto a cometer una injusticia total.

El film de Bigelow no solo es un perfecto ejercicio de estilo sino también se constituye en un alegato en favor de las minorías raciales, y especialmente contra el abuso de autoridad a través de la violencia. Como todos sus film, la violencia está presente, pero más que ella, lo que le interesa a Bigelow es la presión, la tensión que una situación genera a sus personajes. 

La directora, fiel a su estilo, describe situaciones y tira de la piola hasta que la piola se rompe. Nada es gratuito y todo tiene su consecuencia. Aquí, su juego entre el gato y el ratón, pone en juicio a todo el sistema policial y judicial de una Detroit desbastada por la injusticia y los prejuicios raciales, cuyas consecuencias pone en total evidencia la corrupción de procedimientos policiales y la parcialidad de una justicia absolutamente entregada al poder de los blancos. 

Aunque el film no pretende ser una lección de historia, Bigelow se basa en hechos reales. Incluso, tanto en la primera parte como en la tercera, se apoya en material de archivo de aquella época. No obstante ello, la recreación constituye un ejercicio de estilo llevado hasta sus últimas consecuencias. La directora estresa su puesta en escena hasta lo intolerable. Incomoda al espectador a la vez que lo obliga a tomar parte, a reflexionar sobre lo que está viendo. A dar un segundo veredicto que corrija el error de la historia.

El cine de la norteamericana alcanza un pico en las escenas que describen con intensidad la represión policiaca, que parece motivarse más en el odio racial que en el respeto de la ley. Esa policía se expresa a través de la tortura, generando una sensación de desamparo, de vida en peligro. Muestra no solo el método policial sino también encierra la acción de manera tal que transforma al público en un único testigo de lo que pasa. Bigelow obliga a mirar, en consecuencia, a tomar parte. No hay duda que también direcciona la posición que debe tomar el espectador. Seguramente es la correcta.


Estamos ante otro gran film de la directora norteamericana, con un tema que no pierde actualidad. Los problemas de las minorías raciales, de las corrientes migracionales, que vuelven a ser problema en el mundo actual. La película constituye un toque de atención al respecto. Es un llamado a la buena voluntad, a la corrección política, a la necesidad de prevenir antes de curar, a que no solo importen los fines sino también los medios y las formas. El film recuerda con vergüenza un hecho real que tal vez haya sido el principio de la integración racial en los Estados Unidos. Demuestra que nada fue gratuita. Casi un año más tarde moriría asesinado Martín Luther King, extraordinario pacifista líder de ese movimiento. El solo episodio que describe esta película dejó heridos y muertos que aun llora la humanidad. Que no se repita.

viernes, 9 de febrero de 2018

15:17 TREN A PARIS de Clint Eastwood

LOS HEROES ANÓNIMOS

Clint Eastwood es el más grande director norteamericano con vida. Un hombre cuya trayectoria comenzó en la televisión protagonizando series y que más tarde se transformó en el actor de cine más taquillero de su época. Después de un corto paso por Italia donde se constituye en el actor por antonomasia de los “espagueti westerns”, es dirigido casi consecutivamente por dos de sus más influyentes maestros: Sergio Leone y Donald Siegel, accediendo más tarde a dirigir sus propias películas.

El cine de Eastwood abreva en el más puro clasicismo americano, el de los padres fundadores del western como John Ford y Howard Hawks. Por clasicismo entiendo el mantenimiento de las formas y la prevalencia de la historia como columna vertebral de la película. El director moderniza aquel cine, lo actualiza, poniendo énfasis no solo en el cómo contar la historia sino transforma al hombre, al ser humano como actor absoluto en el imperio de la realidad. Esa idea de recreación de la realidad lo lleva esta vez a un extremo en la que los mismos actores de la realidad ocurrida son los actores de la película que recrea Eastwood.

Mi primera visión de Tren a Paris me dejó sabor a poca cosa, como que el maestro se tomó más tiempo que el necesario para describir personajes desde su infancia hasta su adultez para finalmente convertirlos en héroes casuales. A pesar de ello, inevitablemente, salimos del cine pensando sobre lo que hemos visto, una nueva vuelta de tuerca sobre los héroes circunstanciales: Sully el año pasado, Chris Kile en El Francotirador, su propio Walt Kowalsky de Gran Torino, ni que hablar de su Bill Muny de Los Imperdonables.
Cuando repasamos lo que hemos visto, rearmamos la película, y comenzamos a reflexionar, vemos las cosas de otra manera. La historia de Eastwood nos remite a un hecho real, un atentado en un tren en pleno viaje de Ámsterdam a Paris. Pero también nos cuenta la historia de un trio de héroes anónimos. 

La película de Eastwood nos señala que vivimos bajo un estado de amenaza y que no siempre los Estados tienen la capacidad absoluta para protegernos de terroristas individuales que aparecen de la nada como fantasmas con la intención de hacer el mal. El film no habla directamente de terrorismo, mucho menos de política. Por el contrario, lo muestra como un hecho casual ante un estado de indefensión absoluta que se haya en expansión y que se aleja cada vez más fuera del control del Estado.

En esa situación, describe la vida de tres jóvenes americanos, incluso algunos de ellos con problemas de conducta como el déficit de atención escolar cuando eran niños, a los cuales les cuesta pasar las metas regulares de enseñanza, y más tarde incorporarse a la vida laboral.  No obstante, ellos serán los héroes de la película.

Acá es donde el maestro nos deja pensando. La garantía de seguridad por parte de los Estados ha desaparecido. El terrorismo ataca como un fantasma. Busca crear el caos y la confusión. De repente, aparecen los héroes anónimos. Ellos, y no las fuerzas de seguridad, terminan enfrentando al mal.

El discurso de Eastwood no es político. Es filosófico. Su film no busca razones ni interpretaciones de la realidad. Es seco y contundente. A toda acción le corresponde una reacción. Dicha reacción, comienza a ser espontanea. Responde al propio instinto de supervivencia dado el carácter fantasmal de la amenaza.  Cada cual reaccionará como pueda. Estamos volviendo a los viejos tiempos del Far West donde imperaba la ley del revólver y las personas se transformaban en leyendas.

El viaje en tren de Ámsterdam a Paris será un infierno para unos, y una gloria circunstancial y efímera para otros. Son los tiempos que nos tocan vivir, reflexiona el viejo maestro. El enemigo es invisible y está al acecho. La autoridad del Estado no alcanza para combatir una amenaza que ha dejado de ser frontal para convertirse en fantasma.


La película rescata una situación paradojal. Niños con déficit de atención, adolescentes solitarios con trastornos de conducta, adultos a los que les cuesta insertarse en el ámbito laboral, terminan transformándose en héroes como consecuencia de un hecho terrorista del cual salen ilesos. La misma sociedad que los rechaza, los transforma en celebridades. ¿Cuáles son los valores, las destrezas que aplican a la actual sociedad? El final con la condecoración de los héroes en el Palacio del Eliseo en Paris, vestidos como turistas fuera de todo protocolo, nos habla claramente que muchas más cosas que las que pensamos están cambiando seriamente aunque no todo parece conducir a generar condiciones de vida para un mundo mejor. 

lunes, 5 de febrero de 2018

EL TESTAMENTO de Amichai Greenberg

MATERIALISMO VS. ESPIRITUALIDAD

Estamos ante la ópera prima de Amichai Greenberg, un joven guionista y director israelí que con su película El Testamento se alzó con el premio mayor del Festival Internacional de Cine de Haifa.

Greenberg desarrolla una ficción partiendo de una realidad en la que denuncia la colisión que origina el desarrollo de complejos inmobiliarios en los lugares sagrados donde existen tumbas colectivas a raíz de grandes matanzas de seres humanos desarrollados durante el Holocauto en la Segunda Guerra Mundial,  inspirándose en hechos reales en ocurridos en Rechnitz, Austria, a fines de marzo de 1945, cuando unos 200 judíos húngaros fueron asesinados.  

El personaje del film es una mezcla de abogado e investigador que quiere evitar la construcción de un country en Austria dado que sospecha que en ese lugar ocurrió una matanza colectiva. Su propósito final de conservar la memoria e impedir que el avance de la modernidad pase por sobre esos lugares construyendo complejos habitacionales y recreativos con el solo fin de generar resultados económicos.

El film rescata las posiciones más conservadoras orientadas al respeto de esos cuerpos que deben descansar en paz alejados de todo fin materialista que solo busca lucrar con el precio de la tierra y la vista del lugar, transformándose en un thriller cuasi metafísico entre lo que es el avance de un juicio contra un complejo en construcción contra el avance de una investigación que necesita probar que efectivamente en dicho lugar se conservan los cuerpos de 200 personas muertas por el atropello nazi cerca de un campo de concentración.

Es interesante destacar el delicado equilibrio entre las cuestiones espirituales y materiales que plantea, y sobre todo, respecto de la posición de mantener una memoria siempre viva sobre los vergonzosos hechos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial, proyectando la cuestión  hacia nuestros días, donde la sociedad líquida que vivimos parece desechar todo tipo de respeto por el pasado avasallando la espiritualidad en nombre del materialismo, el progreso, la modernidad, y especialmente, el negocio.

Muy bien realizada, guionada y actuada por Ori Pfeifer en papel de Yoel, nos reserva una vuelta más de tuerca hacia el final que no vamos a develar que otorga al film un carácter ecuménico que revaloriza los valores espirituales y los lazos de hermandad entre las distintas colectividades, haciéndonos recordar que no todo es como parece, y que los testimonios conservan su valor aún mucho después de los hechos ocurridos.

viernes, 2 de febrero de 2018

THE POST de Steven Spileberg

LA PRENSA: CUARTO PODER

En The Post Steven Spielberg elige la comedia glamorosa para narrar un hecho real, de características dramáticas, ocurrido en la década del 70 en su país, los Estados Unidos de América, que dio a conocer una noticia que afectaba cuestiones de Estado que era imposible ocultar a la opinión pública. Ese destape terminó volviéndose un boomerang que se transformó en un ataque a la libertad de prensa por parte del gobierno del presidente Nixon.

Los avatares de la cuestión se observan desde el diario Washington Post que pasará a ser protagonista casi absoluto de la revelación de los acontecimientos narrados. Diario centenario fundado en 1877, después de atravesar distintas contingencias durante más de 70 años, es dirigido por la familia Graham. En 1964 se suicida Philip Graham, su director ejecutivo. Consecuencia de ello, su esposa Margaret toma la dirección del diario, enfrentándose rápidamente a un gran dilema: el cierre el diario, su venta, o su capitalización.

La narración se inicia en esos difíciles momentos en que lo propietarios del diario deciden seguir adelante y para ello necesitarán entrar en la bolsa de comercio de Nueva York, concretar una emisión de acciones, recapitalizar la compañía, cambiar el perfil del diario, y eventualmente, tener que despedir personal. Todo ello estará a cargo de Margaret Graham justo en un mal momento de la historia: El Presidente Nixon quiere profundizar la Guerra en Vietnam y tiene gran parte del país en contra. Por otra parte, el New York Times está en su mejor momento y mantiene una agresividad informativa contra el gobierno, lo cual le da buenos réditos.

Spielberg utiliza toda su experiencia cinematográfica decidiendo realizar una comedia glamorosa sobre los márgenes del poder justo en un momento en el que el drama de la guerra que vive el país comienza a mostrar sus estragos más adversos.

Para ello convoca a dos grandes estrellas de Hollywood: Meryl Streep y Tom Hanks. La primera asume el papel de Margaret, la directora del WP, y el segundo, el de Ben Bradlee, su editor en jefe. Un hombre experimentado y con agallas que siempre quiere ir al frente porque tiene claro que su función es informar.

De la mano de Spielberg, la Streep y Hanks se mueven como peces en el agua. Es la primera vez que la señora trabaja con el maestro, pero con Hanks es diferente: ya lo han hecho anteriormente en tres oportunidades y todas con gran éxito: Salvando al Soldado Ryan, Atrápame Si Puedes y Puente de Espías. La experiencia y la química entre ellos funcionan a la perfección. Aquí no habrá ni rivalidad ni amorío para sostener la pelicula. Ella será una mujer de libre pensamiento que ha sido criada para tomar decisiones. Él será su espada, la cara editorial de una empresa periodística que manejará a una veintena de escritores que revisaran archivos secretos a los que transformarán en artículos de primera plana y en consecuencia, pondrán al gobierno al borde del ridículo.

Los hechos son conocidos: El New York Times publica primero. El Gobierno replica yendo a la Corte de Justicia. Se secuestra la edición del diario. El Washington Post contrataca publicando su versión. La Corte Suprema avala las publicaciones. Las primeras planas se suceden. Spielberg lo logra otra vez. Relata un pedazo crucial de la historia americana del siglo 20 con total economía de medios y una rigurosidad histórica basada en hechos periodísticos de los dos diarios liberales más importantes del mundo, y la platea entera estalla en un cerrado aplauso cuando la palabra fin anuncia que Don Steven ya lo ha dicho todo, de la mejor manera posible, nos ha brindado un conjunto de actuaciones memorable, ha reconstruido una época con el esplendor y el glamour de las altas esferas, ha entretenido contándonos una historia conocida pero siempre apasionante, y ha dejado por sentado que la libertad de prensa responsable es una de las patas de un trípode junto a la libertad de expresión y la libertad de pensamiento que impide el atropello de los poderes de Estado.


No estamos frente a un film documental pero estamos ante un film documentado. Al igual que en sus otras basadas en hechos reales: Múnich (2005), Lincoln (2012), hay en el film una enorme libertad de expresión para analizar y mostrar los acontecimientos ocurridos en aquellos días nefastos donde la guerra generaba malas noticia a diario, y el Gobierno Americano se deslizaba a través de una pendiente peligrosa en la cual se ponía en juego la concordia social. Estamos ante un gran manifiesto que recalca la necesidad de mantener la libertad de expresión como un cuarto poder que hace al equilibrio de poderes. Spielberg lo hace a su manera. No es haciendo un gran discurso ni un gran ensayo. No se mete con la literatura. Lo suyo es puro cine, imágenes en movimiento que mediante actuación, fotografía, música y montaje recrea una situación histórica de la mejor forma posible. Sencilla y eficaz.

sábado, 27 de enero de 2018

LA APUESTA MAESTRA (MOLLY´S GAME) de Aaron Sorkin

AL FILO DE LA LEY

Esta es la primera película de Aaron Sorkin como director. No obstante ello, como guionista tiene una dilatada carrera que registra la autoría de películas tales como Cuestión de Honor (1992); Mi Querido Presidente (1995); La Guerra de Charlie Wilson (2007); Red Social (2010), Moneyball  (2011); Steve Jobs (2015); y  The West Wing (1999-2006) para la TV. La diversidad de sus temas, la versatilidad de su pluma, un estilo basado en la velocidad narrativa y el dialogo sostenido, la inteligencia con que ha descripto sus personajes imaginarios y reales le han dado, ahora, la oportunidad de dirigir cine a los 57 años.

El guión de Sorkin plantea una cuestión muy interesante que es la relación entre la moral y la ley. La moral es dictada por nuestra conciencia y está fuera de toda autoridad. Responde a la presión de la razón sobre la voluntad. Por otro lado, la ley es un conjunto de normas dictadas por la sociedad a la cual el hombre se somete. Entre ambas se establece una brecha en la que priva la libertad de hacer. En ese marco ocurren las transformaciones laborales generadas por los nuevos trabajos producidos por la evolución de las sociedades modernas, debido mayormente a cambios tecnológicos que han originado la mutación de una sociedad industrial en una sociedad de servicios. Es allí donde la protagonista desarrollará sus capacidades y virtudes haciendo valer sus conocimientos.

Al principio, el guión se concentra en la juventud de Molly, la cual está marcada por la relación con su padre, un psicólogo que sueña con una hija esquiadora que por un accidente queda tempranamente fuera de las pistas de sky. Consecuencia de ello, se concentrará en el estudio de las matemáticas con muy buen dominio de las planillas de cálculo. Después de graduarse, comenzará a aplicar sus conocimientos como asistente del regente de un garito de juego, y meses más tarde, comprenderá que debe abrir su propio garito. Uno de alto nivel. Ira de menor a mayor para terminar siendo la reina del juego clandestino en la ciudad de Nueva York, debiendo soportar un juicio por violación de leyes federales.

Sorkin se pregunta qué es legal y qué es ilegal en este nuevo mundo. Allí, en los márgenes de la sociedad, donde el imperio de la ley queda desdibujado a raíz de falta de legislación acorde con los nuevos tiempos, donde la actualización tecnológica se lleva todo por delante, en esas grietas, esas zonas grises que genera el cambio, aparece la posibilidad del negocio. Un negocio que se realiza al borde de la ley. Que no la transgrede pero casi la viola. En ese lugar, Molly encuentra cientos de nuevos millonarios que se desviven por perder sus fortunas jugando al póker. Allí encuentra su negocio. Darles un lugar, privacidad, financiarlos, y hasta comprender sus penas.

El problema de la película es que contada a toda velocidad deja poco espacio para reflexionar sobre la marcha. Ese es el estilo de la pluma de Sorkin. Es tanta la información que suministra que cuesta procesarla. Cuando el que dirige es otro, ese otro pone la pausa.
Pero con Sorkin dirigiendo, no hay pausa. De la frustración de la esquiadora a la empresaria exitosa solo hay un paso. El mismo paso que hay entre los límites morales y los límites legales. Preparada para ser una ganadora en el deporte, termina siendo una empresaria poderosa en el mundo clandestino del juego. No obstante, entre ambas cuestiones, hay algo en común: el riesgo. Molly siempre vive al límite. Es la vida tomada como un riesgo permanente. Siempre a 1000 revoluciones por minuto. La necesidad de las pastillas y las drogas para mantenerse despierta. La adicción como combustible de la vida.

La relación con el padre es tema aparte. Psicólogo de profesión, trainner de sky como hobby, vive pendiente de la evolución de su hija como esquiadora profesional en salto libre. La frustración que siente ante el accidente de su hija es mayor al dolor que siente su propia hija ante la rotura de sus vertebras. Ese sentimiento confuso deja a Molly en una situación de deuda con su padre. Nunca podrá ser la esquiadora que su padre pretendió formar con mucho ahínco. Pese a lograr su independencia económica, Molly no supera esa relación confusa que mantiene con su padre. Sorkin resuelve el problema lejos del drama con una escena de una disparatada sección de psicoanálisis nocturno en el Central Park transformando a la película en una montaña rusa de sentimientos encontrados que se desliza peligrosamente hacia el disparate tragicómico.

Jessica Chastain es Molly Bloom, un rol hecho a su medida que calza perfecto con su perfil como actriz. Mujer de carácter acostumbrada a actuar personajes fuertes. Sus roles: la Agente Maya de La Noche Más Oscura (2012), la Astronauta Melissa Lewis en Marte (2015), la Elizabeth Sloane  de El Caso Sloane (2016) representan a la mujer moderna, integrada al mundo laboral, dentro de una sociedad de servicios. Kevin Costner, como su padre, se toma con solfa el papel y da al film el carácter tragicómico que Sorkin no se atreve a definir.


Película visceral del Sorkin (al igual que todos sus guiones), escarba hasta la médula del personaje, lo analiza, lo desarrolla, lo comprende, lo deja actuar y expresarse por sí mismo. Nunca lo condena. Eso, si corresponde, será tarea para el espectador, quien siempre tendrá la posibilidad de sacar sus propias conclusiones dado que el director le dá la oportunidad de conocerlo íntimamente aunque, como en éste caso, quede algo confundido por la vorágine que ha presenciado. Podríamos decir que Molly´s Game es una gran tragicomedia sobre una mujer del siglo 21 que pretendió tocar el cielo con las manos pero apenas logro deslizarse sobre el filo de la ley.

martes, 23 de enero de 2018

EL PASAJERO (THE COMMUTER) de Jaume Collet-Serra

PASAJEROS EN UN TREN

Aunque siempre parezca la misma película y la crítica diga que Colle-Serra se repite, lo cierto es que cada entrega suya sorprende por la solidez técnica de los guiones que elige y la enorme capacidad que tiene como director para transformarlos en películas capaces de entretener y atrapar con sus relatos.

Transitando el cine de misterio, acción y suspenso, inició su carrera con La Casa de Cera (2005) y se consolidó con La Huérfana (2009), un relato de terror soft que provocaba ciertos estremecimientos. Pero su entrada definitiva al cine internacional se produjo cuando se juntó con Liam Neeson y comenzaron a realizar una serie de películas (Sin Identidad, 2011; Non-Stop, 2014 y Una Noche para Sobrevivir (2015) que sirvieron para que Collet-Serra adquiriera experiencia en la realización y Neeson saliera de un cono de sombras en el que había entrado a los 60 años consolidándolo ahora como héroe de films de súper acción.

Antes de realizar el pasajero, Collet-Serra dio muestra de su capacidad y maestría con Infierno Azul (2016), un film sorprendente por su rigurosidad narrativa, su capacidad para generar suspenso y mantener el ritmo del relato. Ahora vuelve a formar dúo con Neeson y regresa con un thriller que se puede interpretar como una vuelta de tuerca sofisticada de Non Stop, pero donde Collet-Serra saca definitivamente patente de maestro en el género.
Lo suyo no es un cine de autor en el sentido tradicional de la palabra. Serra no firma ninguno de los guiones de sus películas, pero sus películas llevan su inconfundible sello propio. En este caso, ubica a su personaje Michael Mc Cauley en la afueras de Nueva York. Es un hombre de 60 años, felizmente casado, con dos hijos, ex policía, ahora vendedor de seguros. Todos los días de su vida va y vuelve hacia la Gran Manzana en un tren suburbano. El día en que trascurre la acción, recibe la noticia que se quedó sin trabajo. La vuelta a casa será una pesadilla que hace recordar a Después de Hora de Martin Scorsese pero filmada al estilo de Collet-Serra.

El director encierra la acción en el tren poco después que su personaje termina un pésimo día con un after hour en el cual recibe el aliento de sus amigos. A pocos minutos de la salida del tren, una mujer atractiva y sospechosa se sienta frente al protagonista y le hace una propuesta básicamente económica. Hacer algo indeterminado a cambio de dinero. Lo que tendrá que hacer es un misterio que se develará durante el viaje. A partir de allí, la acción será imparable. Todo ocurrirá dentro del tren, la mayor parte, en un mismo vagón. Dentro de ese vagón es donde Collet-Serra demuestra lo gran director que es. Todos los detalles de puesta en escena, recursos de montaje, la música ambiental, los giros de cámara, en fin, todos los recursos que necesita los utiliza sabiamente y con honestidad. También es cierto que más en más de una escena filmó con maquetas o en estudios. Pero el resultado obtenido es óptimo. Entretenimiento en estado puro proveniente de una anécdota creíble y misteriosa.

Hay en este film cierto tufillo hithcockiano. En su propuesta, hace recordar a Extraños en un Tren. No obstante ello, lejos está el cine de Collet-Serra del maestro del suspenso. Collet-Serra apuesta por la acción desde el principio del film y no abandona su apuesta hasta el final. Lo que en Hitchcock es sutileza en el director español es contundencia.

No caben dudas que El Pasajero es un film realizado con el propósito de entretener y logra su cometido desde principio a fin. El dúo que comparte el director español con el actor Liam Neeson nació y desarrolló ese propósito. Pedir algo más allá de la honesta propuesta de cine de súper acción ofrecida por el dúo sería pretender querer ver un film que nunca hicieron y que tampoco quieren hacer. No obstante, su entretenimiento deja pensando acerca del estilo de vida americano, el llegar a los 60 años con una hipoteca importante sobre la casa, verse ante la necesidad de pagar una matrícula para un hijo que comienza la vida universitaria… Dejémoslo allí. Esa podría ser otra película.

domingo, 21 de enero de 2018

TRES ANUNCIOS PARA UN CRIMEN de Martin McDonaugh

¿JUSTICIA POR MANO PROPIA?

Estamos ante la nueva película de Martin McDonaugh, el guionista y director inglés que llamó la atención con Escondidos en Brujas en 2008, y Siete Psicópatas en 2012, siempre acompañado por el dúo de productores que componen Peter Czermin y Grahan Broadbent. En este caso, se trata de una producción independiente filmada en los Estados Unidos con la participación de Fox Searchlight en la distribución.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri trata sobre un episodio ocurrido en un pueblo de muy pocos habitantes en el centro mismo de los Estados Unidos, donde reina la desidia, un estado de ánimo que solo muestra desgano, falta de interés o descuido para hacer las cosas. La descripción de la situación, no obstante su precisa localización geográfica, parece alcanzar difusión insospechable, a tal punto que si la acción ocurriera en un pueblo de nuestro país, podríamos pensar que la situación sería la misma.

En ese ámbito que solo genera impotencia, estalla la violencia a través de la puesta de tres carteles en la ruta por que piden respuestas a una madre cuya hija adolescente ha sido violada y asesinada, cuyo crimen ha caído en la impunidad de la nada, y que finalmente, a causa de los carteles, darán lugar al escándalo que permitirá que la denuncia comience a moverse.

Es que en medio de la desidia también anida la corrupción, el no te metas, el mirar para otro lado, el que me importa si total a mí no me toca. Y lo peor es que la policía del pueblo y los jueces del condado no son ajenos a ello.

Estallará el escandalo porque detrás del no hacer nada crece la ira de una madre que ha perdido a su hija. Ante el hecho irreparable, solo pide justicia. Es consciente que nadie le devolverá a su hija, pero quiere saber quién o quiénes son los culpables y que paguen por lo que han hecho. A falta de acción policial e inacción de la justicia, prevalecerá, entonces, la justicia por mano propia. Pareciera que solo en los extremos se despierta la conciencia social. En ese momento, también estallará el escándalo.

Éste, una vez desatado, traerá consigo los remordimientos de conciencia, el darse cuenta que a cada uno desde su rol social le cabe una responsabilidad sobre la que debe dar respuestas. Aparecerá también la culpa como motor movilizador de la justicia. En el medio algunos justos pagarán por pecadores, y algunos pecadores lograran la redención de sus pecados, pero ya nada podrá ser como era antes. Nadie devolverá la vida a la joven muerta.

McDonaugh dirige el film como mano firme y sin lugar a dudas consigue su mejor film tanto como escritor como director. El guión está estupendamente escrito. En líneas generales mantiene una linealidad con un solo salto hacia el pasado que está perfectamente integrado al relato. Al transformarse en película, las imágenes mantienen contundencia y logran expresarse por si mismas acompañadas por un grupo de excelentes actores que dan vida y credibilidad a cada uno de sus personajes. El director tensiona y distiende el relato volviéndolo compulsivo en un crescendo que alcanza un pico en la escena del ataque de características terrorista a la estación de policial local como si las razón solo se pudiera imponer por la fuerza y la toma de conciencia solo fuera el resultado de esta presión.

El film asume un tono de farsa que parece desenvolverse en un mundo del revés donde la situación que describe se transforma en una pesadilla dado que ante el crimen todo parece seguir igual, como si nada hubiera pasado, como si investigación, juicio y castigo no existieran en Ebbing, Missouri.

Tal vez por la presencia de Frances McDormand, estupenda en el papel de Mildred Haynes, un papel que seguramente le traerá más de una satisfacción, el film parece imbuido dentro del espíritu burlón de los Hermanos Cohen. El film transita la vía del absurdo y de la incoherencia de las acciones de sus personajes con la misma facilidad que se transita en películas como Fargo, Sin Lugar para los Débiles, Hermano, Dónde Estás?. O Quemar Después de Leer. No obstante ello, el film de McDonaugh respira por sí mismo, tiene su personalidad, su propia impronta.

Tres Carteles... es un film molesto que incómoda nuestra neutralidad de meros espectadores, que nos retrotrae a un mundo de injusticia en el que pagan justos por pecadores. A pesar de ello, no plantea una cuestión religiosa sino una de índole social donde los delincuentes que deben ser encontrados, apresados, llevados a juicio, someterlos a un veredicto, y obligados a cumplir una sentencia, no aparecen porque no se buscan. Estamos ante un film que muestra una sociedad injusta y carente de igualdad. 

El final, ambiguo como todo el film, nos deja regurgitando lo visto. Mildred y Dixon (gran trabajo de Sam Rockwell) viajan en auto hacia Idaho para seguir buscando al violador. Será para matarlo o tan solo detenerlo. No tienen una decisión tomada. Está claro que han tomado la justicia por su cuenta. Ha llegado la hora de hacer justicia por mano propia?

martes, 16 de enero de 2018

PEQUEÑA GRAN VIDA (DOWNSIZING) de Alexander Payne

UN TRASPIE QUE NO ES CAÍDA

Alexander Payne es el gran guionista y director de Entre Copas, Los Descendientes y Nebraska, por citar tan solo sus trabajos que más me gustaron y por otra parte lo hicieron conocido o le dieron la fama que hoy le permite trabajar con un gran presupuesto para la Paramount en esta nueva y floja nueva película suya cuyo título en castellano no traduce literalmente el fenómeno de empequeñecimiento del cual verdaderamente trata la película. Un film que con ritmo de comedia bien podría instalarse en la ciencia ficción.

El film dura 2 horas y 15 minutos, pero lo único rescatable e interesante son los primeros 30 minutos donde plantea el tema de la miniaturización. Después de eso, la nada. La idea es que los miniaturizados se vuelven ricos porque consumen solo una centésima parte de lo que les demanda una vida normal. Pero como mantienen sus recursos, la miniaturización es negocio puro. En lugar de trabajar pueden dedicarse al ocio. Sus vidas, entonces, se vuelve disipada y viven de fiesta en fiesta aunque en esa pequeña sociedad de la abundancia se mantienen las diferencias sociales. Es decir, algunos son más ricos que otros.

Si el film pretende ser una crítica contra el capitalismo más salvaje, me parece un tanto ridícula. La sociedad de la abundancia que aparece en el pequeño mundo ideado por Payne es un sinfín de fiestas, baile, sexo, drogas, y alcohol. Parece una sociedad ociosa en la que cabría preguntarse hasta qué punto puede llevarse una vida de puro gasto sin renovar recursos. Claro esta que esta pequeña sociedad convive con la sociedad normal, en las que las diferencias sociales y las necesidades básicas continúan con alarmantes signos de insatisfacción que de alguna manera bien podría estar siendo financiada por los recursos ociosos de la sociedad miniaturizada. Pero esto es una simple especulación propia, la película ni siquiera lo insinúa.


En el tercio final, Payne se sumerge en el misticismo religioso y sus personajes emprenden una especie de viaje hacia la tierra prometida y la búsqueda de su creador, el físico noruego. La película de ciencia ficción que comenzamos viendo es ahora un film pretendidamente místico. La película cae en una nada bastante preocupante tratándose de un escritor y director tan notable como Alexander Payne. Deseo que sea solo un traspié de alto presupuesto. Con mucho, pero mucho menos, había logrado películas notables.

viernes, 12 de enero de 2018

ASUNTOS DE FAMILIA de Maha Haj

LA TRANQUILIDAD APARENTE

Primer largometraje de la escenógrafa, escritora y directora Maha Haj, una mujer nacida en Nazaret en 1970, lugar donde además, ocurre la acción de la película. Como antecedente inmediato, podemos apuntar que Maha Haj ha trabajado como escenógrafa de Elía Zuleiman, el director palestino de Intervención Divina (2002).

La acción transcurre en Nazaret donde vive una pareja de ancianos que tienen tres hijos, uno que está radicado en Suecia, y espera la visita de sus padres.  En Ramallah, a unos 90 km de Nazaret, vive los otros dos: Tarek, el eterno hijo solterón y su hermana, quien está embarazada a punto de tener familia mientras su marido, un mecánico de autos, ha conseguido un trabajo como actor en una película americana que se está filmando, y que pareciera ser la contracara de la película que estamos viendo.

El film se plantea como una comedia situacional regido por un humor muy fino que bordea lo absurdo. Es que esas vidas familiares separadas por unos pocos kilómetros de distancia están retratando unas condiciones que sumergen la vida en un estado de violencia bajo la apariencia del respeto por la ley bajo la cual impera una situación política incierta que condiciona la vida tanto de un lado como para el otro, toda vez que alguna escaramuza de carácter terrorista es respondida del otro lado con el poder de la violencia.

La pintura de Maha Haj, con mucha ironía e inteligencia, transforma esta situación tensionada en un retrato casi bucólico de la realidad donde la alienación de los personajes aparece en todo momento generando una situación levemente desestabilizante de un estado alterado por la naturaleza del conflicto que subyace inevitablemente en la vida de cada uno.

Con un tema delicado, la directora sabe ordenar sus fichas para que su mensaje quede claro, sin que se preste a confusión alguna. Los personajes de Haj son educados, tienen posibilidades de trabajo dentro y fuera del país, pero el amor por su tierra, sus vínculos familiares, sus amigos, la gente con la que han convivido años de guerra los hacen elegir por quedarse. En ese quedarse, radica el conflicto individual en medio de una situación en la que los violentos practican terrorismo y los pacíficos el “no te metas”, generando una sociedad desigual y frustrante llena de límites, fronteras y hasta muros interiores.


Maha Haj dirige el film con mucho tacto, utilizando un medio tono que apenas genera una sonrisa en el espectador pero nunca una carcajada. De la misma manera maneja el polo opuesto. Cuando la cuestión se acerca a la tragedia, aparece la situación risueña, vuelve a reinar la comedia y el film recupera su equilibrio.

sábado, 6 de enero de 2018

LA RUEDA DE LA MARAVILLA (WONDER WHEEL) de Woody Allen



SOBRE LA FRUSTRACION Y LA CULPA

Hace unos años, intenté clasificar el cine de Woody Allen. En aquel momento afirmé que su cine se instalaba en la comedia americana pero que en su obra se podía encontrar 5 tipos de subrtramas e incluso algunos dramas. Pero de las 47 películas suyas estrenadas hasta ayer, ninguna se instalaba en la tragicomedia como lo hace “Wonder Wheel”.

Este nuevo Allen vuelve a las raíces más profundas del mejor teatro americano moderno. Tal como lo había hecho unos años atrás en Blue Jasmine, en la que se inspiraba en la obra de Tennessee Williams Un Tranvía Llamado Deseo, su nueva película abreva no solo en éste autor sino también en Eugene O`Neill y Arthur Miller, la trilogía de autores que describieron el sentimiento de la decepción en la posguerra, escritores que adhirieron al llamado realismo americano.

Es que su protagonista Ginny, una magnifica Kate Winslet, es una hija dilecta de aquel teatro y bien podría haber salido de la pluma de cualquiera de esos tres grandes escritores teatrales americanos. La diferencia es que ellos transitaron el drama, y Allen suaviza este drama con toques de comedia simplemente porque su visión de la vida es menos dramática que la de aquéllos.
Ginny es una actriz fracasada con un hijo piro maníaco de unos 10 años, abandonada por su marido, que trabaja de moza en un bar en Coney Island. Ahora vive una vida marital sin expectativas con el bueno de Humpty (Jim Belushi), a cargo del carrusel de la playa y mantiene un romance paralelo con el guardavida Mickey (Justin Timberland). La llegada de Carolina, la hija de Humpty, de unos 30 años, alterará el estado de las cosas.

Lo que hasta aquí Allen presenta es una típica comedia costumbrista heredera de sus recuerdos de infancia que tiene un enorme parecido a Días de Radio (1987). Pero a partir de la llegada de Carolina, la comedia se transforma en drama y la vida de Ginnny comienza a alterarse, se convertirá en el centro del relato, y la historia entrará de lleno en la tragicomedia.

La película, entonces, se transforma en el drama de la mujer a los 40 años, esa edad en la que todavía uno se siente joven pero a la vez comienza a sentirse viejo y a pensar que la vejez no está tan lejana. Podríamos llamarle la medianía de la vida. Ese momento en que uno se da cuenta que aún esta con el pescado sin cocer. Pero también podría ser la de la aceptación de la mediocridad, dado que esta en el justo medio por naturaleza, porque no sabe ni puede hacer otra cosa, porque comienza a carecer de ambiciones, de energías, a controlar sus impulsos, ajustándose a lo que debe ser, a conformarse con lo que se es como si fuera un mandato al que ya no se puede modificar.

Kate Winslet aprovecha la pluma prodigiosa de Allen y a partir de ese momento se trasforma totalmente en Ginny y se apodera de la película haciendo una de sus más notables actuaciones de la mano del genio. Se acabarán los sueños y será una mujer termina por aceptar que lo que le propone la vida es simplemente seguir peleándola.
Allen se da el lujo de volverse genio en la playa que lo vió nacer. Su mirada de la vida esta vez se opaca, se vuelve agria, negativa como la de sus admirados escritores de posguerra pero no pierde lucidez. Las tonalidades del film se tornan cada vez más rojizas, en las que predomina el color ocre de la mano de Vittorio Storaro, un fotógrafo italiano cuya genialidad está fuera de toda discusión, y que envuelve todo con los colores del atardecer como resignándose a que el fin del día y de la vida está envuelta en ese color. Recordemos que Don Vittorio se dio el lujo de fotografiar El Conformista, Novecento y Último Tango en Paris (la tres de Bertolucci), y Appocalysis Now de Francis Ford Coppola. También el año pasado había comenzado a colaborar con Allen haciendo Café Society. Un lujo que se da el pequeño genio que siempre trabajo con grandes directores de fotografía: Carlo di Palma, Gordon Willis, Sven Nykvist, entre otros.

Esta vez estamos ante un Allen algo más pesimista, posiblemente más realista, como siempre poco creyente, pero con su eterna pluma prodigiosa delineando un fresco sobre las expectativas en la medianía de la vida en los márgenes de la gran ciudad. También un gran retrato sobre la vida de los “loosers”, de los “borders” en los años 50, una crítica social poderosa mostrando que esa economía del bienestar que procuraba el fin de la guerra no iba a ser igualmente repartida para todos.


En su opus 47, Allen realiza un film lucido y ácido que se vuelve una cosa seria. Para algunos, la falta de un humor constante, será un motivo de crítica. Para otros, será un motivo para la meditación. Estamos ante otro gran film de Allen que elige el camino de lo tragicómico, es decir, no llega a ser uno de sus grandes dramas (Interiores, Una Mujer), tampoco es una de sus grandes comedias (Annie Hall, Hanna y sus Hermanas) pero se acerca a esas películas insoslayables como Crímenes y Pecados o Match Point, donde la toma de conciencia sobre la culpabilidad marcan un antes y un después.

martes, 2 de enero de 2018

EL DÍA DESPUES de Hong Sang –Soo


LA PRESENCIA DE LA AUSENCIA

En este sentido, la película trae reminiscencias de Truffaut, uno de los padres de la nouvelle vague francesa, autor de la serie de Antoine Doilen, cuando la pareja, ya casada, comienza a sentir los primeros signos del desgaste de la vida matrimonial. Sang-Soo comienza el film en la casa del protagonista que recién levantado de la cama está tomando el desayuno en la cocina, cuando de pronto, aparece su mujer con ese tacto tan femenino intuyendo que algo anda mal en la vida de su marido. No se equivoca. 


Lo que sigue es un día en la oficina de ese hombre, un editor y escritor de libros en un lugar donde prevalece la literatura por sobre todas las cosas. Un lugar que da lugar a las fantasías, los affairs, los engaños, y hasta las sorpresas.


Es como si Sang-Soo dividiera la vida de las personas entre su casa y su trabajo donde la casa es el reino de la mujer y la oficina el del hombre. Lo que no está permitido en un lugar, tienen piedra libre en el otro. Bongwan, tal el nombre del protagonista, despierta apesadumbrado porque su amante lo ha abandonado. Su mujer lo descubre llorando en la cocina mientras toma el desayuno. No entiende que le pasa. Pero más tarde encuentra una nota en un papel e intuye el romance frustrado de su marido. Desesperada irrumpe en la oficina de Bongwan e increpa a su nueva secretaria sin saber que es la persona equivocada, una nueva empleada en su primer día de trabajo.


La comedia de Sang-Soo adquiere la fórmula de la comedia de enredos pero se encuentra lejos de Hollywood. Trascurre en una Seúl invernal acogedoramente nevada, lo cual ayuda al encierro de los personajes tanto en los lugares como en sí mismos. En ese mundo de encierro describe un lugar donde el deseo queda en suspensión producto de una acción no consensuada por uno de los personajes (el ausente), un deseo que nunca es acompañado por la pasión.


En el film el encierro otorga a los personajes un devenir permanente que pareciera situarlos fuera de todo tiempo y lugar. Los personajes de Sang-Soo viven como abstraídos en sus propios mundos, lugares donde solo existen sus pasiones y sus trabajos totalmente alejados de lo que pasa en la sociedad que los contiene.


Filmada en blanco y negro, y practicante desarrollada como una obra teatral en 3 actos con un prólogo y un final, Sang-Soo encierra a sus 4 personajes (uno de ellos permanece ausente durante toda la película), y trata de descifrar los códigos que unen y separan a una pareja poniendo especial énfasis en el deseo y la rutina.

La presencia de la ausencia es un hueco, es la silla vacía, el que falta o que no está físicamente pero está presente. Alrededor de esa figura, más allá del protagonismo de su personaje principal, está construido El Día Después, y todo girará sobre el misterio de esa ausencia que ha marcado o marcará la vida de los personajes.

Hay en el film de Hong Sang-Soo un delibrado placer en la filmación de la rutina, la repetición de la costumbre donde los personajes se mueven tratando de buscar salir de la soledad, de encontrar a un semejante, alguien parecido con quien compartir más que un momento, tal vez la vida misma.


Tal vez no sea la mejor película de Sang-Soo, pero es una oportunidad de ver su cine, un cine muy poco visto como estrenado en Argentina. Obviamente, es un film de características peculiares. Como obra de teatro está muy bien escrita, como película está muy bien actuada y muy bien filmada. Con una cámara casi fija, los movimientos de zoom producen el acercamiento a la intimidad de los personajes o su alejamiento tomando la distancia generando climas tanto de calidez como de frialdad. Por otra parte, el hecho de filmar casi constantemente en primer plano hace que no se note el encierro de la situación que plantea a la vez que subjetiva la situación de cada personaje dándole cuerpo, carnadura, una identidad que los humaniza, esa característica tan propia de todo su cine.