jueves, 20 de julio de 2017

SIERRANEVADA de Cristi Puiu


SIERRANEVADA de Cristi Puiu

LA LARGA TARDE DE LA POMANÁ

El Nuevo film de Puiu, el mismo de La Larga Noche del Señor Lazarescu (2005), es una nueva visión, y mucho más desesperanzada que la anterior, sobre la calidad de la vida en Rumania después de la caída del muro de Berlín, y sus consecuencias, tales como la caída y muerte de Nicolae Ceasescu y su régimen autoritario.

Si en “La Larga Noche…”, Puiu se adentraba en el horror de un sistema burocrático que en lugar de atender a un enfermo, por el contrario facilitaba su muerte, y desde allí generalizaba hacia el estado caótico de la herencia recibida, en su nuevo film es el miedo y el terror a vivir, la incapacidad de construir una sociedad mejor, el que se apodera de los miembros de esta familia, llevándolos a la inoperancia.

Si bien en La Larga Noche… la trama se organizaba en torno de un drama individual, y ello remitía a una cuestión social, en Sierranevada, la trama es un fresco colectivo concentrado, al borde de la teatralidad, que nos lleva a una reunión familiar (se cumplen 40 días del fallecimiento del padre y se organiza una ceremonia religiosa seguida de una cena) con la asistencia de todos los miembros de la familia en un departamento de no más de 60 metros cuadrados.

Sierranevada es un gran fresco político social concentrado en el día de la celebración de la Pomaná, la cual se lleva a cabo 40 días después de la muerte de un ser querido (en este caso el padre de la familia) y se trata de un almuerzo familiar precedido de una visita del cura de familia, el cual bendice la casa de los deudos.

El encuentro familiar generará encuentros y desencuentros familiares donde aparecerán desde los celos, las envidias, y las traiciones típicamente familiares hasta discusiones sobre los grandes temas de los cuales no solo surge la gran desazón que produjo el fracaso socialista Ceasescu, sino también  las dudas sobre el modelo neoliberal surgido a posteriori de la caída del muro de Berlín. Pero también están allí como temas de discusión de las consecuencias de las guerras balcánicas, las hipótesis sobre el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, la irrupción terrorista del Estado Islámico en toda Europa, que son tema de conversación de los hombres mientras que las necesidades culinarias, el efecto de las drogas en los jóvenes, los engaños amorosos de los maridos, y la necesidad del mantenimiento de las costumbres religiosas son temas de las mujeres concentradas en la cocina.

Los méritos de Puiu son varios. No solo la película está muy bien escrita y los temas desarrollados resultan de interés general sino que en primer lugar, esos temas van más allá de la pura discusión para adentrarnos en el clima de miedo social que se vive en toda Europa. Pero lo notable es que deja vislumbrar que detrás de ello hay un enorme fracaso que no es otro que el de la desocupación provocada por los procesos de automatización industrial dejando a millones de personas fuera del modelo de la sociedad de consumo.

Por otro lado, están los detalles de la puesta. Los cortes son pocos, casi respetando el estilo de una obra de características casi teatrales. Pero es la labor de la cámara, fija por momentos, virando hacia sus lados, yendo de primeros planos a planos medios o viveversa, es donde el trabajo de puesta en escena de Puiu como director es realmente brillante. Para ello obviamente ha contado con un grupo formidable de grandes actores. El film tiene un ritmo intenso que logra mantener el interés durante las tres horas de su proyección a la vez de proveer un entretenimiento (muy clásico en el cine rumano). En este nuevo film Puiu parece decirnos que la lamentablemente la revolución ha fracasado.


sábado, 15 de julio de 2017

ENTRE DOS MUNDOS de Miya Hatav


ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

La acción transcurre en nuestros días en Jerusalén, ciudad santa de tres religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam, donde un hombre bomba se ha estallado en un shopping comercial provocando la muerte de una persona y dejando varios heridos de gravedad. Uno de ellos, Oriel, un joven de 25 años, el cual es trasladado de inmediato a un hospital.

Es entonces, en una habitación de hospital, un encierro forzoso entre cuatro paredes, donde transcurre la historia de esta película en la que tres personas esperan durante un tiempo que Oriel, una de las víctimas del atentado, recobre el conocimiento. Es en esa habitación de hospital donde el
inteligente film de Hatav desarrolla toda su acción, recreando un micro mundo donde los personajes se vuelven arquetipos de 
diferentes posiciones frente al problema que plantea el film.

La habilidad de la puesta en escena de Miya Hatav, elude la puesta teatral y con habilidad narra en términos cinematográficos volcándose a primeros planos de caras, expresiones, manos, masajes al herido, y alguna que otra salida a los pasillos para darle respiro al espectador que se ha sumergido conscientemente en una tensión donde está en juego la vida de una persona querida más allá de las creencias.

Pero el buen guión de la propia directora, hace cómplice al espectador dándole a conocer determinada información crítica para el desarrollo de la historia que desconocen los personajes. En consecuencia, no es la historia la que cuenta, sino los comportamientos de los personajes en respuesta a los diferentes sucesos que plantea la estadía hospitalaria.

Los personajes, ante el hecho trágico, tienen diferentes actitudes frente a la vida. Oriel se ha ido de su casa para vivir solo en un barrio de Jerusalén. Sus padres se han divorciado. Su madre Bina, desde la separación de su marido ha profundizado su agnosticismo. Se ha vuelto realista y como consecuencia de ello, se mantiene consciente del estado de gravedad de su hijo. Por el contrario, Meir, su padre, necesita de su fe religiosa para sobrevivir la situación y poder apoyar a su hijo. Se apoya en forma permanente en su rabino. La tercera en cuestión es Amal, una muchacha joven que dice ser española y que cuida a un anciano de la camilla de al lado. Amal es un ser pragmático. Actúa como si tuviera conocimientos de kinesiología que le transmite a Bina y entre ambas dan calor humano a Oriel. Entre Amal y Bina nacerá un sentimiento en común para atenderlo y ayudarlo. Amal es un ser de luz que está más allá de toda la violencia, y vive concentrada en honrar la vida.

Film lacerante que muestra desde el inicio la violencia en una sociedad que no da tregua, donde todos son por igual víctimas y victimarios de una situación en la que a cada acción le sucede una reacción que por lo general siempre se inscriben en lo que podemos definir como un estado de violencia, en el que siempre la generan los más fuertes y más violentos y la terminan sufriendo los más débiles e inocentes.

La película de Miya Hatav parte de una situación real, que se vive en forma cotidiana en Jerusalén, en todo Israel y en gran parte del mundo árabe. No todo está relacionado con un mismo problema político, pero sí parece ser que todas esas situaciones encuentran una lamentable respuesta en la violencia terrorista. Y eso es lo que pone en el tapete este intimista film de Hatav, en el cual sin duda, está haciendo un llamado al dialogo y al entendimiento para encontrar la paz. En ese aspecto el drama que muestra la película encierra el problema desde un punto de vista exclusivamente humanista, donde el foco esta puesto en la vida de un hombre prácticamente destruida como consecuencia de la irracionalidad expresada en forma violenta que no es otra cosa que el fracaso de la política.

miércoles, 12 de julio de 2017

UNA SERENA PASIÓN de Terence Davies


“YO NO SOY NADIE! QUIÉN ERES TÚ?...” Emily Dickinson

A principios de los años ´80, China Zorrilla protagonizó tal vez su mayor éxito teatral. Se trataba de un unipersonal basado en un monologo de William Luce que tenía como personaje a Emily Dickinson, la poeta americana (Amherst, Massachusetts, 1830-1886). Después de tantos años, recuerdo dos cosas de aquella función. La sobresaliente actuación de China y el canto a la vida en que transformaba la poesía de aquella mujer, alguien que desde el encierro de su casa, reflexionaba sobre la existencia, sin obtener otra respuesta que algunas publicaciones en el diario de su pueblo. 


Con estos recuerdos entré al cine a ver Una Serena Pasión de Terence Davies. Del director inglés sólo había visto una película, un documental sobre Liverpool que me había gustado muchos y que se llama “Sobre el Tiempo y la Ciudad”. Un film reflexivo en cual plasmaba dos testimonios. Uno sobre sí mismo, y otro sobre su ciudad natal en los albores de este nuevo siglo.

Ahora, en su nuevo film, Davies encuentra a la poetisa Emily Dickinson en el final de sus estudios secundarios, concretamente, en el acto de graduación, cuando por primera vez queda aislada ante una pregunta de la Madre Superiora del establecimiento. Pero ese aislamiento no solo reflejará una situación, sino más bien una posición. Ella no será una pastora protestante. Por el contrario, su vida transcurrirá en la reclusión de su casa paterna, rodeada de sus padres y hermanos, tanto como una forma de observar a un mundo con el que no comulga, ni religiosa ni socialmente, como también una forma de protesta.

Formada en el puritanismo religioso protestante, tomó la religión con el respeto de los creyentes, pero comenzó a militar ideales feministas. Contraria a la Guerra de Secesión, apoyó a su padre en prohibir a su hermano su deseo de ir a la guerra, asumiendo una posición netamente pacifista. Una vez muerto su padre, se transforma en la principal voz de la familia, dado que su madre siempre había sido una mujer enferma y callada.

No obstante ser una mujer de carácter, elige la poesía como expresión de sus sentimientos e ideas, la que ejercita en la tranquilidad de las noches bajo el estricto consentimiento de su padre, quien así mismo, se encarga que alguna que otra de sus obras sea publicada en el diario del pueblo. En toda su vida no publicó más de 17 poesías. No obstante ello, su vasta obra abarcó más 1800 poemas que solo conocieron la luz después de su muerte.

El retrato de Davies sobre la Dickinson es el de una mujer que vive el encierro por voluntad propia, consciente de una inteligencia de nivel superior, admirada por toda su familia pero carente de contacto con el resto de su comunidad. Ese encierro voluntario se expresa fundamentalmente a través de la palabra escrita en esas muchas noche de insomnio, como así también asume una posición absolutamente feminista incluso dentro del ámbito familiar donde solo acepta la voluntad y autoridad paterna, y pone en ridículo ciertas actitudes machistas de su hermano. Cercano a sus 40 años comienza a padecer de problemas renales que se vuelven crónicos, y en consecuencia, acentúan su soledad. Su vida termina a los 56 años.

Davies pinta la vida de esta mujer llena de claroscuros a la manera de los grandes pintores flamencos, como esos cuadros de Jan Vermeer donde la luz se filtra a través de las ventanas generando luces y sombras como seguramente debe haber atravesado la vida de la poetisa. En este aspecto, la colaboración de Florian Hoffmeister, joven fotógrafo alemán habitual colaborar del maestro inglés, ha sido crucial para lograr la atmosfera de un film que tiende más a mostrar un alma que una vida. Incluso la película no fue filmada en los Estados Unidos sino en Bélgica, norte de Europa, donde la luz es diferente, aunque el film transcurra íntegramente en interiores. Por otro lado, la musicalización del film está también regido por lo clásico. Cuando no suenan las palabras, son Bellini, Chopin, Beethoven, Schubert, Strauss o algún tradicional de época quienes subrayan las imágenes con el siempre buen gusto del director.

Cynthia Nixon, una actriz de Nueva York con mucha experiencia televisiva y teatral, interpreta a Emily. La personificación que hace de la Dickinson es admirable. De su rostro y de sus palabras nacen autoridad, cariño, enfado, estados de ánimo por los que pasa su cuerpo debido a las diversas situaciones familiares, sociales y finalmente personales por las que atraviesa su vida.

Lejos de la Emily teatral, la del film de Terence Davies, brilla con la luz propia de alguien que pasa por la vida adelantada a su tiempo. No se trata de una evocación ni de un retrato. El film de Davies intenta y consigue, ir a la profundidad de un alma que sufre, primero porque vive una época que no le corresponde, después porque su introversión no le permite canalizar su vocación hacia un público más allá de su familia, y más tarde porque una enfermedad le quita la vida. El de Davies es un film visceral, lleno de claroscuros para mostrar la interioridad de un personaje, para llegar a su desmitificación toda vez que la obra de la poetisa ha sido descubierta después de su muerte y en consecuencia el mito se ha alzado sobre la historia misma de una vida.

sábado, 8 de julio de 2017

POR LA VENTANA de Caroline Leone



LA ACEPTACIÓN DEL RETIRO

Es muy bienvenida esta coproducción brasileña-argentina dirigida con mucho tacto por Caroline Leone, quien hace su debut en el largometraje, dirigiendo con suma atención en los detalles y rigurosidad formal.

El film se centra en la vida de Rosalía, una jefa de operarios en una fábrica industrial de elementos eléctricos en el cordón industrial de San Pablo, quien es despedida a causa de una fusión de empresas que la deja sin trabajo en la reorganización.

Toda una vida de trabajo se ve desmoronada de repente. Si bien Rosalía es una mujer cercana a los 60 años, su despido la toma por sorpresa y la sumerge de golpe en el drama de la desocupación. Es que el trabajo no solo es una manera de ganarse la vida sino también se vuelve una costumbre. Y más allá de eso, Rosalía es una mujer que se ha sentido reconocida por su trabajo, y que, de alguna manera, se siente imprescindible. Ella es quien abre y cierra la fábrica, instruye a los operarios, distribuye las tareas que se llevan a cabo. Y de la noche a la mañana pierde todo lo que ha construido en una vida de trabajo y es declarada prescindible.

El duelo de Rosalía es inevitable. Ha sido sorprendida por una noticia que la shockea. Su primera reacción es de no entendimiento de la situación, no acepta ni entiende los cambios, siente desconsuelo y se pregunta qué hará a su edad. Un especie de duelo se ha apoderado de ella, y como en todo duelo deberá aprender a aceptar la nueva realidad.

Pero no todo es negativo. Rosalía vive con su hermano mayor, José, un chofer de autos que tiene que hacer un viaje a Buenos Aires. Es interesante la relación entre los hermanos. Ella es una mujer trabajadora, disciplinada, hija de las obligaciones. José, en cambio, vive de changas, le gusta el canto y la guitarra, lleva una vida bohemia. Es un hombre siempre positivo.

Rosalía, carente de opciones, decidirá acompañar en el viaje a su hermano. Lo contrario será la soledad en un mal momento de su vida. La pareja de opuestos se ha formado. Pero esta pareja estará lejos de la comedia americana. El viaje de Rosalía será el de un encuentro consigo misma apoyada en gran medida en el cariño y el respeto de su hermano. La película se transforma, entonces, en una road movie que hace recordar la calidez de Estación Central de Walter Salles.

En ese viaje sanador que emprenden los dos hermanos, hay una escena notable en las cataratas del Iguazú, justo en frente de la Garganta del Diablo. Lejos de lo turístico, la cámara de Leone enfoca a Rosalía en primer plano con el gran salto detrás. El poder y la fuerza del agua contrastan frente a la pequeñez y la insignificancia de la protagonista. Pero a su vez, más abajo el rio volverá a encontrar su curso y correrá mansamente. Rosalía comenzará a entender que solo ha perdido un trabajo, y que la vida continúa e impone cambios.


No es fácil pasar de una vida activa a una vida pasiva. De lo laboral al retiro jubilatorio existe un sentimiento de impotencia inevitable. Pero no podemos detener el curso del tiempo. No podemos creer a qué edad hemos llegado. La vida necesariamente continuará de otra manera. Es un momento de la vida que muchas veces no podemos entender. Muchas veces no queremos entenderlo. Es algo muy personal. Obviamente depende de cada persona. Deberíamos estar preparados para ello. No deberíamos sentirnos sorprendidos.

Más allá del inteligente guion y la excelente dirección de Caroline Leone que siempre tiene la virtud de eludir el golpe bajo o el lugar común, la película descuella con dos actores sumamente compenetrados con su papeles: Magali Biff como Rosalía, y Cacá Amaral como José, muestran frescura y veracidad en los roles que interpretan, transitando del drama a la comedia, entregando todo su caudal actoral en bien de un film muy pequeño pero también muy cálido e interesante.

jueves, 6 de julio de 2017

DESPUES DE LA TORMENTA de Hirokazu Kore-Eda


UN MOMENTO DE RECONCILIACIÓN

El cine de Hirokazu Kore-Eda es un cine contemplativo, un cine que sigue a personajes en sus rutinas, en su vida cotidiana, terminando por dar un mirada costumbrista sobre el hombre contemporáneo, sobre su vida íntima y la sociedad en que vive, particularmente el Japón post industrial de nuestros días. Algunos lo llaman “el heredero de Yasujiro Ozu”, el primer gran maestro del cine japonés. Ambos ven el cine como una forma de retratar la vida.

Su filmografía comienza en 1996 con Maborosi, un film que ganó un premio en Venecia. Años después, en 1999, presentó en nuestro BAFICI After Life, un film que no solo se adjudicó el primer premio de aquel Festival sino también el de Mejor Guión. Más tarde le siguieron otros films igualmente valiosos: Distancia en 2002, Nadie Sabe en 2005, Hana en 2006, Still Walking en 2008, De Tal Padre Tal Hijo en 2013, casi todos ellos vistos en Argentina.

Esta semana se estrenó su último film presentado el año pasado en Cannes. Después de la Tormenta, tal es su título, es también un cine de personajes en el cual destaca el equilibrio de su narrativa. Es uno de esos films en el cual parece no pasar nada y sin embargo está pasando todo un momento en la vida de cuatro personas: una abuela, su hijo, su nieto y su nuera.

De alguna manera, Después de la Tormenta puede ser vista como un film sobre la perdida, en un sentido general, y en particular, sobre la pérdida del padre. El film gira en torno de Ryoto (Hiroshi Abe), un hombre joven de unos 40 años, cuyo padre acaba de morir. Su vida viene cuesta abajo desde algún tiempo atrás, posiblemente desde que se separó de Kyoko, la madre de su hijo. Exitoso novelista en su juventud, se ha quedado sin inspiración literaria y ahora se dedica a seguir parejas furtivas transformado en una especie de investigador privado de vidas amorosas (Saca fotos furtivas a los amantes). Como padre, él también anda medio perdido. Le cuesta hacer pie y salir con su niño de 8 años, al que solo ve de vez en cuando (cuando dispone de algún dinero). Esas salidas son a la vez un placer pero también un sufrimiento.  Ryoto no solo ha perdido a su padre, sino que anda medio desencontrado consigo mismo. 

Ryoto, no obstante, tiene una tabla de salvación: Su anciana madre (Satommi Kobayashi), que ha enviudado recientemente. Es con ella con quien pasa sus mejores momentos, y es ella, quien le inspira confianza en sí mismo. Además, ella es una persona vital. Es una señora de su casa que ama la música clásica y comparte un grupo de escucha de gente de su edad. Su casa es el centro de reunión de la familia. Ella es la que convoca a todos alrededor de su mesa. Es la que une a la familia en su torno. Mujer confidente y de gran sabiduría y experiencia, no ha vivido en vano. Ella es la que ha perdido a su marido, pero no se ha perdido a sí misma, y tiene el valor y el coraje de seguir luchando para no perder a su hijo y a su nieto.

Shiraisi Shingo (Taiyó Yoshizawa) es el hijo de Ryoto. Un niño de unos 10 años de edad que disfruta las pocas salidas que hace con su padre. Un restaurante de comidas rápidas, un parque de diversiones, la compra de un par de botines de futbol. El niño percibe la separación de sus padres pero no emite opiniones ni muestra consecuencias. Sin duda, aún no ha tomado conciencia de dicha separación, y sobretodo, disfruta de la visitas a su abuela. La casa de su abuela es el lugar donde Shingo siempre encuentra un refugio.

Kyoko (Yoko Maki) es la madre del niño. Ella está tratando de superar su separación de Ryoto e incluso ha conocido otro hombre  con el que mantiene una relación estable. Pero sigue viendo a su marido. Mínimamente, necesita que Ryoto le pase su mensualidad y obviamente es convocada asiduamente a la casa de su suegra, mucho más ahora que ella ha enviudado y necesita del consuelo de sus hijos.

Es en uno de estos encuentros cuando los cuatro coinciden en el departamento de la abuela, justo antes que se desate una tormenta, uno de esos tifones típicos que se dan en la costa japonesa. En esa reunión familiar, los cuatro en un lugar seguro guarnecido de la torrencial lluvia, lejos están de estar pasando una situación incómoda. Todo parece relajarse a pesar de la tormenta que parece fuera una bendición caída del cielo para que estos cuatro personajes puedan pasar la noche juntos. Es entonces cuando el cine de Kore-Eda alcanza su mayor fulgor. Es en esos momentos cuando la vida misma parece estar pasando apaciblemente delante de nuestros ojos. Y todo parece recuperar un orden natural. Como si la naturaleza y las personas tuvieran una relación de causalidad, y que después de la tormenta solo pudiera ocurrir que llegue la calma, un tácito acuerdo, un momento de reconciliación, tal vez, incluso, la felicidad.

Este nuevo film de Hirokazu Kore-Eda es para disfrutar desde la contemplación y el sentimiento. Es una película en la que deberíamos dejar el intelecto de lado para disfrutarla solo con los sentidos. Pareciera como que de pronto el tiempo se detuviera para que sus personajes tuvieran el tiempo necesario y suficiente como para gozar de aquello que han extraviado, el ser ellos mismos. Sin duda, un film de madurez de su director, tanto en su faz creativa como en su solidez narrativa.

sábado, 1 de julio de 2017

UNA SEMANA Y UN DIA de Asaph Polonsky


LA PÉRDIDA DE UN HIJO

La Shivá es el periodo de duelo que se realiza durante la primera semana después de la muerte de un pariente o ser querido. A este periodo de siete días es la semana a la que alude el título de la película, en el que ante el sentimiento de pérdida inexorablemente le deberá continuar uno de consuelo. En ese día de consuelo, transcurre este film.


No obstante ello, Eyal (Shai Avivi) sigue desconsolado. Ha perdido un hijo de 25 años a causa de un cruel enfermedad, y manifiesta ese desconsuelo aislándose y asumiendo actitudes al borde de la violencia. Lo discute todo, se pelea con medio mundo, se ha alejado espiritualmente de su mujer, y solo encontrará compañía en Zooler (Tomer Kapon), el hijo de su vecino, con el que también se siente ofendido.

Zooler, un adolescente tardío de 23 años, sólo 3 años menos que el hijo fallecido, trabaja de cadete en una empresa de delivery de comidas rápidas, que dejará todo para acompañar a Eyal y constituirse por un día en su hijo sustituto. Una especie de alter ego del hijo fallecido. Zooler continúa estando en la etapa del juego y adora a Eyal como si fuera su padre. Es que Eyal le permite todo.

Mientras tanto, Vicky (Yevgenia Dodina) la esposa de Eyal, quiere volver al trabajo para escapar de la angustia del duelo, pero en su escuela ha sido obviamente reemplazada para permitirle cumplir con la Shiva. Tendrá que esperar a que termine el reemplazo, y en esa espera dilatará el dolor.

La comedia de Polonsky funciona por el camino del absurdo a partir de un guión muy bien escrito que permite al director recrear un clima de comedia en medio de un drama, donde estallan cada uno de sus personajes y sus respectivos sentimientos en relación a la perdida. Cada uno a su manera encarará este duelo que trata de amparar la negación de una muerte. Es que, por otra parte, la muerte de una persona joven es inentendible, mucho más cuando esa persona es un hijo.

Eyal, hosco y retraído, no puede manifestar su dolor sino a través de una descarga de agresividad hacia los demás. Genera una regresión que lo vuelve casi un adolescente. La muerte del hijo lo paraliza. Está absolutamente perdido y desesperado. Busca afanosamente, fumarse un porro que lo relaje y lo evada En esa situación Polonsky comienza a alejarse del drama para transformar el film en una tragicomedia, y el armado de un porro operará como una válvula de escape. Eyal, más tarde, en el Hospital donde murió su hijo, buscando mezquinamente una frazada que lo cobijó, y después en el cementerio donde escuchará casualmente a un orador en un sepelio, comenzará a encontrar un consuelo al sentir que su dolor no es único, al empatizar nuevamente con los demás.

Desde el punto de vista del género, el encuentro con Zooler, no solo crea la pareja despareja (hombre adulto vs joven adolescente, hombre osco vs adolescente sociable) típica de la comedia americana, sino que da comienzo a un relajamiento de la situación por el camino del absurdo. 


Vicky, como mujer, reaccionará en forma diferente. Ella ha aceptado la enfermedad terminal de su hijo. Ella se encuentra más calma. Se tiñe el pelo, se baña y se viste para estar presentable. Le preocupa mantener su feminidad, volver a su trabajo y rehacer su vida. Se siente sola y ciertamente abandonada. Le ha hecho un encargo a Eyal que Eyal ha olvidado. No obstante, su dolor termina aflorando solitariamente en forma de lágrimas en una sesión radiográfica en lo de su dentista. Ella también acudirá a un porro para distender su dolor, y como en un espejo, su situación tornará en comedia.

Auspiciosa ópera prima del director Asaph Polonsky, estrenada en Cannes 2016, fuera de concurso, Una Semana y Un Día, es un film valioso que trata un tema duro, con una muy buena puesta en escena que elige la comedia situacional para expresarse, aceptando que la muerte es el paso final de la vida, y que esa vida merece ser vivida a pesar de todas sus desventuras. Polonsky maneja el tema con habilidad, lo desdramatiza, y reflexiona con profundidad sobre la vida, la muerte y la necesidad de seguir viviendo más allá de la adversidad.

jueves, 29 de junio de 2017

UN DON EXCEPCIONAL (GIFTED) de Marc Webb



UN SER LUMINOSO

Cómo criar y educar a una niña prodigio parece ser la pregunta que se hace esta notable película americana realizada con un bajo presupuesto y con mucho talento por la Fox. Mary es una niña de 7 años, una personita distinta, diferente en función de poseer un mayor coeficiente intelectual. Alguien capaz de resolver, por ejemplo, fórmulas matemáticas de alta complejidad.

La niña desciende de una familia de superdotados. Su abuela, su madre y su tío son personas que se han destacado por su alto nivel de IQ y en sus capacidades en el análisis matemático. Su madre ha muerto y ahora es su tío quien está a cargo de su crianza.
Es común que cada uno de nosotros tratemos de evitar nuestras propias frustraciones en la crianza de nuestros hijos. Ese es el dilema fundamental que plantea esta película, fundamentalmente a través del rol del Tío Frank, alguien que ha abandonado la ciencia para disfrutar de la vida en un pueblito costero cerca de Boston donde se dedica a reparar veleros y ahora tiene la tenencia y responsabilidad de criar a su sobrina.

El film, si bien se centra en el personaje de la niña genio, es la búsqueda de libertad de Frank. Es la huida de un ser intelectualmente superior que se siente preso en su superioridad y necesita transformarse en una persona común. Es en ese esfuerzo donde aparece el Tío Frank, casi obsesionado en que su sobrina no sufra sus propias frustraciones y viva una infancia normal en ese pueblo costero de la costa de Florida en lugar de educarse en alguna de las grandes universidades americanas donde el premio Nobel en Ciencias es algo habitual. Pero esa necesidad choca contra la realidad y los convencionalismos sociales.

Frank quiere disfrutar de la vida que no disfrutó de joven y como consecuencia de ello, quiere que su sobrina Mary pueda tener la libertad de ser una niña común. Dada la capacidad de desarrollo intelectual, su aspiración es que ella aprenda sencillamente a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida: el ocio, la amistad de sus vecinos, un show por televisión, el compañerismo en el Colegio, el juego ocasional. Pero resulta el IQ de la niña es un elemento diferencial que la distingue y las distancia del resto, aislándola como persona muy a su pesar. Los prejuicios no solo responden al individuo sino también a la sociedad. Y la inserción de Mary en un colegio normal se transforma en una odisea judicial.

Un Don Excepcional es una parábola distinta a lo que estamos acostumbrados  a ver. Normalmente el cine americano ha transitado la vida de seres excepcionales de diferentes maneras. Algunas veces, a través del retrato del desequilibrio mental que tiende a la violencia y/o el crimen (Patrick Bateman de American Psycho, o Lisa Rowe en Inocencia Interrumpida). Otras, describiendo el proceso de disociación que confunde realidad y fantasía como el de Nina Sayeers del Cisne Negro.  Pero también existen aquellos casos en que la enfermedad mental no impide la diferenciación del bien y del mal, como en el caso de del Murphy de Atrapado, Sin Salida (1975), o del autista de Raymond Babbit en Rainman (1988), o incluso el retraso mental de Forrest Gump de Tom Hanks(1994), quien con su inocencia solo ve los aspectos positivos de la vida que lo llevan de ser un sobreviviente de Vietnam a ser un empresario pesquero exitosos en la vida. Pero más allá de las películas mencionadas, tal vez sea el Josh Nash de Una Mente Brillante (2001), un ganador del Premio Nobel con tremendos problemas de relacionamiento y poca estabilidad emocional, quien se acerque más a la niña Mary Adler.

Mary coincide con Josh Adler en su alto coeficiente intelectual. Pero a diferencia de los altibajos de esquizofrenia delirante del matemático, la niña es un ser luminoso lejos de toda maldad y enfermedad. Ella es una niña en pleno crecimiento que solo busca ser una niña más. Su inocencia, su lejanía de la maldad, la prepotencia inocente de su superioridad intelectual, su espíritu de justicia, su necesidad de amar y ser mimada es pintada por Webb con suma delicadeza, y de ello surge  su criatura como un ser celestial que solo busca crecer libre de prejuicios y determinaciones para poder ser en el futuro una persona libre en un mundo adulto sumamente convulsionado.

El guión de Tom Flynn acierta en todo momento escapar del lugar común. Plantea el film como una comedia pero la desliza a través del drama tribunalicio dándole una pátina de  suspenso y ello sutilmente juega entre el bien y el mal a través de los avatares judiciales.  Marc Webb dirige este material con la habilidad que le da su amplia trayectoria tanto en cine como en televisión. Recordemos que en su haber cuenta con exitosos films como la comedia “500 días con ella” (2009), y las superproducciones The Amazing Spiderman I (2012) y II (2014). Chris Evans (Los 4 Fantásticos, 2005;  Capitán América, 2011; Los Vengadores,  2012) le da credibilidad a su Tío Frank. Mackena Grace, una niña de 11 años, que a partir de 2013 tiene una dilatada carrera en la TV (incluida Designated Survival), da vida a Mary con una gran espontaneidad. A ellos los acompañan otras dos grandes actrices: Octavia Spencer como la vecina, y la escocesa Lindsay Duncan como la abuela.

En síntesis, una película tan luminosa como el ser que retrata presentando un dilema ético donde se pone en discusión el problema del ser y el deber ser, algo así como si tuviéramos que decidir entre “si la niña es una superdotada, debe recibir una educación superior” o “si la niña tiene 7 años, debe vivir su infancia”. ¿Es posible lograr un equilibrio entre ambas posiciones? ¿Es un dilema que solo deben resolver los adultos? ¿Importa la opinión de la niña? De lo que no quedan dudas es que si se establece el dialogo, puede haber solución.

sábado, 24 de junio de 2017

YO, DANIEL BLAKE de Ken Loach



NO SOY UN CLIENTE, NI UN NUMERO NI UN PUNTO EN UNA PANTALLA

A los 81 años, Ken Loach sigue filmando fiel a su trayectoria. Hizo su debut cinematográfico con Pobre Vaca (1967), a la que le sucedió Kes (1969), dos joyitas que se encuentran entre lo mejor del denominado Free Cinema Inglés en el momento final de ese movimiento que integrarán, entre otros, cineastas como Lindsay Anderson, Tony Richardson, Karel Reisz y John Schlesinger. 

Asimismo, es el cineasta inglés más premiado en Cannes. Sus obras Agenda Oculta (1990), Lloviendo Piedras (1993), Tierra y Libertad (1995) y Yo, Daniel Blake (2016) se alzaron con premios muy importantes en el Festival de Cannes de esos años, las dos últimas, con la Palma de Oro.

Yo, Daniel Blake es un film importante. Rescata lo humano sobre lo político, a la vez que describe a un hombre que al borde de sus 60 años no solo tiene que luchar contra los inconvenientes de su salud y los problemas que le genera un mundo cibernético, sino también el desamparo que siente frente a un Estado burocrático y deshumanizado incapaz de entender su incapacidad laboral.

Loach describe minuciosamente a Blake, un obrero de la construcción, hábil carpintero, una de esas personas que se dan maña para todo, que vive en las afueras de Londres. Nos hace conocer su soledad, su tenacidad, su buen carácter, su apego a la ley, su decencia, su buena relación con los vecinos, su solidaridad con una madre soltera y sus hijos. El retrato del personaje es completo. Simpatizar con Blake no genera ninguna dificultad.

Pero Blake tiene un problema. Ha sufrido un infarto que le impide seguir momentáneamente trabajando. Aquí aparece una primera señal de alerta que muestra el desamparo de un trabajador común frente a la incógnita que le presenta su futuro. Blake no solo carece de un seguro automático de salud sino que también carece de un seguro de desempleo. Pero Blake puede tramitarlo ante la Autoridad Sanitaria. Y aquí comienzan los problemas.

Loach encara primero el tema de Internet y las personas mayores. Lo hace con humor y mucha ironía. Todo se encuentra sistematizado. No es fácil entrar por primera vez a una computadora, mucho menos a los 60 años de un hombre que ha realizado tareas manuales durante toda su vida. Internet se transformará en una pesadilla kafkiana. Una experiencia absurda y angustiosa, innecesariamente complicada cuyo único propósito es identificar al sujeto y proporcionarle un turno.

Ahora Loach se pone más serio y se pregunta al servicio de quien está ese Estado, un Estado burocrático que lejos de estar al servicio del ciudadano se transforma en una maquinaria de impedir. El proceso de otorgar un subsidio por enfermedad pasa por tantos vericuetos que el damnificado parece un delincuente tratando de estafar al sistema nacional de salud.

No obstante la contundencia y la agilidad del relato, Loach pareciera caer en alguna posición política que falsea la realidad. Queriendo mostrar la situación de inferioridad, de falta de cobertura y de indefensión del ciudadano frente a un Estado liberal, muestra a un Estado injusto con los más pobres, con los más necesitados, pintando una serie de situaciones que bordean el absurdo y la arbitrariedad transformando la obtención de un subsidio en una carrera de vallas. Que una persona que ha sufrido un infarto y se le ha recetado reposo pida un subsidio parece algo normal. Sin embargo, a dicha persona se le niega un turno solicitado en forma presencial porque solo se otorga por Internet. Por otro lado, el Estado hace pasar al enfermo por una serie de requisito que comprenden asistir a un curso para aprender a armar un currículo, y responder al menos a 10 solicitudes empleo. Un absurdo absoluto que se puede corroborar simplemente con un certificado médico.

Más allá de estas ingenuidades demagógicas, la gran actuación de Dave Johns como Daniel, el ritmo sostenido que Loach le impone al film y el interés del relato respaldado en el buen guión de Paul Laverty, habitual sostén del director, logran una película cuya importancia social es indiscutible. Claramente, la humanidad va a vivir más más allá de los 60 años. Hoy el promedio de vida para un país como Argentina está en los 75 años. El mundo desarrollado excede los 80 años. Está claro que una vida de trabajo merece ser asegurada económicamente por el Estado o por un sistema previsional eficaz más allá de la esperanza de vida laboral. No quiero ser un cliente, ni un número ni un punto en una pantalla. Siendo un ciudadano que ha pagado sus impuestos, merezco, por lo tanto, la atención y el cuidado del Estado.

miércoles, 21 de junio de 2017

EL BAR de Alex de la Iglesia

UN MUNDO CAOTICO

Alex de la Iglesia es uno de los directores más famosos, inteligentes y aclamados que ha surgido detrás de la movida almodovariana surgida poco después del famoso destape español producido tras la muerte de Francisco Franco. Su cine abreva tanto en el esperpento español como en el comic americano. El Bar, su última película recientemente estrenada en Buenos Aires, es una nueva metáfora que alude al estilo desangelado de vida actual.

El bar no solo es el título de su nuevo film sino que es el lugar donde transcurre la mayor parte del nuevo film del realizador español. Un bar es un lugar donde la gente habitualmente llega para tomar alguna bebida o comida rápida. Se trata de un sitio, si bien de origen inglés, muy apegado también a nuestra idiosincrasia latina. Pero este bar, lejos de ser un lugar de encuentro, más vale parece ser un sitio concurrido por solitarios y marginales.

Tanto en la escena inicial como en la final, De la Iglesia da muestra de su maestría y capacidad de síntesis. El inicio es un largo travelling que sigue a los protagonistas de la historia en una esquina muy concurrida de Madrid que está al servicio de dos objetivos: por un lado, presentar a los personajes que indudablemente se dirigen al bar de la esquina, y por otro, mostrar que cada uno de ellos, y todos los que pasan a su alrededor, están cada uno en la suya. La indiferencia entre ellos es total. Un retrato de una sociedad ensimismada.

En el extremo opuesto, en la escena final, la protagonista emergerá a la superficie sin que nadie ponga su atención en ella y se perderá en la multitud como si nada hubiera ocurrido. La indiferencia será total. Será la transformación de una persona en nadie, un transeúnte más, hasta que la multitud cobre su propia y única presencia. La masificación en su máxima expresión.

Dentro del bar, la capacidad de De La Iglesia y su permanente coguionista Jorge Guerrricaechevarria,  encerrarán la acción y se abocarán a la descripción de personajes y situaciones límites donde, a través de situaciones y diálogos inteligentes,  aparecerán diferentes personalidades que permitirán describir los conflictos y distintas miserias humanas que traban el desarrollo pacífico de la vida comunitaria: el egocentrismo, el ensimismamiento, el desinterés en los demás, la locura desenfrenada en uno de sus personajes principales. La situación muestra que la individualidad se impone sobre lo colectivo. Cada quien está metido  en lo suyo sin importarle en lo más mínimo lo que está haciendo “el otro”.

Descriptos los personajes, un hecho inesperado provocará una situación de encierro total. La desesperación de los parroquianos provocará un crescendo en el que irá apareciendo el individualismo, el egocentrismo, egoísmo, la falta de solidaridad. Será el reino del sálvese quien pueda.

Muy emparentada con La Comunidad, aunque en realidad sea una nueva vuelta de tuerca sobre el mundo indiferente y desesperanzado que el vasco De La Iglesia ya retrató en aquélla película tano como en La Chispa de la Vida y Mi Gran Noche, El Bar resulta ser un film lúcido sobre el mundo caótico que vivimos, un mundo que fundamentalmente carece de solidaridad. Lo cierto es que más allá de su propuesta, el film brilla por su equilibrio, por la capacidad narrativa del realizador, la prodigiosidad del travelling inicial, la capacidad de síntesis de su final, y los excelentes y chispeantes diálogos que mantienen el interés despierto del espectador durante toda la trama, sin dejar de reconocer el nivel de excelencia de sus actores: Blanca Suarez, Mario Casas, Carmen Machi, Jaime Ordoñez, la siempre eficiente Terele Pávez, y hasta el argentino Alejandro Awada, están estupendos en sus respectivos roles.

lunes, 19 de junio de 2017

LA RED de Kim Ki-Duk


RAZÓN DE ESTADO VS. ESTADO DE DERECHO

El coreano Kim Ki-Duk estudió arte en Paris a principios de los años ´90,  y en 1996, se graduó como escritor de guiones cinematográficos. Durante esa misma época, comenzó a hacer cine “a su manera”, lo cual implica observar y entender lo que hace la gente, filmando sus vidas. Tan solo eso… disparar una cámara de cine.

Su carrera como guionista, productor y director ha sido prolífica. Tiene en su haber cerca de 24 films. En la Argentina no se ha visto todo su cine. Se lo conoció en el Festival de Mar del Plata 2002 en el cual presentó Domicilio Desconocido. Pero su debut comercial fue quizá con su película más emblemática: Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Otra Vez Primavera en 2004, una profunda reflexión sobre vida y sus etapas, y la búsqueda del equilibrio del hombre en medio de las fuerzas de la naturaleza. Más tarde llegaron otras obras valiosas, entre ellas,  Hierro 3 en 2006 y Piedad en 2012. Ahora tenemos la fortuna de poder apreciar La Red, su última gran obra que presentó el año pasado en el Festival de Venecia.

La división de Corea en Corea del Norte y Corea del Sur, utilizando arbitrariamente el paralelo 38 fue consecuencia de la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Japón había ocupado la península de Corea desde 1910. Al terminar la Segunda Guerra, vencido por los Aliados, devuelve los territorios ocupados. En consecuencia, y con el propósito de neutralizar el poder de China, las potencias emergentes llegan a un acuerdo. Los Estados Unidos ejercerán dominio al sur del 38, y la Unión Soviética al norte hasta la frontera con aquel país.

El comienzo de las guerras entre las dos Coreas fue inmediato. China no fue ajena a ello. El enfrentamiento de las Coreas tuvo un origen claramente ideológico. La Corea del Sur comulgaba con el pensamiento liberal del Oeste y la norte con el comunista del Este. El enfrentamiento ha sido casi permanente a  lo largo de los años. La resultante de ello, es que la Corea del Norte se ha transformado en una potencia nuclear, mientras que la del Sur en una potencia industrial. Los niveles de vida alcanzados son muy diferentes.

El planteamiento de Ki-Duk es directo. Rápidamente establece la acción del film en la frontera binacional, a orillas de un lago que separa los dos países, y elige como protagonista a un pobre pescador de la zona cuya red de pesca se engancha en el motor de la lancha que, averiado es empujado por la corriente,  y va a parar a la otra orilla, o sea, a territorio enemigo.

La Red es una cruel parábola sobre la libertad del hombre. La libertad es la forma de actuar del hombre usando sus facultades de elegir de manera responsable respetando los derechos del otro. En la película, una vez cruzada la frontera, el protagonista pierde dicha libertad ante el solo hecho de haber cruzado un límite sin el debido permiso legal y en consecuencia, transformándose en un “fuera de la ley”. El ilegal no tiene derechos. Y por su comportamiento delictivo, queda detenido en calidad de sospechoso.

El detenido es derivado a un lugar / no lugar a disposición del Estado. Allí es sometido a interrogatorios  que avasallan sus derechos, ya no como ciudadano (de hecho no lo es porque ha entrado ilegalmente a un país extranjero), sino como ser humano. En ese no lugar, el imperio de la ley es dejado de lado. En este punto es donde el preciso guión de Ki-Duk deja ver claramente que a ese hombre se le están violando sus derechos más elementales, aquéllos esenciales a todo hombre.

Dada la precaria situación y obviamente, la carencia de información que tiene el detenido, su liberación queda sujeta a una doble opción: O asume la ciudadanía surcoreana y se radica en el país libremente o es deportado a su país.

Pero la deportación significará el comienzo a otro calvario. El pobre pescador será nuevamente detenido, esta vez por las autoridades del norte, donde comenzará una réplica de nuevos interrogatorios para saber que dijo o que no dijo a los servicios surcoreanos, en una nueva vuelta de tuerca relativa a la suspensión y violación de los derechos más elementales.

La nueva obra de Kim Ki-Duk encierra a su protagonista, y con total rigurosidad formal, expone su tesis desesperanzada  sobre el sometimiento permanente del individuo a la voluntad del Estado, dejando al espectador perplejo ante la contundencia, congruencia, y rigurosidad del mensaje transmitido: El Estado por sobre el individuo. La negación de los derechos humanos. La violencia descontrolada a cargo de una fuerza paranoica que operando en nombre del Estado quiere imponer su razón fuera de toda ley.

Dos Coreas. Dos Estados. Ambos sospechando uno del otro a través de un humilde ciudadano fuera de toda sospecha. Funcionarios de Inteligencia al servicio del acoso, obsesionados por descubrir la traición donde no la hay,  o al espía donde no existe, finalmente descuidando al ciudadano. Es el Estado descontrolado persiguiendo a un simple hombre indefenso.

Dos Coreas pero un solo pueblo, separado por las consecuencias de una guerra mundial, adoctrinados por fuerzas foráneas, y ahora separados por objetivos e ideologías diferentes. Uno obsesionado por el armamentismo nuclear y el otro, por transformarse en potencia industrial y consumista. ¿Dónde quedaron los Derechos Humanos en la separación de las Coreas? ¿En qué dirección se puede encontrar el futuro?

El film de Kim Ki-Duk es de una rigurosidad formal poco común. Con un mínimo de recursos, un solo actor protagónico, dos cuartos como escenario del 90 % del film, pero con un gran guión, de una precisión y de una claridad conceptual enormes, expresa el drama de las dos Coreas desde un punto esencialmente humanista, desde el cual dispara la gran pregunta de por qué el Ciudadano debe estar al servicio del Estado en lugar de lo contrario, ser el Estado quien le da una identidad, leyes y servicios de justicia para que dirima sus desacuerdos, policía para que lo proteja,  educación para darle un futuro, servicios de salud para mantenerlo sano. La Red no es un film político, es un film humanista que muestra cómo el hombre es desplazado del centro del sistema. De cómo el Estado puede ocupar ese lugar e invertir el orden natural.

miércoles, 14 de junio de 2017

DULCES SUEÑOS de Marco Bellocchio



LA ORFANDAD

Nadie lo había expresado mejor que Luis Alberto Spinetta en sus versos del Tema de Pototo: “Para saber cómo es la soledad tendrás que ver que a tu lado no está quien nunca a ti te dejaba pensar en donde está el bien, en donde la maldad”. Para Luis Alberto la soledad es un amigo que no está…es su palabra que no ves llegar igual…

Dos años atrás, Nanni Moretti también había elegido a su madre como tema de su nueva película. En aquel momento, expresé: “No quedan dudas que hay mucho de personal en este nuevo film de Moretti. De hecho, el fallecimiento de su madre, acontecimiento único en la vida de todo hombre, no solo lo ha colocado al borde de un abismo emocional muy grande sino también de una soledad existencial que lo hace emerger a un mundo nuevo que lo lleva a expresarse con una madurez diferente, aquella que toma conciencia que la muerte de los padres dejan al hijo sin red protectora alguna y lo encaminan hacia un nuevo estado que, como persona, adquiere una individualidad total y única”.

Marco Bellocchio también ha elegido la desaparición de la madre y sus consecuencias como tema central de su nueva película. Para ello, se basó en la novela de Massimo Gravellini, y de la ayuda de los guionistas Valia Santella y Edoardo Albinati, quienes desarrollaron el guión de esta película que quedará como otra de sus obras capitales en su extensa filmografía.

El film concentra toda su estructura narrativa en la vida y en el drama de Massimo (un superlativo Valerio Mastandrea) que pierde a su madre a los 8 o 9 años de edad y no puede superar ese vacío, esa orfandad. A partir de ese momento, su vida cambiará para siempre. Se producirá en él un vacío imposible de llenar que de alguna manera y pese a la excelente educación que ha recibido, le imposibilitará crecer y desarrollarse como un hombre. Hay una parte de Massimo que se estancará en su infancia y que posiblemente nunca abandonará. Algo que es mucho más que un recuerdo. Es una especie de engranaje perdido que lo vuelve incompleto.

Planteada como un melodrama “a la italiana”, al que Bellocchio tiene la virtud de manejar con maestría, describe esa relación entre una madre y su pequeño hijo como si retratara las escenas de un mundo idílico y pasado que obviamente nunca volverá a ser. Es como si en ese mundo no hubiera lugar más que para ellos dos. La casa oficia como una extensión del vientre materno, en la cual no solo cabe el amor maternal sino también el orgullo de una madre por su hijo, pero sobretodo, la fascinación del hijo por su madre, donde se establece una especie de amor edipico.

La desaparición de la madre no solo da lugar a una ruptura de esa relación, sino también a su idealización. Por el lado cinematográfico, ese elemento opera como clave que permite a Bellocchio el ir y venir en el tiempo cinematográfico y manejar todo la película como un film de suspenso. Qué ha pasado con la madre es una pregunta obvia que el maestro, inteligentemente, no responde sino hasta el final.

Después de la perdida, sobreviene el dolor desgarrador de la misma. La no aceptación, la negación de la tragedia. A medida que Massimo crece, la sensación de orfandad se agranda. Existe un vacío que no puede llenar siquiera el propio padre. Allí aparece claramente la diferencia de amores entre madre y padre. El amor dulce, sutil, cariñoso y tierno de su madre ha desaparecido dando lugar al trato más directo, seco, parco, distante de su padre. Son dos formas diferentes de acercamiento al niño de la cual ahora solo queda, la del padre en la realidad, y la de la madre en el recuerdo.

La ausencia de la madre es la que da lugar a un vacío difícil de llenar que fundamentalmente trata de ser ocupado por el padre, pero en el caso de Massimo, aparece en la ayuda religiosa del Padre Ettore (un excepcional Roberto Herlitzka). Es el cura el que crudamente le dice que la falta de su madre lo coloca del lado de los perdedores (en el sentido de la perdida), pero que la vida continúa y se crece a pesar de ello. El niño se convierte en adolescente y el adolescente en adulto. La mochila la llevará siempre a cuestas.

Massimo se ha mentido a sí mismo, o al menos, ha escondido de la verdad. La negación del episodio de la desaparición de su madre no solo es un elemento que marca el suspenso de la trama, sino también es la propia negación del hecho. Consecuencia de ello son sus ahogos (la falta de aire), sus miedos, su tremenda soledad. Uno de esos ahogos lo lleva a marcar el número telefónico de Emergencias donde lo atenderá la Dra. Elisa, una angelical Berenice Bejó, donde Massimo, ya cuarentón, encuentra alguien que lo contiene pero sobretodo, encuentra el alter ego de su madre.

No obstante ello, la relación será difícil. Massimo continúa apegado al pasado, no puede superar la etapa de su niñez, y mucho menos la tragedia de su madre. El trauma le impide crecer, asumirse como adulto, tomar la responsabilidad de sí mismo. Incluso se le hace muy difícil desarrollar una relación con la médica. Ni hablar de la relación con su padre. Han pasado treinta años de la tragedia y siguen tan distanciados como si todo hubiera ocurrido ayer mismo. Ni siquiera se ven con asiduidad. Sus encuentros dependen prácticamente de casualidades. Para colmo de males, Massimo sigue viviendo en la casa familiar donde se crió. Hay toda una idea de auto inmolación, una idea de sacrificio como ofrenda a una divinidad.

Bellocchio muestra una vez más porqué en los 70 se transformó en el niño terrible del cine italiano filmando “Con los Puños en el Bolsillo” y más tarde, en uno de los directores más destacados del cine actual. Autor, actor, político, director de más de 40 largometrajes, sus films han mostrado como pocos la evolución de la sociedad italiana en los últimos 40 años. De la misma manera, ha evolucionado su maestría narrativa para llegar a este film que deja literalmente sin aliento al espectador para colocarse entre sus obras cumbres. Dotado de un excelente libro, grandes actores, un montaje muy preciso que permite un ir y venir en el tiempo sin caer en baches narrativos, y una fotografía que utiliza mucho el ocre para dar calidez al relato, reflexiona sobre la identidad y deja a “Dulces Sueños” muy cercana en calidad a “Vincere” y en el mismo nivel de “Buenos Días, Noche”. Su equilibrio narrativo construye un péndulo que va y viene en el tiempo para narrar con delicadeza y calidez las vicisitudes de una orfandad que no encuentra consuelo sin caer ni en el dramón televisivo ni el drama clásico. Dulces Sueños es una película extraordinaria, moderna, muy bien realizada que lleva el símbolo de calidad de un gran maestro del cine.

viernes, 9 de junio de 2017

MADRAZA de Hernán Aguilar


JUSTICIA POR MANO PROPIA

Esta ópera prima de Hernán Aguilar es muy bienvenida dado que inyecta una bocanada de aire fresco en el cine argentino. No solo elude lugares comunes del policial sino que sobre todo, hay una ligereza narrativa que deja lejos los habituales amaneramientos de nuestro cine nacional, logrando una sana espontaneidad, a la que se pliega también la actuación.

Madraza es un film desenfadado, desinhibido, lleno de un humor negro que aligera la acción y sobre todo, capaz de concentrarse en un personaje en el cual centraliza el relato, sin perderse en los personajes secundarios que forman parte de la historia, pero que claramente están sólo al servicio de lo que se quiere contar.

Heredera del comic, con un tratamiento de la violencia muy al estilo del cine americano, comienza con una escena que hace pensar en un melodrama típico centrado en un ama de casa que pierde a su marido en medio de la violencia cotidiana que se vive en los barrios suburbanos del Gran Buenos Aires. Pero la película está lejos de convertirse en la narración del derrotero convencional de una viuda de barrio que necesita hacer un duelo y rehacer su vida.

Matilde parece no tener tiempo para las lágrimas. Y antes que nos demos cuenta, descubre una infidelidad de su difunto esposo, y ello la sumergirá en un mundo que le es desconocido. De la noche a la mañana, comenzará a rehacer su vida de forma muy opuesta a la de aquella madraza que vivía dando de comer a cientos de niños necesitados en un comedor comunitario. Empujada, más que por instinto, por un afán de curiosidad, encontrará una pista relacionada con la muerte de su marido y siguiendo esa pista se transformará en una persona muy diferente a quien solía ser.

Madraza es la historia de una transformación. Esa transformación no será convencional. Matilde no acudirá a manuales de autoayuda, ni decidirá iniciar un estudio o encontrar un nuevo amor. Su vida encontrará la redención a través del camino de la violencia, que no solo dará una razón de ser y de sentir al personaje sino que también sentará una sólida posición política acerca de la justicia por mano propia en respuesta de un statu quo policial y judicial en el que no solo prima la inoperancia más absoluta, sino que se transforma en un sistema  de corrupción del cual deriva un estado generalizado de indefensión de la ciudadanía.

Mirada por el lado de la estética, el film de Aguilar abreva en el cine americano mal llamado de Clase B, aquel cine que formaba parte de un doble programa en los años sesenta, caracterizado por los bajos presupuestos, a veces, el uso del blanco y negro, y que a posteriori, recuperaran cineastas actuales como Walter Hill, Quentin Tarantino y Robert Rodriguez, entre otros. Es a ellos a quien Aguilar les debe la frescura de su relato, esa agilidad narrativa que va a lo directo, muestra lo que tiene que mostrar y corta, y de corte en corte, compone una película equilibrada que no solo describe estupendamente un personaje en apariencia muy alejado de la realidad, pero que por otro, pinta con sumo realismo una sociedad y su estado de situación.

Descontando el muy buen guion del propio Aguilar, la película descuella en la actuación. La actriz paraguaya Loren Acuña interpreta a Matilde con una variedad de recursos que pasan del drama a la comedia convirtiéndola en una heroína de cine de súper acción. A su lado, se destaca Sofía Gala en el papel de una adolescente esotérica que concurre habitualmente al comedor de la Madraza y ahora la acompaña en su soledad, Gustavo Garzón como un Detective de Policía muy aplicado y Osmar Nuñez como su corrupto jefe.

En síntesis, una auspiciosa ópera prima que demuestra una vez más que cuando hay talento y cierto desenfado el cine argentino puede desencartonarse, zafar de sus clichés tan acentuados, narrar por el lado del absurdo, transitar por el policial negro y mostrar la realidad sin discurso político mediante.

sábado, 3 de junio de 2017

EL REENCUENTRO (SAGE FEMME) de Martin Provost

UN INSTANTE DE LA VIDA ENTRE EL NACIMIENTO Y LA MUERTE

Martín Provost es un escritor y director de cine francés que cuenta con tres películas en su haber. Hizo su debut cinematográfico en 2008 con la realización de Seraphine, más tarde en 2013 estrenó Violette y en la semana del cine francés en Buenos Aires, se pre estrenó Sage Femme, cuyo estreno mundial se fue en febrero en Berlín 2017.

El cine de Provost es un cine que retrata mujeres. Sus personajes femeninos son seres conflictuados que arrastran traumas y que de su debilidad sacan fuerza para llegar a un objetivo. En los dos primeros films, su fuente de inspiración fueron dos mujeres francesas. En Seraphine, es la vida de Seraphine Louis (1864-1942), una pintora de naturalezas muertas que se destacaba por el uso del color y la fantasía que muere a causa de problemas mentales en un manicomio luego de trabajar como sirvienta toda su vida en una casa de familia donde su talento como pintora es casualmente descubierto por un crítico alemán.  En Violette, la fuente es Violette Leduc (1907-1972), una escritora existencialista con graves problemas depresivos que conoce a Simone de Bouvier, con la cual comienza a tener una relación ambivalente enmarcada por la homosexualidad y la admiración en medio de la distancia que produce una cuestión de clase social.

Ahora nos llega Sage Femme (La Partera), en la cual Provost ensaya un relato con dos personajes protagónicos provenientes de su propia pluma: Claire Breton (Catherine Frost, la gran actriz que brilló en la versión francesa de Florence) y Beatrice Sobolewski (Catherine Deneuve, que no necesita presentación). Un típico film de confrontación ente dos caracteres contrapuestos.

Claire es una partera que vive sola y que su trabajo absorbe la mayor parte de su tiempo. No obstante, tiene un hijo (Simón) que estudia medicina, y una futura nuera que está embarazada de tres meses. La película se concentra en la enorme soledad de esta partera que trabajando todo el día en una maternidad, parece no tener tiempo para ella misma.

En la rutina de llegar a su casa y escuchar los mensajes telefónicos, aparece en su contestador un mensaje de Beatrice, quien años atrás, fuera ex esposa de su difunto padre. Beatrice quiere devolverle un anillo de su padre, y la cita a su casa. Claramente, una excusa para llamar su atención.

En un sentido bíblico, las partera son las que dan a luz, y lo que esa luz ilumina son problemas de familia. Claire no está casualmente sola. La separación de sus padres, ser madre soltera, la dedicación a pleno en su trabajo están indicando una propensión enorme a la soledad, una tendencia a no compartir problemas. Claire es una mujer simple, austera, vive en gran medida para los demás olvidándose un poco de ella misma. Tal vez y en forma inconsciente, arrastra un pasado con el que nunca ha hecho las paces. Es una mujer autosuficiente que parece poder hacerlo todo sola. También es alguien que se debe a si misma darse una tregua o aprovechar una oportunidad.

La reaparición en su vida de Beatrice da lugar a su propia mayéutica. Su ex madrasta es todo lo contrario, su opuesto, una persona extrovertida, excéntrica a la que le gustan los placeres de la vida: el buen comer, el buen trago, fumar, la buena ropa, el cuidado de su estética, jugar a los naipes, apostar dinero. En Beatrice lo aleatorio parece dominar su vida. Toda su vida parece estar ligada a su suerte. Y ella, en su desenfado, lo apostará todo. Juega sus cartas de cara a la mesa.

El film que insinúa un comienzo basado en lo psicológico y en el trazo fino, de a poco va desnudado todo lo contario. No importa tanto el comportamiento de estos individuos sino como dichos comportamientos representan comportamientos colectivos. Así vemos que la soledad de Claire no hace otra cosa que desnudar el sentido de la pérdida del concepto de familia, y el posterior desmembramiento de sus integrantes. Ello no es otra cosa que la pérdida de un sentido de vida colectiva que da paso un individualismo casi extremo del cual derivan cuestiones tales como la importancia que la sociedad moderna le ha dado a la realización personal. Y como contracara de ello, es la enorme carga de frustración y falta de contención que de ello deriva.

Sage Femme expresa la necesidad de encontrarse a sí mismo. La confortabilidad que implica la vuelta al hogar. El amor que representa la reconstrucción de los vínculos. Es tal vez la película menos intelectual y rigurosa de Martin Provost, tal vez avasallado por la enorme personalidad de su dos intérpretes femeninas. Tanto la Frost como la Deneuve están enormes en sus papeles pero literalmente, se roban la película. Como consecuencia de ello, Provost, por momentos, pierde la brújula del relato atrapado en los grandes momentos de sus actrices, y en consecuencia, el hilo conductor de la trama se pierde y el film queda a la deriva.

No obstante, la película se ve con sumo agrado. Es entretenida. Hay un tema interesante, una música muy acertada y una labor descollante de sus dos actrices. Podría haber sido una gran película sobre la culpa o sobre la necesidad de su perdón, incluso el autoperdón. Pero no lo es. Es más bien un pedacito de vida, un momento de reconciliación, el espacio para un relax, el corte para un balance,  entre dos grandes momentos que son el nacimiento y la muerte.