sábado, 16 de diciembre de 2017

LOVING VINCENT de Dorota Kobiela y Hugh Welchman


SENTIDO HOMENAJE

Es una película de dibujos animados realizada en Polonia, con la colaboración de más de 100 dibujantes franceses e ingleses, que indaga sobre los motivos de la muerte del pintor Vincent Van Gogh a la vez que presenta un perfil del mismo.

Auténtica obra del cine de arte, su trama desarrolla una investigación de tipo policial, dotando al film de un sostenido interés y suspenso en su tercio final, presentando a Armando Roulin, hijo de su mejor amigo, Joseph Roulin, un archivista de la estación de ferrocarril de Lambesc, Francia, como una especie de investigador privado que no cree en el suicidio del pintor.

De esta manera, el film recrea la pobre vida de Van Gogh, y sobre todo sus últimos meses antes de su muerte, mostrando la indiferencia general ante una obra que más tarde y después de su muerte, se convertiría en un antes y un después en la historia del arte, dando comienzo a lo que ahora llamamos el Arte Moderno.

Los dibujos animados que observamos en Loving Vincent tienen absolutamente el estilo inigualable e inconfundible de Van Gogh. Su obra fue el reflejo de su vida: los lugares que visitó, la gente que conoció, sus amigos, y sobre todo los campos en Auvers-Sur-Oise, al norte de Paris, en Francia. Su pintura se caracterizó por la pincelada de trazo grueso y corto, la utilización de colores claros, y la acentuación de las líneas. Ahora, y para la película, esa misma técnica es recreada a través de miles de fotogramas pintados al óleo, a mano y pasados a una computadora dando la impresión de movimiento para recrear los meses finales de su vida. Es decir, la película luce en cada escena con la misma mirada y estilo que pintaba el propio Van Gogh. Una maravilla técnica cargada de humanismo que constituye un gran homenaje al pintor, cuya visión produce un gran placer estético no exento de una gran emoción.

En relación con la humilde vida del pintor, una existencia llena de sufrimientos espirituales y corporales (sufría una enfermedad mental: depresión para unos, epilepsia para otros), que no le impidió realizar una obra de 1600 dibujos y 900 pinturas de las cuales solo pudo vender una sola sumergiendo su vida en la pobreza y reflejando la misma en la austeridad de sus cuadros.

Su obra solo fue reconocida después de su muerte y marca un antes y un después en la Historia del Arte.

El film, una coproducción polaca-inglesa fue dirigido por Dorota Kobiela y Hugh Welchman. Dorota es una directora polaca especializada en cine de animación proveniente de la Escuela de Cine de Varsovia, habiendo realizado anteriormente 5 cortos siendo Loving Vincent su primer largo. Hugh Welchman tiene una dilatada carrera como productor en cortometrajes de animación.

viernes, 15 de diciembre de 2017

IMPLACABLE de Martin Campbell

ACTUAL Y PREOCUPANTE


Martin Campbell es un director neozelandés con un pasado brillante en Hollywood. En una época fue considerado el señor éxito. Todo lo que hizo produjo millones de dólares para la maquinaria del cine americano. Debutó en 1998 con La Máscara del Zorro, y transformó en estrellas a Antonio Banderas y a Catherine Zeta Jones, repitiendo el éxito con La Leyenda del Zorro en 2005. En el 2000 dirigió un film cargado de suspenso: Limite Vertical, donde contó la historia del rescate de un alpinista en el K2, uno de los picos montañosos más altos del mundo. Más tarde, en 1995 y 2006, asumió dos episodios de la serie Bond: Golden Eye y Casino Royale, donde contó con la actuación de Pierre Brosnan en el papel principal. En mi opinión, Casino Royale fue uno de los mejores episodios de la serie. Después de ello, ha realizado muchos trabajos para la televisión.

Ahora regresa para encontrarse con Pierre Brosnan, acompañado nada menos que por Jackie Chan, que es el productor de la película, formando un trio de notables para generar un producto de acción, muy bien realizado que se soporta en un guión sólido, que permite tanto el lucimiento de los actores como el interés en lo que está narrando. Los méritos de Campbell son varios. Mantiene al espectador atrapado en el film durante todo el metraje en base a una criteriosa forma de mantener el suspenso y hacer estallar la acción en los momentos adecuados, sin perder nunca la brújula que indica siempre que lo más importante son los personajes, a los cuales pinta y da carnadura humana.

La historia es un thriller negro, que abreva en un pasado que parece muerto pero no lo está. Un atentado terrorista en pleno centro de Londres deja sin vida a varias personas, entre ellas, la hija única de Jackie Chan. Chan exige respuestas del gobierno inglés, pero no las recibe. En consecuencia, comienza a investigar por su cuenta. Prontamente, observamos que su personaje es un experto en armamentos. Es un exiliado chino, especialista en explosivos, que ha escapado de varias guerras en oriente, y ahora solo busca vivir en paz. Pero el terrorismo acaba de quitarle lo único que le quedaba vivo: su hija. Lo que sigue será una sangrienta búsqueda de respuestas.

Brosnan es el representante irlandés en el gobierno británico en la ciudad de Londres, donde transcurre la mayor parte de la acción. Con un pasado en el IRA manchado de sangre, cansado de tanta guerra, solo quiere disfrutar de la tranquilidad que le da la tregua pero no quiere asumir las responsabilidades que le caben. Ello lo vuelve un personaje muy interesante, bondadoso y siniestro al mismo tiempo, lleno de dobleces morales que contribuyen a mantener el suspenso durante toda la película.

Lo interesante de estos personajes es que ambos provienen de un pasado cruzado por las guerras. Son personajes que conocen la violencia y que han decidido apartarse de ella para continuar una vida mejor. Pero paradójicamente, la violencia vuelve a cruzar sus caminos en una forma despiadada y ellos no pueden ignorarla. Uno porque esa violencia le arranca un ser querido. El otro, porque ha elegido el camino de la paz a través de la política. Pero ambos saben que ahora se enfrentan con un enemigo que no conoce otro método que el que aplica: el terror. Los dos saben que el brazo de la ley no alcanza para combatirlo.

La trama de la película es muy actual y remite tanto a los problemas de la inmigración como los del terrorismo, dos problemas que si bien sirven de marco a lo que esencialmente es un film de acción, plantea una situación que preocupa por el alto nivel de violencia social que produce. El problema del terrorismo es que nunca termina de cerrar las heridas, genera nuevas y alimenta la sed de venganza.
Por otro lado está la cuestión de la inmigración, y las obligaciones que deben asumir los gobiernos en función de los tratados firmados en defensa de los derechos humanos, patrocinados en su gran mayoría por las Naciones Unidas. El film, tangencialmente, toca estas cuestiones dejando en descubierto que es mucho más lo que se habla que lo que se hace en defensa de los mismos emigrados.

No obstante, queda claro en el film, y especialmente en lo que concierne a la parte británica, que los actos de violencia y los ataques contra las personas no deben ser tolerados, y la persecución, detención y juzgamiento de los criminales terroristas debe llegar hasta sus últimas consecuencias. La violencia desatada por el IRA en la Irlanda de los años 70, y el acuerdo de paz logrado en 1998 parecen cosas de un pasado superado pero en un contexto de inestabilidad política creciente, la hipótesis del film es que el conflicto puede recrudecer.


Jackie Chan sigue demostrando que el acróbata y el mimo aún pueden hacer divertir y emocionar en un film dramático. Brosnan, que es un gran actor más allá del encasillamiento que le originó Bond, luce tanto en la comedia como en el film de acción. Y Campbell, que no necesita demostrar que es un muy buen director de cine, mezcla las dosis de acción y suspenso necesarias para generar un muy buen entretenimiento, que jamás pierde el equilibrio y el interés de la historia. Un pasatiempo asegurado con un tema actual y preocupante.

sábado, 9 de diciembre de 2017

EXTRAORDINARIO (WONDER) de Steven Chbosky


LA ACEPTACIÓN SOCIAL DEL INDIVIDUO


Auggie es un niño de 11 años con una deformación de nacimiento en su cara. Vive en la ciudad de Nueva York con su familia, sus padres y una hermana mayor, formando una clásica familia tipo de clase media americana. Auggie nunca ha ido a un colegio. Su educación siempre fue hogareña y a cargo de su madre. Ahora estamos ante el comienzo de las clases. Isabel, su Madre, es partidaria que Auggie asuma sus responsabilidades y vaya a un colegio para que tenga sociabilidad con otros chicos de su edad. Eso entraña una serie de riesgos.

Niño súper inteligente con una clara vocación por las ciencias, sueña con ser astronauta. Como tal, tiene un casco, con el que a veces juega a serlo, y otras, cuando la impotencia lo paraliza, lo usa para esconder su cara. La película es un retrato de las dificultades que generan los prejuicios, primero en la propia casa donde el apoyo al niño termina desbalanceando las relaciones familiares, tanto las de la pareja como la relación con cada hijo. En este caso, la el incorrecto manejo de la enfermedad de Auggie deteriora particularmente la relación de sus padres con su hermana mayor, a la que descuidan y prácticamente dejan librada a su propio albedrio. En consecuencia, toda la atención de la familia se centra sobre Auggie, protagonista principal magníficamente interpretado por Jacob Tremblay.

La escuela comenzará a dar un marco de referencia diferente y la creación de nuevas relaciones personales. Auggie deberá interrelacionar tanto con sus maestros y directivos de la escuela como con sus compañeros de clase y demás niños del colegio. El universo de Auggie, se ampliará necesariamente, y el niño no solo deberá asumir su condición de alumno regular sino también hacerse cargo de quien es y de lo que parece. En este aspecto, la deformidad de su cara lo transformará en un fenómeno donde el niño ya no será uno más sino uno distinto. Y en ello, radicará la inteligencia de padres, maestros, directivos y propios compañeros para aceptar a alguien tal como es, dejando de lado un mundo de prejuicios que tempranamente han demorado su adaptación escolar y la aparición de fenómenos más altruistas como el compañerismo y la amistad.

El film desarrolla la acción en forma agradable, tratando de que el espectador encare la visión del asunto como un tema de carácter eminentemente humanista y deje de lado toda la posibilidad de ver al personaje como un fenómeno de feria. En ese sentido, la narración corre fluidamente, con un alto grado de sinceridad y realismo, que logra una casi inmediata simpatía con el protagonista y su familia, logrando despegarse de films como EL Hombre Elefante de David Lynch, donde la cuestión se focalizaba en lo contrario: la falta de aceptación social del individuo, al que solo se lo reconocía como un objeto de feria, del que la alta sociedad parecía querer preocuparse por él, aunque la filosa visión de Lynch hacía hincapié en que el interés seguía estando sólo en la curiosidad del fenómeno que simplemente se transformaba en espectáculo de clase alta.

No obstante ello, “Extraordinario”, a medida que la narración avanza no puede evitar caer en los convencionalismos de este tipo de películas donde la cuestión de la deformación de la cara solo parece ser un tema de aceptación social que simplemente tiende a desaparecer ni bien se genera la aceptación del individuo afectado. En este caso, si bien tratado con mucha delicadeza, el individuo es un niño sumamente agradable, inteligente y desenvuelto que lejos está de aislarse tanto familiar como socialmente, sino busca integrarse a una sociedad que con más o menos reservas, aun manteniendo algún grado de burla o agresión física, comienza a aceptar al diferente.

En esa aceptación del diferente, en su inserción social, primero en la propia familia, más tarde en la escuela y la universidad, y finalmente en el mercado laboral, permitiendo el desarrollo no solo una vida de afectos y amistades, sino también de habilidades manuales, técnicas, e intelectuales, es como la persona humana transita a través de la vida. Y en ese sentido, el positivismo refrescante de esta película, y el desprejuicio del personaje central, la torna altamente recomendable.

Lejos del film científico, incluso del drama, “Extraordinario” se impone como una comedia de características familiares apoyada en el carisma y la experiencia para el género con que cuentan los dos actores principales en el rol de los padres de la familia: Julia Roberts y Owen Wilson que tienen la capacidad para desdramatizar en asunto. Brilla por su espontaneidad, pese a actuar con una prótesis durante todo el film, Jacob Tremblay como Auggie. Y acompañan adecuadamente, Izabella Vidovic como la hija, y Rukiya Bernard como su novio.


Stephen Chbosky dirige con habilidad logrando una comedia que despierta interés y entretiene al mismo tiempo. Además de director del film, es autor del guión acompañado por Steve Conrad y Jack Thorne. El guion responde a lineamientos clásicos de la comedia americana que se basa fundamentalmente en el mantenimiento del humor en base a diálogos agiles regidos siempre en la respuesta inteligente.

viernes, 8 de diciembre de 2017

VICTORIA Y ABDUL de Stephen Frears

 LA HONESTIDAD Y LA HUMILDAD

El cine de Stephen Frears siempre ha estado cargado de una fina ironía que le ha ayudado a desarrollar los temas más diversos y más difíciles en su larga carrera de observador de las costumbres. Proveniente de la televisión, en la que se desarrolló durante los 70 y parte de los 80, debuta en el cine con The Hit (1984), un gran policial negro, y afianza su carrera un año más tarde con Mi Bella Lavandería, un film donde mezcla las ansiedades de inmigrantes paquistanies en medio del exitismo económico financiero de la política del Thacherismo. Después de ello, llega una sucesión de películas que transforman a Frears en uno de los directores independientes más importantes trabajando simultáneamente tanto para el cine inglés como para el americano.

En esta nueva joyita que ha compuesto con la colaboración de Lee Hall, un experimentado guionista ingles que tiene en su haber el guión de la estupenda Billy Elliot de Stephen Daldry y de War Horse de Steven Spielberg, realiza otro trabajo estupendo. Un guión lleno de detalles descriptivos de dos personalidades diferentes, presenta un contrapunto perfecto y permanente de dos seres opuestos que se encuentran el uno al otro en un momento muy especial de sus vidas, un momento donde prima la soledad (el de una reina solitaria y aburrida de su reinado, el de un lacayo lejos de su patria en la capital del imperio), que permite a Frears mostrarse tal como es, un director sentible, capaz de hacer grande una pequeña historia.

La Reina Victoria está llegando al final de su vida. Hastiada de tanto protocolo, en uno de los homenajes que recibe, conoce a un hindú que casualmente ha llegado a traerle un tributo desde la lejana India. La cuestión es que el hindú es una persona de gran carisma, inteligencia y lleno de conocimientos ancestrales que la Reina Victoria reconoce transformando al hindú en su maestro.
Lo interesante del film es el camino del absurdo que elige Frears para componer una comedia costumbrista, muy inteligente, construida con medios tonos donde no todo es lo que parece, mostrando la humanidad más plena de esos dos personajes que a su manera son dos borders de la vida, dos solitarios que unen sus soledades para ayudarse mutuamente, construyendo una relación al borde de la aceptación y el ridículo social. Si en la Reina Victoria existe un rasgo de altanería y superioridad, en Abdul solo hay honestidad y humildad.

El cine de Frears nunca ha sido complaciente con la realeza, pero siempre ha entendido que más allá de esa condición, bajo el aparente poder político y el respeto de los protocolos, siempre ha encontrado un ser humano para retratar. En La Reina retrataba a Isabel II justo en el momento que debe guardar duelo por la muerte de su nuera, la princesa Diana. La aísla en los Lowlands, y en la inmensidad del paisaje, la enfrenta a un siervo donde repentinamente la Reina siente la soledad de la muerte. En Victoria y Abdul, esa reina anciana y decadente sufre una especie de renacimiento frente al alud de conocimiento que recibe del pobre hindú que ha llegado a la capital del imperio con el simple propósito de entregarle un regalo. En Florence, el ridículo personaje de clase alta que interpreta Merryll Streep, se humaniza ante su enorme deseo de cantar una ópera en la que muestra toda su vulnerabilidad como interprete.

Rodeado siempre de grandes actores, las pequeñas historias que relata cobran vida e intensidad en base a sus inteligentes contrapuntos. Victoria y Abdul no es una excepción a esta regla y se transforma en una aguda reflexión sobre la soledad del poder, el ansia de figuración y la mendicidad de poder de los supuestos poderosos, la ignorancia que impera en las más altas esferas (incluyendo a la reina), la necesidad de amor y de amistad que necesitan los poderosos.

Magníficamente interpretada por Judi Dench como la Reina Victoria, y Alí Fazal como Abdul, el sirviente indio, Victoria y Abdul se alza como otra de esas pequeñas obras maestras que tan sabiamente construye un director tan experimentado como Stephen Frears. A nivel de sus mejores películas, se alza como un pequeño fresco costumbrista que por un lado se burla de algunos acartonamientos de la realeza, pero por otros exalta aquellos atributos que hacen del estudio, y la disciplina una condición necesaria para generar respeto y autoridad.


sábado, 18 de noviembre de 2017

THE SQUARE de Ruben Ôstlund


LA VIOLENCIA Y LA RUPTURA DEL CONTRATO SOCIAL

Es difícil entrar en el mundo de Ôstlund. Su mirada, en principio, parece ser la de la comedia costumbrista, incluso, la sátira social. Pero si lo entendiéramos de esa manera, estaríamos dejando de lado todo un aspecto, y tal vez el más importante, de sus personajes.  Porque los personajes del director sueco nunca son unidimensionales. Es como que en su mirada siempre estuviera presente Dr. Jekill y Mr. Hide. El lado claro y el lado oscuro de cada uno de ellos virando en forma rápida, incluso en una misma escena.

En The Square, el personaje protagónico es Christian (Claes Bang), director del Museo de Arte Contemporáneo de Estocolmo, quien está preparando la presentación de una instalación de una obra híper moderna que se llama The Square, un espacio de confianza que invita al altruismo, al respeto por el otro, y sobre todo, a la necesidad de entender la convivencia dentro de la ley.

Ôstlund elige el camino de cierto absurdo para exponer su tesis. Y mientras se discute de qué manera se hará la presentación de la instalación en una lección magistral de cómo comercializar el arte, Ôstlund comienza a delinear personajes de la alta sociedad, casi todos educados o adinerados mesías de lo artístico, ninguno de ellos es capaz de respetar los límites que predica la instalación que están proponiendo desde la dirección del Museo. Pero lo notable es que tampoco los personajes de clase más baja están dispuestos a hacerlo. En consecuencia, existe una confrontación inevitable de clases.

En todos ellos, en algún momento aparece Mr. Hyde, el representante del lado oscuro de la personalidad de cada uno de nosotros. Por ejemplo, Christian, el personaje principal del film, no sabe qué hacer después de sufrir el arrebato de su celular en plena plaza pública de Estocolmo. Tampoco sabe cómo desembarazarse de una muchacha con la que pasó la noche. Algo parecido ocurre en la escena de la gala del Museo. Allí aparece un actor haciendo de un hombre perro. La reacción ante el miedo genera, primero perplejidad, y después violencia. A partir de ello, Ôstlund recrea una comedia del absurdo con límites insospechados donde deja en descubierto la debilidad de la organización social moderna en un ambiente de alta injusticia social.

La película es minuciosa en la descripción del personaje principal en el cual trata de reflejar todas las debilidades de una persona educada, con un trabajo bien remunerado, y una situación económica y social estable. Ante los hechos comentados, Christian reacciona generando una regresión paralizante. Sus respuestas comienzan a aparecer como actos reflejos (es decir involuntarios y casi automáticos) y no como acciones provenientes de la inteligencia. Produce una regresión parecida a la perdida de la capacidad de razonar, entender, tomar decisiones y poder modificar la realidad.

Mostrando a la par cómo se gesta la muestra de arte, la cual se organiza de la misma manera que si fuera una campaña comercial, la película va cobrando altura y termina siendo un fresco social altamente preocupante porque el cine de Ôstlund tiene esa capacidad de mostrar la metamorfosis humana, o si se quiere, el fenómeno de deshumanización de la persona bajo cualquier tipo de amenaza (en su película anterior era un alud de nieve en medio de la montaña), haciéndola perder su identidad y convirtiéndola en una bestia social.

No es una película para disfrutar dentro del cine. Es una película para mirar y escuchar con atención. Nos está hablando de una mutación imperceptible en la condición social. El mundo, la sociedad industrial ha dejado de ser tal. La desocupación ha crecido en forma alarmante en todo el mundo. El hombre está siendo reemplazado por la robótica. Lo que trata de transmitirnos Ôstlund es que debemos reflexionar sobre ello, tanto como individuos como, y especialmente, como sociedad.

El mundo en que nos criamos, estudiamos y conseguimos nuestros primeros trabajos ya fue. El Nuevo Mundo no se avecina. Ya estamos viviendo en otro mundo diferente y la dirigencia política y social no ha tomado todavía conciencia de ello y vive sumergida en sus propios intereses. Vamos a pasos agigantados hacia sociedades de servicios que como muestra la película debemos aprender ya no a vender un jabón sino una instalación en un museo.

El film ganó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes en mayo pasado. Tal vez no sea un film ni muy académico ni estéticamente atrapante. Es incluso, por momentos, desprolijo. Pero es un film muy vigente, muy interesante, a veces, desconcertante. Es un film que no pasa desapercibido, que revuelve nuestras conciencias, que nos hace pensar seriamente sobre nuestro futuro y sobre la vigencia del contrato social sobre el cual hemos basado nuestras actuales sociedades. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

EL INFORMANTE de Peter Landesman


LA BURLA DEL DESTINO

El Informante (Mark Felt: El Hombre que Derrumbó la Casa Blanca) remite a sucesos históricos ocurridos en los Estados Unidos de América en 1972 durante la campaña política correspondiente a las elecciones presidenciales de ese año. Como pudo comprobarse más tarde, la campaña fue objeto de escuchas clandestinas originadas en la Casa Blanca dentro del Comité Nacional del Partido Demócrata.

El Informante es Mark Felt, agente de carrera del FBI, el número 2 detrás del Jefe histórico de la institución: Edgard J. Hoover. La película comienza el día de la muerte de Hoover, en plena campaña electoral por la presidencia de los Estados Unidos. Sorpresivamente, la Casa Blanca decide cubrir el puesto de Hoover con un sujeto político, alguien ajeno a la carrera del FBI, históricamente una institución independiente del poder político.

La prevalencia de lo político sobre lo policial, la necesidad de cubrir los abusos del partido gobernante,  la imposibilidad de llevar a cabo la investigación de los sucesos ocurridos hasta sus últimas consecuencias, hacen que Mark Felt decida transformarse en un soplón en bien de su país. Esto constituye una gran paradoja porque mientras los periodistas que dan la cara por la investigación se transforman en dos estrellas del periodismo americano, Felt, no solo no es ascendido de acuerdo a sus merecimientos, sino que le llega la baja del FBI por 30 años de servicios, y su existencia es tan solo recordada por el sobrenombre que los periodistas decidieron darle a su informante: Garganta Profunda.

Como antecedente de esta historia, en 1976, Alan Pakula filmo Todos los Hombres del Presidente y erigió a los periodistas de investigación del Washington Post, Woodward y Berstein, en dos héroes nacionales en un país necesitado de heroicidad después del retiro sin pena ni gloria de las tropas de Vietnam. Ahora, otra vez en una noche bastante negra para la política americana, aparece este riguroso film de Peter Landesman haciendo recordar los manejos poco ortodoxos de la Casa Blanca.
El Informante es un thriller político que se apoya en tres cuestiones: 1) La muerte de Edgard J. Hoover. 2) La decepción personal de Mark Felt de no poder acceder al cargo de director del FBI. 3) Sus problemas familiares derivados de una hija desaparecida tras el movimiento hippie.

Felt, desde el comienzo del film, es un hombre en jaque. La sorpresiva muerte de Hoover abre un abismo toda vez que era bien conocido que el máximo detective de los Estados Unidos contaba los archivos secretos mejor organizado del país a través de los cuales tenía capacidad para acceder a los secretos de cualquier persona cercana a las esferas del poder.  La necesaria desaparición de esos archivos se vuelve crucial para Felt ni bien se entera que él no será su sucesor, lo cual termina por ser no bien visto por el nuevo mando político.

Paralelamente, esta cuestión le crea un resentimiento. Sabe que un advenedizo político ahora es el nuevo director del FBI ocupando el puesto por el cual él ha hecho suficientes méritos durante 30 años. Como consecuencia de ello, él, un hombre de carrera debe someterse al ocultamiento de la verdad, tolerar la mentira y dar paso a la arbitrariedad. Ahora la Casa Blanca da las órdenes cuando por ley el FBI ha sido siempre un organismo independiente del poder de turno. Además, no tiene dudas sobre lo que está sucediendo. El espionaje en el Partido Demócrata es una realidad que constituye un delito. Todo el mundo prefiere mirar para otro lado aunque todas las pruebas conducen al mismo lugar.

Felt es un hombre encerrado entre una verdad que conoce y un relato mentiroso que se quiere imponer. Demócrata declarado, claramente contrario al gobierno de Richard Nixon, queda encerrado entre el deber moral y el deber jerárquico. Claramente, no puede confiar en nadie. Está dolido, solo, con problemas familiares. No tiene salida. Por el bien de la Nación, decide hablar con el Washington Post. Lo hará en forma clandestina. El propio diario protegerá su fuente. De ahora en más, el informante será Garganta Profunda. Los artículos del diario darán a conocer la verdad. El resto es historia conocida.

Pero la vida personal de Felt continua sumergida en su propio infierno. Con graves problemas conyugales derivados de 13 mudanzas a través del territorio americano durante 30 años de servicio, de una esposa que le factura cada acto de su vida y no le perdona que pierda una oportunidad que constituye su sueño de toda una vida al servicio de la nación: la Jefatura del FBI, objetivo por el cual ha hecho todos los sacrificios personales y familiares por los que ahora sufre. Además, está el asunto irresuelto de la perdida de una hija que se ha ido de la casa por desavenencias familiares, y a la cual, y como una cruel paradoja, no logra encontrar. Su vida familiar es un infierno que lo hace sentir culpable.

La película gira enteramente en torno del personaje de Felt que magistralmente interpreta Liam Neeson en una actuación que seguramente va hacia una candidatura del Oscar.

Estas encrucijadas existenciales en la que se ve envuelto Felt hacen del film una obra atrapante, sumamente interesante, cargada de suspenso pese a que los acontecimientos narrados son de carácter públicos e históricos. Modelado como un thriller político, de la mano de un director que es también autor de la novela en la que está basada la película y del muy buen guión de la misma, el film cobra una altura inusitada y sobresale, ya no como drama histórico que lo es, sino como un film de carácter intimista relativo a una persona que se debate entre el ser y deber.

Peter Landesman, que escribió y dirigió la película cuenta con 3 films en su haber: Parkland en 2013; Concussion (La Verdad Duele) en 2015; y esta que estamos comentando. No solo demuestra ser un gran escritor sino también un muy buen director. La creación de climas y el suspenso, la utilización de primeros planos generando un ambiente muy íntimo y de cierta claustrofobia que, apoyados por una música incidental muy adecuada, llevan a la descripción del mundo interior del personaje, el sufrimiento de un hombre alterado por el conocimiento de una verdad vergonzosa que lo empuja a la delación, hacen de este film más que un thriller político, un film intimista sobre un hombre burlado por el destino.

jueves, 16 de noviembre de 2017

PATERSON de Jim Jarmusch


LA RUTINA DE LA VIDA Y LA BUSQUEDA DE LA FELICIDAD

Paterson se despierta regularmente a las 6 y cuarto de la mañana, se levanta, desayuna, y se va a trabajar donde lo espera un viejo ómnibus de línea, para comenzar su circuito diario en la propia estación terminal. Pero esa rutina diaria que se continua en el circuito que día a día desanda el personaje no es otra cosa que una síntesis de su vida misma, la que se completa con sacar a pasear al perro, pasar a tomar una cerveza por el pub del barrio, volver para la hora de la cena, e irse a dormir.

Jim Jarmusch, el autor integral de esta película, es un director americano proveniente de la generación de los ´80, esa generación apática que abandonó la rebeldía y el inconformismo de los ´70, y cuyos protagonistas cinematográficos realizaban films minimalistas en el que sus personajes deambulaban como derrotados, sin rumbo ni destino. En ese contexto aparece Jarmusch haciéndose acreedor en 1984 de la Cámara de Oro del Festival del Cine de Cannes, un premio otorgado a las óperas primas, es decir, aquellas películas de directores debutantes. Su film es el recordado Extraños en el Paraíso, y su cine, siempre ha estado lejos de ser el de un conformista.

Su obra, siempre regida por una coherencia y una poética muy particular, se nutrió entre otros grandes films, con Una Noche en la Tierra (1991); Ghost Dog (1999); Café y Cigarrillos (2003); y mi preferida: Flores Rotas (2005), una obra coherente y esporádica donde fue dejando testimonio de su particular visión del mundo.

Ahora nos llega Paterson, una obra de madurez intelectual y exquisita exposición cinematográfica, donde describe un típico exponente americano de clase media baja trabajadora, instruida, con sueños por cumplir. Nos describe su rutina diaria, su forma de escribir y de transformar la realidad en poesía, como así también los hábitos de sus diversos personajes.

Paterson hace todos los días lo mismo. Se despierta siempre antes que su mujer, se viste, se desayuna y se va tranquilo caminando al trabajo. Sube a sus bus, chequea que todo esté en forma, emprende su circuito diario. Siempre los mismos pasajeros, los mismos niños que entran a la escuela, los mismos ancianos que salen a hacer compras. Un día su bus sufre un desperfecto. Paterson sigue el protocolo. No obstante, el teléfono del bus no funciona porque el desperfecto está relacionado con la electricidad. Paterson carece de celular. Pero alguien se lo presta y Paterson comunica el desperfecto. La vida continúa sin inmutar a nadie.

Paterson es un canto a la vida. Nos narra el esfuerzo de una pareja (un hombre y una mujer) por tratar de ser alguien en la vida. Paterson encuentra ese camino en la poesía y en la lectura. Escribe lo que siente y lo que le pasa. Y eso es suficiente. Vive en un pequeño mundo, en una pequeña ciudad de poetas que no casualmente también se llama Paterson, en el Estado de New Jersey, casi pegada a Nueva York. Lejos de ese mundanal ruido, Paterson y Laura se esfuerzan por superar la rutina. Ella sueña con comprarse una guitarra y hacer música folk. También cocina cupcakes que vende en una feria y paga pequeños gustos que comparte con su esposo. Viven en un pequeño mundo pero tienen la capacidad de soñar con un mundo mayor y mejor. Y en la descripción de esa capacidad de aspirar a algo mejor, en el esfuerzo diario por lograrlo más allá de toda rutina, es donde están los mayores aciertos de Jarmusch como director. Logra que su film fluya espontáneamente.

El resto del mundo está representado en el pub del pueblo. Allí es donde Paterson toma la cerveza diaria de cada tarde, donde su perro lo espera sentado en la puerta, donde el cantinero juega su partida de ajedrez contra sí mismo, y pierde, donde aparece la amante desesperada seguida por su pretendiente despechado. En ello Jarmusch aprovecha para realizar una parodia social distorsionando la vida real, poniéndola en escena en un pub donde las soledades ahogan sus penas en alcohol. El bar le sirve al director para generar el contraste entre unos que solo tiene un hábito y otros que solo buscan un lugar donde ahogar sus penas. Sin lugar a dudas, un recurso inteligente.

Paterson está magníficamente actuada por Adam Driver (este año los vimos también en Silencio de Martin Scorsese, en La Suerte de los Logan de Steven Soderbergh, y en Los Meyerowitz de Noah Baumbach) y Golshifteh Farahani (A Propósito de Ellie de Asghar Farhadi).


Lejos de ser una película conformista, Paterson es una lección de inconformismo en el mejor sentido de la palabra. Es la búsqueda del uno mismo, de la propia confianza, de buscar un camino de superación donde en algún lugar estará sin duda la felicidad que cada uno desea lograr. Esa felicidad aparece como algo posible, alcanzable toda vez que los protagonistas sean coherentes con sus sueños y no se dejen llevar por las convencionalidades de los medios. No resulta raro que en la casa de los Paterson se carezca de televisor. Pero fundamentalmente Paterson nos dice que la felicidad no es lo que uno tiene sino lo que uno es, y sobre todo, la capacidad de darlo a los demás.

sábado, 4 de noviembre de 2017

NORMAN de Joseph Cedar



SOBRE LA NECESIDAD DE ESTAR CONECTADO

El personaje es Norman Openheimer, un hombre mayor de aproximadamente 70 años de edad que trabaja como una especie de relacionador público. Un traficante de influencias.

Es una persona que parece estar de vuelta. Adulto, ya mayor, posiblemente carente de una jubilación y sin trabajo estable. Tenaz. Seguidor hasta el cansancio, es un manipulador que inventa mil y una artimañas para poder estar en el lugar que quiere estar. Y aunque la mayoría de las veces es rechazado, se ingenia con tenacidad para lograr sus objetivos. Una y otra vez se levanta y vuelve a comenzar.
Norman es un hombre ambulante y solitario. Su oficina es la calle y su conexión con el mundo es un celular que lleva siempre consigo con sus auriculares colgados de sus oídos. Su trabajo es hacer conexiones entre la gente. Norman es un hombre que no sabe decir que no y miente compulsivamente para lograr sus objetivos. Cuando comienza el film recibe una llamada en la que le piden que ubique a alguien.  Él no conoce a ese alguien, pero no lo dice y acepta el desafío. No importa qué le pidan. Él tratará de conseguirlo.

La película, como el mismo Norman, dará una y más vueltas siguiendo la búsqueda de influencias que es lo que hace Norman. En el final, el burlador será burlado cerrando un ciclo que pareciera constituirse en una severa crítica a la sociedad de servicios. La historia transcurre en Nueva York, que justamente es la ciudad de servicios más importante del mundo. La ciudad sin chimeneas, donde todo puede ser comprado o vendido. La ciudad de las finanzas, de los negocios y de los negociados, representando a un mundo que carece de escrúpulos. Exactamente el mundo donde encaja Norman. Un hombre que solo busca ganarse una vida que transcurre en la finísima línea divisoria entre el bien y el mal.

El film es una meditación sobre el tráfico de influencias, la falta de escrúpulos de quienes las ejercen, y como alguien puede estar provocando daño sin proponérselo o tal vez siendo inconsciente de ello. Es también una reflexión sobre la manipulación de las personas, de cómo puede manejárselas, que todo lo que parece real suele ser solo una fantasía, y que con el espíritu de hacer el bien a veces se está haciendo inconscientemente el mal. En síntesis, estamos ante una parábola sobre la intangibilidad y sobre las barreras morales.

La película tiene una forma literaria. Cuenta con un episodio inicial que hace las veces de un prólogo, y continúa con 4 capítulos (Un Pie Dentro, Caballo Ganador, El donante Anónimo y El Precio de la Paz) que terminan con una conclusión respecto a que las buenas intenciones muchas veces no bastan, en la que el burlador termina burlado.

Muy interesante la labor del autor y director israelí Joseph Cedar (Madurat Hashevet, 2004; Beaufort, 2007; Pie de Página, 2011) haciendo aquí un cine que recuerda al de los hermanos Coen. Sin embargo, la película está mejor escrita que dirigida. Es un film donde prevalece lo literario y al ser volcada a la pantalla, resulta un tanto discursiva. Las imágenes no llegan a expresarse totalmente por si mismas. Por momentos, la confusión parece prevalecer sobre el relato aunque el trabajo de Gere aclara lo que las imágenes no muestran.

La labor de Richard Gere es descollante. Es el mejor papel de su carrera y seguramente su trabajó ira camino al Oscar. Nadie duda de su gran estrella, pero si alguien dudara de su capacidad actoral, esta película es la muestra cabal de su talento. La cantidad de matices diferentes que adopta, la vulnerabilidad de su personalidad, su persistencia en la misión que se propone, la forma en que camina la ciudad y sigue las pistas necesarias para hacer sus conexiones, el cansancio que siente, que lo agobia pero nunca lo derriba, muestran su capacidad de insistencia y persistencia en pos de su objetivo. Una actuación magistral.


Este es un film para tener en cuenta. Plantea un discurso filosófico siempre vigente: la relación entre el poder, la verdad, y lo moral. Para ello cuenta con un guión muy bien escrito y una actuación formidable con un personaje, un mentiroso con el que cuesta empatizar pero al que, sin embargo, no podemos dejar de considerar una víctima de un sistema frio y calculador que usa a la gente en forma descartable. Es un film sobre la sociedad líquida, la de la transformación permanente. La del use y se tire. 

sábado, 28 de octubre de 2017

EL SEDUCTOR de Sofía Coppola

 EL DESEQUILIBRIO MORAL DE LA GUERRA

El Seductor (The Beguiled) , la nueva película de Sofia Coppola que le dio la satisfacción de ganar la Palma a la Mejor Dirección durante la última edición del Festival de Cannes en mayo pasado, es una buena película en la que la directora luce todas sus destrezas acompañada por el director de fotografía Philippe Le Sourd, un francés capaz de crear climas increíbles sobre quien recaen algunos de los mayores méritos de la película.

El film es una remake de El Engaño, un film de 1971 dirigido por Don Siegel y protagonizado por Clint Eastwood y Geraldine Page. Tanto esta versión de Siegel como la actual de Sofía Coppola, están basadas en la novela de Thomas Cullinan, un escritor, novelista y dramaturgo americano con amplia trayectoria en la televisión.

La comparación entre ambos films se hace inevitable. La historia transcurre en los momentos finales de la guerra de Secesión en los Estados Unidos, la cual tuvo lugar entre 1861 y 1865. En las tierras del sur, en medio de un bosque, una niña perteneciente a un colegio de señoritas, encuentra a un soldado del norte herido en una pierna. La niña, con toda candidez, lo ayuda a llegar al colegio donde la directora del mismo decide ampararlo y darle ayuda hospitalaria.

El film plantea el desbalance que produce la introducción de un hombre en un ambiente fundamentalmente femenino. La vida del colegio se ve alterada ante la presencia del intruso. No hay en el Colegio una población muy grande. Son tan solo 6 mujeres las que han quedado en el colegio, tres de la cuales son niñas, una es adolescente y de las dos mayores, una es profesora de idiomas y la otra la dueña y regente del colegio.

Ambas películas siguen fielmente la novela de Cullinan, pero lo hacen de manera diferente. El film de Siegel, filmado a principios de los 70 está influenciado por el Giallo, un estilo que proviene del policial italiano liderado por Mario Baba en los 60 y perfeccionado por Darío Argento en los 70. Ese estilo se caracterizaba por la predominancia de los colores amarillos y del ocre en la fotografía, y la truculencia, lo morboso y cierta tendencia a lo psicoanalítico, y que comenzó a influenciar en el cine americano desde que Eastwood se hizo famoso en Italia filmando los spaguetti westerns. De esta manera, El Extraño resultaba un film explosivo y demencial, tal como lo que representaba, es decir, un conflicto en un colegio en medio de la Guerra de Secesión. Fue un film que pasó sin pena ni gloria en la filmografía de Eastwood pero que termino solventando la fama de Siegel como director de culto.

Por el contrario, el film de Coppola es una lección de buen gusto, un film afrancesado que abreva en obras como las de Eric Rohmer, donde la pintura de ambientes y situaciones planteadas tienden a la solución de dilemas morales. Aquí, películas como La Marquesa de Os   y La Inglesa y el Duque dicen presente. El énfasis se pone en el establecimiento, su orden jerárquico, donde la represión de los sentidos parece impuesta por la guerra pero que en realidad responde al más propio puritanismo sureño, o sea, a una forma de ser.

Aquí, la atracción del soldado herido se da en forma uniforme en ese universo de 6 mujeres cuyas edades van desde la infancia hasta la madurez, que se ven conmovidas y atraídas ante la presencia de un soldado enemigo, un extraño que aparece repentinamente desordenando el orden del establecimiento pero sobretodo corrompiendo el orden moral.

No obstante ello, en ese mundo tan especial de mujeres solas y solitarias, en ese mundo encerrado cuyos límites son las propias paredes de ese colegio,  se ve alterada por una presencia masculina que prontamente despierta un sinfin de deseos y pasiones insatisfechas que se encontraban adormecidas y reprimidas por el transcurso de la guerra. En ese despertar afloran naturalmente los conflictos pero es como si esa línea imaginaria entre norte y sur que establece a raíz de la Guerra de Secesión, se mantuviera en el colegio uniendo al bando principal frente a ese enemigo, un simple hombre que por sobre todas las cosas es un soldado., un cabo norteño.  Una división entre norte y sur que ha cruzado la historia norteamericana dejando profundas secuelas como la segregación racial durante dos siglos.

El film de Sofía Coppola está muy prolijamente realizado, con una puesta en escena sumamente esteticista, que llena de brumas al ambiente entre tonos celestes, grises y blancos provocando un aire de ensoñación muy diferente al realismo que Don Siegel le imponía a su versión anterior. Pero el resultado obtenido es el de un film muy frio, muy intelectualizado que distancia y aísla al espectador de los conflictos narrados. En síntesis, esta película representa también esa dualidad de la directora, tan capaz de realizar obras tan emparentadas con la frialdad como es el caso de María Antonieta (2006) o Somewhere (2010), como obras que tocan la sensibilidad del espectador tales como Las Vírgenes Suicidas (1999) o Lost in Translation (2003), que en mi opinión, son sus obras más interesantes.

jueves, 26 de octubre de 2017

THE MOUNTAIN BETWEEN US de Hanny Abu-Asad


MÁS ALLÁ DE LAS MONTAÑAS

Después de dos filmes potentes y estresantes que buscan la reflexión del espectador respecto del conflicto palestino – israelí en Paradise Now (2005) y Omar (2013), Hanny Abu-Asad llega con esta obra filmada en los Estados Unidos donde el director narra, a través de la crónica de un accidente de aviación, una historia de supervivencia.

Dos extraños que se encuentran en un aeropuerto. Cancelación de vuelos. Situación Límite. Alquilan un taxi avión que sufre una avería y se estrella contra una montaña. El piloto muere. Los dos pasajeros sobreviven. Quedan incomunicados. Nadie sabe dónde están. No tienen comida. Apenas pueden hacer fuego. La historia narrada hace recordar al accidente ocurrido en 1972 de los rugbiers uruguayos en la Cordillera de los Andes.

Pocas probabilidades de sobrevivencia: Necesidad de creer en Dios, mantener la moral alta y el optimismo ante la situación adversa, y ser fuerte de espíritu son las consignas básicas.

Un hombre y una mujer solos en el mundo acompañados por un perro. Historia de una relación que nace, se crea, y se fortalece. La comprensión de la situación lleva a entender que cada uno depende de sí mismo pero sobretodo del otro. El sentido de la solidaridad se impone por encima de cada interés personal de cada uno.

Los personajes se encuentran en una situación límite. Sufren necesidades extremas sin ninguna posibilidad de ayuda. Viven una situación terminal. Es un fin y puede ser un principio. Dependen de sí mismos. Ya no serán los mismos. La situación límite los une como si fueran el último hombre y la última mujer sobre la tierra. No queda otra posibilidad que intentar salir del lugar. Comienzan a desarrollar un sentimiento hacia el otro más allá de la necesidad y del amor. Generan una mutua dependencia. Toman conciencia que necesitan uno del otro. La unión hace la fuerza.

Acá hacemos un paréntesis y volvemos a la obra de Abu-Asad. Un director comprometido con el conflicto árabe-israelí, como lo demostraron sus dos films anteriores.  Es también un guionista que se apasiona frente a los dilemas morales. En Paradise Now dos militantes palestinos cruzan la frontera para poner una bomba en una boda.  Algo falla en el cruce de la frontera y quedan separados. Uno está dispuesto a cumplir con su misión mientras que el otro, entra en la duda. ¿Está cumpliendo verdaderamente con la voluntad de Dios? En Omar, un joven palestino acepta trabajar como informante israelí después que se le engaña para que reconozca su culpabilidad. La duda se relaciona con el entorno. ¿Quién está de tu lado y quien es capaz de entregarte?

En su nuevo film, el dilema es esperar el rescate o abandonar el lugar del accidente y encontrar un camino. Sobrevivir o morir. Dejar de ser ellos para transformarse en dos criaturas de la montaña y el bosque en busca de una salda. Frente a la tragedia que enfrentan no puede hacer otra cosa que unirse frente a la adversidad. Abu-Asad es un artista que pone los sentimientos y los valores humanos por sobre la política. Sus personajes siempre tienen una opción pero nunca tienen la respuesta. En Más Allá de las Montañas, lejos del conflicto de Medio Oriente, parece encontrar en el amor por la vida una respuesta que lo lleva a privilegiar la sobrevivencia como único camino de la construcción del futuro. Su nuevo film, entre líneas, transmite la necesidad de aprender a vivir en paz.

El final rompe la rigurosidad de la historia contada. Si bien estamos ante una historia que narra una situación extrema, y que el destino les ha permitido sobrevivir a un accidente, la convencionalidad de la historia prevalece sobre cualquier otro mensaje. En ese aspecto, este nuevo film habla de la versatilidad de un director tan capaz de realizar films tan personales y comprometidos con los mencionados, como hacer un producto típicamente hollywoodense aunque con mayores ambiciones que la de un típico film de catástrofe.

Película con moraleja. Bien realizada, algo obvia, previsible, aunque muy clara en su mensaje, recordando la necesidad de mantener confianza en uno mismo. Ser positivo en todo momento. No dejarse llevar por la situación. No deprimirse. Estar permanentemente activo. Buscar soluciones, salidas y atajos. En algún lugar siempre está la salida.

jueves, 19 de octubre de 2017

50 PRIMAVERAS de Blandine Lenoir



AURORA

50 Primaveras es el retrato de una mujer de 50 años, separada, con dos hijas, que va a ser abuela, y se encuentra en plena menopausia.

El film, inteligentemente, contrapone estos dos momentos de la vida de una mujer. En un primer plano, a través de la relación que la protagonista mantiene con sus hijas. En un segundo plano, en el encuentro con un amigo que la retrotrae a su propia adolescencia, a sus recuerdos y amores de juventud. La menopausia contrapuesta contra adolescencia quedan así marcadas como dos edades transitorias que conducen inevitablemente a etapas más importantes. En el primer caso, la adultez. En el segundo, la vejez. Es la vida que te alcanza…

Pero la película también propone varios retratos generacionales. En primer lugar, la de su propia generación, la de Aurora. En segundo, la de sus hijas. Esto permite una comparación entre dos momentos diferentes. Lo que en una época era rebeldía pura, en la otra es una libertad casi ilimitada. La dulzura de una surcada por recuerdos de bellas baladas, los primeros amores, las ansias de estudiar y ser alguien en la vida contra las dificultades del presente, los divorcios, la falta de trabajo, la soledad, el anuncio del abuelazgo.

Pero dentro de ese espacio que marca una menopausia que no acaba de irse y esa búsqueda insatisfactoria de un trabajo digno que cuesta conseguir, aparece ese anuncio de abuelazgo, una luz que renueva las ganas de vivir, un signo que nos dice que la vida continúa, que debemos viviría de la mejor manera y que el futuro es posible si somos positivos, dejamos la soledad de lado y apostamos a la compañía del otro.

El film está cruzado por un par de historias de amores no correspondidos, de inseguridades no superadas, de padres ausentes, en fin, de una realidad que no ha sido la soñada. Pero también es un film dulce, positivo, lleno de esperanza que no condena a sus personajes por sus faltas sino que los empuja a seguir sus sentimientos, y mantener la esperanza. Un film cuyos valores están la amistad y el amor por lo hijos.

Agnés Jaoui, actriz, escritora y directora (El Gusto de los Otros, 2000; Como una Imagen, 2004, entre otras), es Aurora Tabor, la protagonista casi absoluta alrededor de la cual gira toda la película. La Jaoui es una gran actriz, especialmente dotada para la comedia. Aquí aprovecha cada instancia del guión y se apodera de la película haciéndola un film digno de ver.

Pero los méritos de Jaoui no alcanzan por si solos. Detrás de ella está Blandine Lenoir, directora (Zouzou, 2014), escritora y también actriz que en esta película no actúa, pero escribe y dirige. Y en la belleza de su guión, en su condición femenina y el entendimiento del personaje, Lenoir transforma el film en un pedacito de vida que late con luz propia.

Notable film francés, espontáneo, muy bien actuado, interesante en su contenido, cinematográficamente bien realizado, que describe el mundo desde una mirada especialmente femenina, pero lo hace con una lucidez que termina yendo mucho más allá del interés de sus personajes para transformarse en una mirada muy dulce sobre la vida moderna y sus problemas. 50 Primaveras es una comedia a la francesa, donde más que puertas que se abren y se cierran, describe un mundo de personajes muy humanos, queribles y creíbles. 

viernes, 13 de octubre de 2017

UN MINUTO DE GLORIA (SLAVA) de Kristina Grozeva y Petar Valchanov


 SON SOLO 101 MINUTOS, POR FAVOR!!

Tzanko Petrov, obrero tartamudo que limpia las vías del ferrocarril, encuentra una bosa de dinero, y lo denuncia a las autoridades. El ferrocarril reconoce su buena acción y lo premia. Le regala un reloj. A los efectos de tomar la foto del premio, debe  sacarse su antiguo reloj, regalo de su padre de un enorme valor afectivo, que va a parar a las manos de la Julia Staikova, la Ministra de Transportes de la Nación, que lo pierde…

En este simple comienzo nos damos cuenta que estamos otra vez frente a una película extraordinaria del dúo Grozeva – Valchanov. Nuevamente juntos en el guión y la dirección de la película, vuelven a ponernos ante una serie de dilemas morales que generan no solo un film interesante sino también muy bien realizado y entretenido. La cuestión planteada deriva inesperadamente en un hecho de corrupción. Los corruptos buscarán un culpable. Y la burocracia existente terminará avanzando peligrosamente sobre los derechos individuales de nuestro héroe.

Tremendo análisis sobre la corrupción, la burocracia estatal, la falta de solidaridad, el arribismo a cualquier precio, la falta de escrúpulos de los funcionarios públicos, las mafias existentes que terminan mostrando que tanto allá como acá se carece de transparencia en los actos públicos. Es tan interesante la degradación que sufre el personaje principal a manos del Estado como lo es la dualidad de la Ministra que se debate entre la conservación de su puesto y su necesidad de ser madre, sometiéndose en ambos casos a un fino proceso de degradación moral y personal.

Pero más allá de ello Un Minuto de Gloria es un film inspirado y profundo que inexorablemente nos lleva a pensar en nuestro propio cine y su incapacidad para tratar temas como este que por otra parte son tapa en los diarios argentinos de todos los días desde hace muchos años. Y que conste que no lo digo para denunciar los casos conocidos que de una u otra forma ya están en manos de la justicia. Lo digo con el propósito de poner en la palestra estos temas que parecen haberse enquistado en el ser argentino y que ha comenzado a minar la moral de nuestros hijos como hemos visto recientemente en la responsabilidad que les cabe en las denuncias sobre potenciales bombas en los colegios con el solo fin de desalojarlos y evitar tener que hacer el examen del día. Si nuestros hijos se están corrompiendo, qué podemos esperar del futuro.

No es que estoy a favor de un cine didáctico ni moralista. Pero estoy considerando como ejemplo a seguir a este film búlgaro, porque su tema, su análisis, su desarrollo tiene alcances universales. Ello es que cualquiera puede acceder, entender e interesarse en la propuesta de este tipo de films, sacar sus propias conclusiones, y mirarse en un espejo para ver si está libre de la denuncia.

Tanto La Lección el año pasado, como Un Minuto de Gloria este año, nos han puesto frente a un cine que propone el debate moral. No sé cuanta gente vió La Lección el año pasado, ni cuanta gente ira as ver éste estreno de la presente semana, pero lo cierto es que nos pone ante un cine necesario que induce la discusión y que muestra el mal que provoca la corrupción. Esta película me pareció muy interesante, muy bien hecha, posee un poder de síntesis notable, va al grano de la cuestión sin tapujos, desarrolla su tema con claridad y no deja dudas sobre su objetivo.

Incluso si dejamos de ver el film desde lo individual y comenzamos a verlo desde su costado social, observamos que si bien las víctimas de la corrupción somos todos, seguramente, quienes más pierden son aquellas franjas que se encuentran socialmente más expuestas dado que son las que más necesitan de un Estado benefactor, el cual es expoliado por la corrupción.

De alguna manera, el infierno en que deriva la vida de Tzanko Petrov me hace recordar al tour surrealista que Martin Scorsese le impone a Paul Hacket en aquella noche interminable de After Hours, En ésta, el grado de acidez es mayor. Demás está decir que tanto la actuación, interpretada por dos grandes actores búlgaros Stefan Denolyubov y la gran Margita Gosheva, como el guión y la dirección de esta película me parecieron excelentes.

sábado, 7 de octubre de 2017

UN BELLO SOL INTERIOR de Claire Denis

 JULIETTE, JE T`AIME

Hacía mucho tiempo que no se estrenaba comercialmente una película de Claire Denis en Argentina. Se vió Una Mujer en África en el Festival de Mar del Plata en 2014 (se repitió en el BAFICI 2015), donde contamos con su presencia y disfrutamos de una Master Class donde se explayó con gran simpatía sobre su presente, su cine y su manera de hacerlo. Pero fuera de los festivales, debemos  remitirnos muchos años atrás, concretamente a fines de los 90, para encontrarnos con el estreno de aquella notable obra que fue Bella Tarea.  

Afortunadamente, este bello sol interior protagonizado por Juliette Binoche, llegó a las salas porteñas con puntualidad. Y qué podemos decir? Juliette se roba la película.
Inmenso retrato de una mujer de unos 50 años, magníficamente interpretada por la Binoche, una actriz extraordinaria, sensible y sensual que centraliza mágicamente el relato a través del cual pasaran cuatro hombres con los que intenta generar una relación estable.

El film no solo describe la vida y los sentimientos de una mujer que en su madurez aún se siente joven sino que va más allá y aborda la precariedad de las relaciones en el  mundo moderno. Isabelle es una pintora separada de su marido con el que alterna la tenencia de su hija de 10 años. Ciertamente, Isabelle no es una mujer sola. Vive rodeada de amigos y pretendientes. Pero su soledad es inmensa. La incapacidad de generar una relación duradera, incluso de compañerismo con alguno de los hombres que llegan a su lado se hace absolutamente imposible. 

Claire Denis enfoca este tema con madurez y crudeza. Las relaciones que plantea son circunstanciales. Hay en todas ellas una explicito interés por la sexualidad antes que el amor, la compañía o incluso la amistad. Observa con crudeza un mundo que pareciera estar regido por lo sexual, y que por otra parte,  la falta de satisfacción y desarrollo de relaciones más estables, daría lugar a una precariedad e inestabilidad de las relaciones humanas que estaría condicionando al mundo a vivir en soledad. No es casual el incremento en la cantidad de divorcios ni la precariedad que muestra la pareja moderna. Ello deja ver cambios sociales importantes donde, en síntesis, el materialismo de una época se impone sobre la espiritualidad.

Cinematográficamente, Denis aprovecha el talento de la actriz y prácticamente nos cuenta su derrotero en extraordinarios primeros planos que solo una gran actriz como la Binoche puede soportar. Es remarcable también la escena que transcurre en un boliche nocturno donde conoce a alguien con quien baila. En la banda de sonido suena Etta James con su inolvidable versión de At Last. Es un momento donde Isabelle parece disfrutar del baile en un momento de profunda comunión con su circunstancial pareja. Posiblemente, sea el momento de mayor espiritualidad de todo el film.

El final depara una sorpresa. Aparece Gerard Depardieu haciendo de un vidente. Isabelle pasa revista a todas sus relaciones. El vidente la atiende con la solemnidad de una psicoanalista. En ese momento de extraordinaria franqueza e intimidad, Isabelle parece tomar conciencia del paso del tiempo y comprender, que solo el tiempo es capaz de curar heridas, otorgar experiencia, y enseñar a esperar.

viernes, 6 de octubre de 2017

BLADE RUNNER 2049 de Dennis Villeneuve



SEGUNDAS PARTES NUNCA FUERON BUENAS

Ridley Scott, un productor y director británico proveniente de la televisión, había dado muestras de su capacidad y talento artístico  en Los Duelistas (1977). Su película había sido premiada en el Festival de Cannes como mejor ópera prima. Dos años más tarde, le llega el reconocimiento comercial e internacional con el suceso de Alien, El Octavo Pasajero, un film de terror gótico que ocurría en el espacio. Su tercera película lo transformaría en un director de culto. En 1982 dirige Blade Runner basada en una novela Philippe Dick. La película se estrena sin mucho ruido, pero comienza a funcionar gracias a la recomendación del boca en boca que la transforma en un éxito que marca a toda una generación. La carrera de Ridley Scott, tanto como director como productor, siguió por ese camino.

Segundas partes nunca fueron buenas. Ello no sucedió en la filmografía de Scott. El Alien tuvo 5 secuelas y dos precuelas. Ahora, el viejo Ridley, vuelve al estante de los recuerdos y desempolva el Blade Runner. Han pasado 35 años desde 1982. En 1998 ya intentó rescatarla y publicó la edición del corte del director, sugiriendo que Deckard podría ser un humanoide. Tocar una obra maestra podría haber sido un sacrilegio. Sin embargo, Scott logró interesar con el cambio.

Ahora, decide volver con la continuación de Blade Runner. Con estas intenciones contrata a Dennis Villeneuve como director. Encarga a Hanpton Francher y  Michael Green escribir una secuela, llama a Roger Deakins (habitual colaborador de los Hermanos Coen) para que haga la fotografía, y él mismo (Scott) se pone a cargo de la producción de la nueva idea que transcurrirá en 2049. El resultado es una obra totalmente innecesaria de dos horas y 40 minutos (mucho más larga que la original), en la que un nuevo Blade Runner (Ryan Gosling), totalmente enamorado de una mujer virtual y comandado por una jefa  que protagoniza Robin Wright, es encargado de eliminar una serie de replicantes. Hasta allí no hay grandes diferencias con el original. Pero 2049 será un mundo mucho más decadente y más tecnológico que 2022. La diferencia entre la vieja y la nueva versión no está en la historia que cuenta sino en su mensaje. Mientras en la vieja versión los replicantes se preguntaban de dónde vinimos, quiénes somos y adónde vamos, en el 2049 de la película, en un mundo prácticamente manejado por las máquinas (es el mundo del futuro que plantea Terminator) solo pueden preguntarse dónde estará la salvación, y si acaso, habrá algún nuevo Mesías que pueda salvarlos.

Es precisamente en aquel momento donde la primera película se volvía trascendente. Los replicantes se hacían las mismas preguntan que nos hacemos los seres humanos. Deckard los escuchaba, y los entendía en una escena absolutamente antológica del cine. Comenzaba a comprenderlos y entraba él mismo en una duda de tipo existencial entre su actividad que era cazarlos, o dejarlos libres como semi hombres que eran. Para colmo de males se enamoraba de la replicante Rachel.

En esta secuela que se estrenó ayer, El Blade Runner K de Ryan Gosling no tiene alternativa. Vive en un mundo totalmente tecnológico y decadente, carente de esperanza donde las maquinas son las que imponen condiciones al hombre. Esta falta de alternativa vuelve a la película fría como una gema. La historia se alarga sin profundidad alguna solo para justificar la apreciada entrada de Deckard (Harrison Ford) que devuelve, con su sola presencia,  el interés que está basado en la acción pura del tramo final de la película. La cuestión filosófica derivada del poder de las maquinas sobre los hombres queda en una mera enunciación que es meramente un dato.

Dennis Villeneuve se siente como forzado a trabajar con todo este material y solo genera repetición, confusión y cansancio. A medida que transcurre el metraje, uno va sintiendo que la película hace denodados esfuerzos por mantenerse parada y despierta. Es muy difícil, diría que hasta innecesario, tratar de hacer continuar un film de  culto como Blade Runner. A muchos nos marcó una época. Cada cual la entendió como quiso o como pudo dado que su final era muy abierto. Ridley Scott, con el tiempo, siempre ha querido volver a ella. Obviamente, es su obra maestra, y el maestro Ridley es un perfeccionista. Puedo entender su intención de continuarla más allá del negocio cinematográfico. No obstante, ésta continuación no agrega nada.


Blade Runner 2049 es una película ambiciosa y fallida, con una puesta en escena deslumbrante debida sobre todo a un fotógrafo que maneja los excesos de luz en forma magistral, pero dirigida por un director al que el material se le va de las manos (ya le había ocurrido esto en 2016 con La Llegada). En consecuencia, el film es una cascara de huevo sin nada de yema dentro, en la que escenógrafos, músicos, actores han hecho denodados esfuerzos para reflotar y realizar una secuela de una película de culto, pero solo han lograda reflotar el mito de Blade Runner y tal vez, hacer que muchos jóvenes se interesen por verla.